Latinoamérica sigue consternada por la alarmante situación que atraviesa Venezuela, luego de que dos terremotos consecutivos afectaran la zona norte, sobre todo los centros urbanos de Caracas y La Guaira. Al momento de la redacción se habían reportado 589 personas fallecidas y el número puede crecer. Mientras tanto, la pregunta que surge es si en Mendoza, tierra sísmica, se puede dar un fenómeno similar.
En principio, es necesario explicar qué ocurrió en el país caribeño. A las 18:04:33 (hora local) tuvo lugar el primer terremoto, con epicentro en San Felipe, estado de Yaracuy, con una magnitud registrada de 7,2 según la escala de Richter. Apenas 39 segundos después también en el norte de Venezuela se produjo el otro, cuando la población todavía intentaba reaccionar. En este caso, fue de 7,5 de magnitud en la misma escala.
Los especialistas explicaron que no se trata de una réplica, sino de dos terremotos distintos. Uno producido por el otro. Laura Giambiagi es geóloga, especialista en evolución tectónica de Los Andes y geomecánica, además de investigadora del Conicet y divulgadora. Explicó que este efecto es conocido como “gatillo sísmico” y se produce luego de que un sismo dispara al otro.
“Es bastante común en sismos tan grandes. Un sismo se produce y gatilla el otro, que puede ser más grande o no, es la naturaleza misma. Depende de cuánta presión hay acumulada en la corteza que se puede liberar con los sismos. No es raro que ocurra“, explicó. Agregó que es difícil que ocurra en sismos inferiores a 6 de magnitud.

Según explicó la especialista, los sismos en Venezuela son similares a los de Mendoza y San Juan por sus características. “Porque se producen por fracturas en la corteza, que son de poca profundidad. El punto donde se disparan no son muy profundos como sucede en Chile. Los sismos de Mendoza con los que ocurrieron en Venezuela, son parecidos”, reconoció.
Consultada sobre la posibilidad de que en la provincia entonces se produzca un fenómeno similar, fue contundente: “Es esperable que se produzca en Mendoza pero uno piensa que no de tal magnitud. Tampoco se puede descartar“.
“Son fracturas de la corteza que están presentes en Mendoza en San Juan y en Venezuela. Se va acumulando presión por la tectónica de placas, hasta que la roca no aguanta más, se fractura y se liberan esas presiones”, reconoció.
“No esperamos un sismo de tal magnitud en Mendoza. No tenemos registro instrumental de esa magnitud en la provincia, sí en San Juan. Pero el registro geológico previo al humano sí nos habla que hay estimaciones. No podemos descartar que ocurra. Y si se produce es muy probable que gatille otro”, sentenció.

Stella Moreira es doctora en geología, investigadora del Conicet y profesora en la UNCuyo. Consultada por la misma cuestión, aseguró: “Se estima que en Mendoza no podría existir un sismo de magnitud superior a 7.2 en función de los estudios que llevamos realizando, donde la sismicidad es de intraplaca asociada a fallas corticales, principalmente en Mendoza norte”.
Sin embargo, sobre el impacto que podría tener en la provincia, Moreira explicó que en caso de ocurrir potencialmente un sismo superior a 7,2, “es muy probable que dañen muchas infraestructuras de Mendoza, ya que las construcciones sismoresitentes están diseñadas para sismos de esa magnitud“.
“Las zonas más criticas son las cercanas a fallas activas potencialmente sismogénicas (donde se pueden producir sismos). Debe generarse una zona buffer (de seguridad) sin construcciones en estos sectores y analizar los mecanismos de las fallas cuaternarias (las que están activas porque son del periodo cuaternario) para saber qué sector potencialmente podría ser mas afectado“, explicó.
El aislamiento como política de estado
En este contexto, en conjunto con la investigación, el trabajo del Estado debe estar vinculado al desarrollo sismorresistente de su infraestructura en las zonas sísmicas, sobre todo de los edificios estratégicos.
En Mendoza, los municipios son los responsables de autorizar obras en base a sus medidas de sismorresistencia. En Chile sucede algo similar, pero la legislación en ese país se viene actualizando desde el terremoto del 2010, con el objetivo de imponer estándares vinculados a los edificios estratégicos, como hospitales, comisarías, cuarteles de bomberos, estaciones terminales, refugios, postas de primeros auxilios, garages para vehículos de emergencia, etc.
Los sistemas de aislamiento sísmico de base (estructuras que controlan la energía desde los cimientos) están regulados desde una norma técnica publicada en 2003 que impone estándares, aunque no la obligatoriedad de su uso. Muchos edificios en ese país ya utilizan estos sistemas de avanzada que son un poco más costos.
En Mendoza solo hay 7 edificios con este sistema (erigidos, en construcción o proyectados a futuro) y solo dos están vinculados a la atención médica. Uno de ellos es el Centro Ambulatorio del Hospital Notti que la Provincia va a construir con una inversión de un millón de dólares en el sistema.

Permitirá que el edificio siga operando aún estado de crisis y tensión del sistema y a la vez podría funcionar como refugio, como ocurrió en el terremoto de Turquía con un hospital que tiene el mismo sistema (con el mismo proveedor que ganó la licitación local). La cuestión es preparar la infraestructura en el futuro para eventuales situaciones, que no se pueden predecir.
Giambiagi aseguró que los investigadores solo pueden adelantar que va a haber un sismo, porque estamos en una zona sismogénica, pero que no se puede saber el momento en el que va a ocurrir. “No lo vamos a predecir nunca. Podemos hacer una proyección para X cantidad de años porque sabemos que se vienen acumulando presiones“, indicó. Además, explicó que puede saber, según estimaciones, qué fracturas de la corteza se pueden llegar a mover. A partir de ahí, estimaciones sobre movimiento de suelo y el grado de magnitud puede llegar a tener un sismo.
