La Justicia es un campo de batalla. No por la verdad, valga la redundancia, y para ser justos ante los miles de conflictos y dramas que nuestra sociedad plantea en tribunales.
Atravesado por diversos intereses particulares, este poder de la república suele ser el escenario donde, por ejemplo, la política siempre quiere meter cuña.
El intento de mantener a una jueza que llegó al límite de edad que establece la Constitución nacional es una muestra de estas arbitrariedades.
A dicha magistrada, el kirchnerismo intentó en dos oportunidades darle la chance de seguir cinco años más con el aval del Senado de la Nación.
No lo logró. En sus manos estaba, en parte, la suerte judicial de la vicepresidenta en causas de extrema gravedad.
La Corte Suprema dio este miércoles una señal, no para un partido, sino para todas las fuerzas.
No se puede disponer de este poder del Estado como venga en gana. Hay reglas, hay contornos que establecen dónde es posible moverse.
Por fuera de eso, la impunidad.
