El Adviento y la Navidad se han transformado en una costumbre tradicional pagana. El Occidente cristiano, sumergido en el torbellino navideño y en el delirio de los regalos ha olvidado el hecho sin igual que sucedió hace 2.000 años: la encarnación del Hijo de Dios en un cuerpo humano. El Hijo de Dios vino a nosotros, los hombres. El Adviento y la Navidad, sin embargo, ya no tienen nada que ver con la venida del Señor y con Su enseñanza. El “rebaño cristiano” de la Iglesia, que se ha tornado insensible e indiferente, celebra una fiesta pagana eclesiástica tradicional, cuyas raíces se encuentran en la creencia en ídolos de tiempos pasados. Navidad ya no es la fiesta de la encarnación del Señor. Tampoco es la fiesta familiar en conmemoración de María y José, sino que es la adoración del dios-sol de la Iglesia, que se ha cubierto con la capa de “cristiano”– el mismo que representa la Iglesia católica a través de su Padre santo en Roma y que la Iglesia evangélica protestante venera en el “relicario” de Lutero. De la publicación Cartas de Gabriele.