En los últimos veinte años, cada vez que una crisis golpea al país asoman recetas mágicas. Una de ellas es el milagro de los remedios económicos chinos. El gigante asiático ha sido una salida recurrente en más de un gobierno, principalmente, de los nacionales, incluso, también, las gestiones provinciales han caído en ese espejismo. En alguna oportunidad se prometieron más de 20.000 millones de dólares en inversiones para un megaplan de infraestructura, fondos que llegarían desde el Oriente Lejano.

Nunca se vieron o se sintió el impacto de semejante volumen. En Mendoza, por ejemplo, resonó la posibilidad de las viviendas chinas. Jamás se supo de eso y el déficit habitacional sigue siendo un problema. En resumidas cuentas, por más que hay capacidad, todos aquellos proyectos no terminan de cuajar ni de tomar forma. A lo sumo, las inversiones asiáticas oriundas del país de la muralla son puntuales, como lo que se iba a realizar con la presa Portezuelo del Viento.

Cualquier otra promesa se diluye en el humo, más ahora, que es tiempo fértil para proponer cualquier idea imposible de verificar o fácil de lanzar a la tribuna.