Con más de 25 años de trayectoria como ilustrador, Gabriel Fernández es uno de los artistas plásticos más reconocidos y queridos del arte visual mendocino. No sólo es dibujante, sino, además, escultor, grabadista y autor de relatos breves. Es docente de escultura y modelado cerámico en la Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo, donde él mismo se formó y graduó de licenciado en Artes Visuales. Sus trabajos de ilustración se publicaron en los diarios Los Andes, Clarín y El Mercurio (Chile).
Recorrer la exposición de sus trabajos, que abarca más de dos décadas de creación, deja al espectador boquiabierto y conmovido por su maestría técnica puesta al servicio de una mirada sagaz y reveladora del mundo.
En el catálogo de “Cartón Pintado”, la muestra que desde el 30 de agosto al 30 de setiembre se exhibe en el Cristoforo Colombo de Godoy Cruz, traza en palabras sus comienzos en el arte con la misma intensidad que su lápiz cala en el alma de quien se para a observar sus dibujos: “Cuando era pibe, me encontré con la sorpresa de que debajo del lápiz había vida. Sucedían cosas ahí, sobre el papel. En ese otro espacio, que era, lo que comprendí años más tarde, mi mente…”.
Entrevistamos a Gabriel mientras recorríamos juntos la exposición y, gracias a su generosidad, charlamos de sus cuadros, del arte de ilustrar, de la docencia, del pasado y el presente y de la vida.
¿Cómo armaste la muestra?
Esto nace a partir de que me convocaron desde la Dirección de Cultura de Godoy Cruz para exponer. Bueno, al hacer la selección, que es arbitraria… estábamos mirando los trabajos con mi esposa, mi hijo y algunos amigos intermitentemente. Hay 26 años de colaboraciones con medios gráficos, con Los Andes, Clarín, El Mercurio de Chile. Los trabajos son miles, así que la tarea fue ardua. Yo suelo conservar los originales de mis trabajos, también existe una digitalización de los trabajos para ser publicados, entonces hay archivos, ya sea por medio en el que fueron publicados o por sección…

¿Por qué la titulás “Cartón pintado”?
Es un juego de coincidencia de sentido de la frase ” …lo demás es cartón pintado…”, atendiendo a lo que no es cierto pero guarda la apariencia de lo cierto ( buena parte de lo exhibido son trabajos periodísticos que tiene relación con la realidad) y que, finalmente, casi literalmente, los trabajos que están expuestos son eso: cartones o papeles pintados.
¿Y con qué se encuentra quien viene a verla?
Con trabajos que tienen que ver con publicaciones periódicas y tienen un anclaje en la realidad, ya sea que hayan sido publicados en secciones de Política, Sociedad, Economía. Distintas secciones del diario en las que he colaborado. Otros trabajos tienen que ver con la ficción, con cuentos u otra clase de escritos, que dan mayor rienda a la fantasía y no están en el plano de la realidad, sino en el de las ideas.
¿Cuántos años abarca la selección?
Desde el 99. El más antiguo es “Marcha”.

