Al escuchar el CD que me obsequiara el correligionario Miguel Ángel Andrin, sobre un reportaje a don Alejandro Olmos que le hicieron en 1990 por TV en San Nicolás, me parece que toda su charla es una invitación a pensar por qué desde 1824, año del primer empréstito externo perdido por Rivadavia, nuestra clase dirigente le tiene miedo al flagelo de la duda externa.
Olmos (luchador incansable en la defensa del interés nacional) hace una reseña histórica sobre nuestra deuda externa y manifiesta que no sólo Argentina comenzó con los empréstitos extranjeros, sino también Brasil. Es decir que los dos países tienen un destino común de chantaje. Narra que siempre hubo una tendencia de los intereses financieros mundiales, que quieren gobernar al país, con actos de piratería unilateral.
Que nadie condenó, con la única justificación de la potencia que lo hace y, por lo tanto, no merecía ninguna crítica. Y da como ejemplo el origen del Banco Central que es inglés y su proyecto de fundación que está también en inglés. Por lo tanto, en diferentes oportunidades se aplicaron las figuras de chantajes, es decir, que siempre se necesitaron cipayos o vendepatrias, que nadie condenó.
