Marcos David Figueroa tenía 36 años. Había nacido el 26 de febrero del 1984 y su último domicilio era el de calle Patricias Mendocinas 743 de Ciudad, a poco más de 50 metros del cruce con Colón.
El domingo a las 14.45 recibió un balazo en frente a un metro de la escalera que conectaba un pasillo con la propiedad. El proyectil, calibre 22, de acuerdo con vainas levantadas por Policía Científica en ese lugar, le causó lesiones irreversibles en la cabeza.
Tanto es así que, a los pocos minutos de ingresar a la guardia del Hospital Central, el médico Pablo Sosa informó en un parte que presentaba muerte cerebral. A las 20, se confirmó el deceso.
A esa altura, los detectives de Homicidios que buscaban pruebas a incorporar en la causa que lidera la fiscal Claudia Ríos, sospechaban que en la propiedad no se produjo un hecho de inseguridad como declararon tres mujeres que se encontraban junto con Figueroa, quienes denunciaron que le robaron vestimenta y hasta un par de celulares.
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Las mujeres, identificadas como Natalia Maturano (dijo ser propietaria), Noelia Ávila (contó ser inquilina) y Yaquelina Pachecho (señaló que vive en el barrio 26 de Enero de Las Heras y que estaba de visita), se mostraron consternadas tras la situación vivida en el departamento E.
Para los pesquisas, al menos dos sujetos fueron directamente hasta el departamento interno que habitaba la víctima y le exigieron que les entregara dinero en efectivo de una deuda.
Fuentes policiales y judiciales coincidieron que podría tratarse de obligaciones impagas por la comercialización de drogas o prostitución, debido a que allí, se sospecha, funcionaba un lugar clandestino de explotación sexual.
Otros dos, entre ellos una mujer, esperaban en un auto estacionado sobre calle Colón.

¿En qué se basaron para sostener esa hipótesis? Fuentes de la Policía Federal, por su parte, contaron que, el 28 de mayo del 2016, la casa interna que habitaba Figueroa había sido allanada por violación a la Ley de Estupefacientes. Y basándose en otros antecedentes que tenía el hombre atacado los sabuesos entendieron que no hubo un asalto sino que los agresores conocían a la víctima.
Unas de las pruebas más importantes que se sumaron en las últimas horas está relacionada a dos remiseros truchos que se presentaron ante la Justicia para contar lo que sabían del caso.
Uno de esos vehículos de trabajo ilegal había quedado identificado por las cámaras de seguridad de calle Colón –un Chevrolet Corsa champagne– y era cuestión de horas para lo ubicaran.
Ante esto, los remiseros detallaron habían llevado a los presuntos autores del hecho hasta la casa de calle Patricias Mendocinas luego de pasar por un popular barrio del oeste de Capital.
Decidieron hablar para sentenciar que no tenían ningún tipo de relación con los sospechosos. Este fue una de las pruebas más importantes de la instrucción que lidera Ríos.
Al analizar la exposición de las testigos directos, fueron armando el rompecabezas de cómo se produjo el hecho de sangre.
Vecinos de calle Patricias contaron que escucharon discusiones a la hora que se produjo el ataque. Peleas y gritos y luego el sonido de un disparo alertó a los habitantes de la cuadra.
Salieron a ver qué pasaba y vieron que una mujer corría hacia el sur, es decir, al cruce con Colón. La vieron doblar a la derecha y aportaron un dato no menor: se encontraba descalza y se trataba de Ávila.
Esos detalles, en parte, fueron coincidentes con la versión que dieron las mujeres que se encontraban con Figueroa al momento del disparo.
Efectivamente, por lo que grabaron las cámaras de seguridad urbana y la de otros negocios céntricos, una de las mujeres, luego del ataque, salió corriendo e intentó frenarle el paso a los agresores, quienes se subieron al remís trucho y salieron a toda velocidad.
La mujer se agarró de una parte del vehículo y terminó en el piso. Cuando la escena se llenó de policías, el trío de mujeres dijo que dos fueron los hombres que ingresaron y comenzaron a revolver el departamento. Agregaron que fueron amenazadas y que le sustrajeron a Ávila dos celulares, un bolso azul y un par de zapatillas.
Dijeron que Figueroa empujó a uno de los hombres que habían ingresado con fines de robo y que, en ese momento, recibió un disparo en la cabeza.
Esta versión, para los detectives está descartada más allá de que todas se encontraban sin calzado cuando se presentaron los investigadores.
Más allá de esto, por pruebas que se fueron incorporando horas después de la muerte de Figueroa, es que sospechan que la bronca venía por deudas de dinero vinculadas a actividades ilegales.