Y en esta “Marcha”, los manifestantes van con los ojos vendados… ¿Por qué?
Bueno, esas son las cosas que tiene la ilustración. Una fotografía bien puede ilustrar una nota, pero la diferencia con la ilustración es que esta puede poner un pie en el campo simbólico, entonces siempre te vas a encontrar con datos surrealistas, por decir así. La idea de los ojos vendados de todos los manifestantes tiene que ver, claramente, con el tema de ignorar del todo cómo viene la mano, ¿no? Y también está la pluralidad de los personajes: hay un obrero, un oficinista, hay diferentes sectores representados… Entonces, las ilustraciones siempre cargan con ese contenido simbólico y con esa responsabilidad de comunicar. La diferencia entre un dibujo libre y una ilustración es el compromiso que hay con la comunicación. La efectividad del mensaje pasa por ahí.
¿Con qué periodicidad han sido tus colaboraciones en medios gráficos?
Ahora estoy en un período de abstinencia en cuanto a lo periodístico, estoy colaborando con proyectos particulares, bodegas y editoriales. Pero respecto de lo periodístico, empecé en el 98, con dos ilustraciones semanales: una para Política y otra para Economía, un suplemento que se inauguraba.
Tuviste que volverte experto en economía y leer muchos artículos sobre el tema. Un gran desafío, me imagino.
Sí, hay una cosa extraña ahí. A mí no me interesó nunca necesariamente la realidad, siempre me interesó más la ficción. Además, si sos dibujante, algo con la realidad anduvo mal en un principio, por eso uno se ha refugiado en la realidad que ofrece el papel. Pero la realidad parece ser una cosa muy poderosa… terminé ilustrando para “economía”, nada más alejado de mis intereses, y la política, mucho más lejos.
¿Cómo empezaste a ilustrar en Clarín?
Fue una casualidad. Tuvo que ver con un viaje que hice a Buenos Aires. A mí siempre me interesó el grabado, por eso mandé un trabajo al Salón Nacional y obtuve un premio. Fui a recibirlo a Buenos Aires y, cuando en el diario se enteraron de que viajaba, se comunicaron con la dirección de artes de Clarín para organizar una cita para que vieran mi trabajo. Bueno allí les pareció viable y comencé al tiempo a colaborar con ellos a distancia.
¿Y qué tal te fue?
Todo fue aprendizaje, porque hay una mecánica diferente en cada lugar, una estructura interna en cada lugar distinta. También cosas en común, la inmediatez de la publicación, trabajar con tiempos acotados y con la información disponible. Muchas veces con la información que se está procesando, porque la nota no está aún hecha.
¿Cómo era eso? ¿Cuánto tiempo tenés para entregar la ilustración?
Es variable. A veces hay un plan, pero puede ir variando. Probablemente con algunos tenía un día para desarrollarlo y, con otros, horas. Lo que diferencia a un ilustrador de diario de uno general es que podés resolver bajo presión.
¿Y eso cómo impactó en tu arte?
Es estresante al principio, pero generás una mecánica de trabajo. Tiene que ver con la gimnasia. Se cae el mito de la inspiración, porque, en realidad, el tener ideas también es un hábito. Me dio eso, porque en la facultad yo fui muy mal estudiante. Nunca me adapté a las exigencias académicas. Tenía mis propias exigencias, tenía mis hábitos de lectura, de dibujar, de hacer escultura. Es decir, la universidad también me modeló, y los amigos me modelaron, la calle me modeló y, por supuesto, las publicaciones en los medios gráficos me modelaron también.
Hablando de modelos, ¿quiénes son los maestros que te modelaron? Veo que hay homenajes en tus ilustraciones.
Sí, hay citas inclusive. “Carne”, por ejemplo, refiere a Carlos Alonso, un dibujante extraordinario, pero también hay de la fotografía, el cine, la música… yo suelo turnar las respuestas cuando me preguntan esto, porque mis maestros son muchísimos, algunos muertos, otros vivos, compañeros de ruedo. Por ejemplo, mirar los trabajos de Nine (Carlos) fue una de las cosas más poderosas que me pasaron. Impresionante. Las cosas nuevas que van surgiendo hacen que vuelvas a divertirte, también me gustan. Sobre Carlos Alonso, me acuerdo de que, cuando era pibe, fui al museo Fader a ver su muestra “El pintor caminante”, en homenaje a Van Gogh, salí verdaderamente entusiasmado. Salí a dibujar…

¿Cuándo empezaste con el arte? ¿Y con qué? Porque vos esculpís, pintás, dibujás, hacés muchas cosas…
Sí, (risas) yo nunca tuve problemas vocacionales. Desde muy pibe eso estuvo muy claro. Tiene que ver con la disposición de esas cosas que había en mi casa en la infancia. En mi casa no había un mango pero había una biblioteca. Era un pibe que tenía narraciones breves a mano. Así conocí a Dostoievsky, Maupassant… a Víctor Hugo lo conocí porque en mi casa había una disposición muy rara. Había que tocar la puerta de la habitación de mis papás para pasar al baño (risas). Entonces un día que yo estaba en ese asunto, escucho una voz. Era mi papá que le estaba leyendo a mi mamá un capítulo de “El hombre que ríe”. Una cosa excelente, maravilloso eso de que te lean o te cuenten historias. Pero, volviendo a tu pregunta… las imágenes me conmovieron mucho. Sobre todo, la escultura. Pero con el tiempo los nichos se empiezan a desdibujar y ya no existe diferencia entre escultura, grabado, dibujo… Yo empiezo con un dibujo, un garabato, una exploración, y eso puede terminar en un cuento, un grabado o una escultura, sin premeditación.
¿Empezás con un dibujo?
Sí, con un dibujo para materializar una idea e intento que no haya premeditación. Con el dibujo trato de hallar lo que significa el signo que se me presentó en la mente pero, independientemente de mi voluntad, eso después se corrige solo, va encontrando su camino.

Hay en la muestra dos obras que relacionan los elefantes con los libros y la escritura, ¿por qué?
Bueno, eso tiene que ver con lo simbólico de lo que hablábamos antes. Ahí está la idea de la memoria, ¿no? La memoria de elefante. Relaciono los libros y la escritura con la memoria. Para poder comunicarte, necesitás encontrar la imagen o el vehículo de ese mensaje. Tener una lectura de lo que hay en la mente de la gente o en el imaginario popular.

