Los fines de semana hay una postal en el paso a Chile que se ha vuelto prácticamente normal: la de miles de trasandinos que cruzan la cordillera para comprar ya no el cuero argentino de buena calidad, sino productos básicos en las góndolas de los supermercados.
Indudablemente, la inestabilidad en ambos países provoca que, como ocurriera antes, el tipo de cambio favorezca a los chilenos, aunque ahora lo que compran en Mendoza y otras provincias limítrofes es lo básico para vivir. En tanto, Argentina nuevamente asiste a la zozobra financiera marcada por el dólar blue. La brecha entre el valor oficial y el marginal tiene efectos concretos en la vida cotidiana y es decisiva para las empresas.
Ya se están registrando escenas de stockeo en varios rubros de la economía, hasta tanto la moneda extranjera se estabilice. No hay precios porque nadie sabe a cuánto estará el dólar mañana y nadie quiere perder más de lo que ya deja de ganar a diario por la inflación. Es un país sumido en la incertidumbre con la clase dirigente absorbida por la campaña.