En algunas mujeres que aparecen en tus ilustraciones creo reconocer a tu mujer. Por ejemplo, en esta joven metalúrgica, que es un homenaje por el Día de la Mujer, ¿no?
Sí, seguramente. Adriana ha sido mi compañera de toda la vida. La he dibujado muchísimas veces.

En este otro, “Legado”, están vos y tu hijo, Pedro, ¿verdad?
Sí, son nuestros alter egos. Eso fue una vez en ocasión del Día del Padre. En el suplemento de Cultura salió una nota de padres e hijos artistas y me pidieron la ilustración. Muchos de mis dibujos parten de personas reales. A muchos les he avisado: “Che, salís en el diario” (risas).

Este otro, por ejemplo, es el colmo del cinismo, una crueldad atroz hacia el laburante.
Cierto, ese fue una ilustración sobre empleos y flexibilización laboral. Esto se llama editorialización del mensaje, cuando no solamente contás la realidad, sino que te pronunciás de otra manera. Es cuando te vinculás con el momento no de la información dura de la nota que tenés que ilustrar, sino de las conclusiones.

Hay dos notas en una, porque la ilustración es otra nota.
Claro. Eso es lo que hace la ilustración con uno. Frente a una ilustración, te parás con más derechos que frente a un cuadro, porque sabés que está hecha para vos, para que dilucides qué hay allí. El lector-espectador comprende que la ilustración es un sistema colaborativo. Lo bueno, cuando sos ilustrador, es que sabés que el observador está a tu favor, va a colaborar. Podés distanciarte de la obviedad, podés no ser tan literal.
¿Trabajaste algún tiempo con un mismo periodista en particular, con quien ya había una complicidad?
Sí, claro, aunque esto iba variando. Pero sí trabajé muchos años para la sección de Economía y de Política, donde ya conocía muy bien a los periodistas. Entonces, muchas veces ya no recibía notas, sino un llamado telefónico donde me contaban sobre qué iban a escribir.
¿Y Alguna vez mandaste una ilustración que no era la esperada y te la rechazaron?
¡Uf! Muchísimas veces. Yo podría hacer una muestra como esta con las ilustraciones que no fueron, que no se publicaron, o que salieron posteriormente, en otro contexto. Pero cuando conocés la línea editorial del medio en el que trabajás, y tenés una buena lectura de eso, es decir, más experiencia, ya no te pasa. Aunque es saludable que de vez en cuando te rechacen, porque demuestra que estás vivo. Cuando te dicen: “No, no, está muy lindo esto, pero no lo podemos publicar…” (risas).
Varias obras están digitalizadas, ¿ese trabajo lo hacés vos también?
Sí, siempre parto del dibujo en papel, pero algunos después los pinto en digital. En general, con los dibujos no empiezo de cero en digital. Pero sí lo hago en escultura. Hay programas que te permiten hacer escultura virtual. Lo de los dibujos, el que tengan su origen en papel, responde a una cuestión placentera. Pero eso tal vez tiene que ver con mi formación en la vieja escuela.
¿Y a tus alumnos les das las herramientas de lo digital?
Sí, claro, no tengo ningún prejuicio con eso. Pero tampoco soy ingenuo, hay un problema de inequidad con la tecnología. Hay gente que tiene acceso y gente que no. Entonces, a mí lo único que me hace falta es que tengan un pedazo de papel y un lápiz, porque lo que intento compartir y las herramientas que yo quiero brindarles tienen que ver con sus cabezas, con su mente. Lo que a mí me interesa explicar se relaciona con la forma de mirar.
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Aparte de los diarios

Fuera de los medios también has trabajado con autores.
Así es. Ilustré por ejemplo para Juan Carlos Araya el libro “La barrita de la esquina”, que son memorias de su infancia. Ahora, en la Feria del Libro de este año se presenta un libro ilustrado por mí que se llama “Viaje a otro lugar”, que es de un ornitólogo mendocino, es guardaparque, es un pajarraco, el Andy Elías, tiene una casa de artesanías en Potrerillos. A Alejandra Gabriele le ilustré la tapa de su libro que es su tesis doctoral… bueno, tengo varios proyectos editoriales con autores y con bodegas. En este momento estoy más dedicado a este tipo de trabajos.
Para agendar
Cartón Pintado (muestra de Gabriel Fernández)
Lugar: Centro Patrimonial Artístico Cristoforo Colombo (Tomba 246, Godoy Cruz).
Fecha: hasta el 30 de setiembre.
Horarios de visita: Martes a sábados de 9.30 a 13 y de 16 a 19.30. Domingos de 9.30 a 13. Lunes cerrado.
Entrada libre y gratuita.
