Su DNI delata que su nombre es Maribel, pero se la conoce como la Mari, la Mariposa. Es trabajadora social, poeta, novelista, historietista, ilustradora, artesana y emprendedora. Vive en Corralitos con su familia, tiene un terreno con su huerta y verde, mucho verde. Se están construyendo una casa con su compañero, que gestiona una editorial independiente. Dice que no le gusta mucho la ciudad, aunque es dorreguina. Ahora está haciendo una capacitación para ser “referente lúdica” y piensa hacer un proyecto de juegos para llevar a “sus escuelas”.

Estuvo de visita en la Redacción de El Sol y conversamos de su obra y sus proyectos.
¿Por qué Mariposa Posa?
Mi nombre de DNI es Maribel, pero en la facu me empezaron a decir “mariposa” porque siempre me vestía con muchos colores… y me gustó. Lo adopté como nombre artístico. Como era muy común, para diferenciarme en redes, me puse un apellido y quedó Mariposa Posa (risas).
Te dedicás a muchas cosas…
Sí, soy profesional de la salud, trabajo en 10 escuelas primarias con un equipo de profesionales, hacemos itinerancias… además, intento ser ilustradora, escritora y emprendedora.

¿Cómo hacés? ¿Qué fue primero?
Desde muy niña escribí y dibujé (poemas, dibujos, historietas…). Cuando tuve que elegir una carrera, fui a tres: Literatura, Diseño Gráfico y Trabajo Social. Escuché todas las propuestas, pero mi corazón latió por Trabajo Social. Tuve la intuición de que era por ahí. Eso me alegraba… Y arranqué eso.
¿Y fue buena la intuición?
Sí, fue buenísima. Después tuve el trabajo de integrar las tres cosas. Integrar el trabajo social con la escritura, con las historietas… todo.
Hiciste una excelente integración… y ¿cuándo empezaste a mostrar?
Las poesías empecé a mandarlas a concursos en la secundaria y gané algunos. Entonces me di cuenta de que podía hacerlo. Mostrar los dibujos me costó más, y ni siquiera puedo decir que dibujo bien, yo lo que hago es poner en mis dibujos el alma. Creo que es más lo que transmiten que otra cosa. No me considero una profesional.
¿Sos autodidacta?
En el dibujo sí. Pero tomé talleres de acuarela, de dibujo y de historieta. Mi gran maestra fue la acuarelista Sara Nieto. Ella vio cosas en mí que yo no veía y me motivó a seguir y mostrar.
Has escrito varios libros. ¿Son todos para niños?
No, las novelas son para adultos. Para las infancias he escrito humor gráfico o historieta, por ejemplo, Amorlío. El destino de los otros es una novela erótica. Fue mi primera novela. Me tomo 15 años escribirla y fue la primera que edité, en el 2015.

Otra triste historia de amor está en las redes.
Sí, esa no la he publicado, la voy subiendo en las redes, por entregas.
¿Qué es? Es difícil de encasillar en un género.
Sí, me cuesta mucho categorizarme en un género. Por ejemplo, tengo otro libro, Retazos, que lo definieron como prosa poética, pero también es raro. Creo que es muy exploratoria mi escritura. Por ejemplo, este de Otra triste historia de amor es un libro circular: no tiene principio ni final, puede empezarse por cualquier lado y siempre vuelve al mismo punto.
¿De qué va la historia?
Son dos personajes que quieren amarse pero están como en un limbo: están en el papel y en la realidad. Uno lo lee al otro, pero a veces eso cambia, porque el personaje del papel por momentos también se vuelve real, cobra vida y lee al personaje de la realidad. Lo importante es que los dos son reales, por eso se genera la confusión.
¿Sería como un cuestionamiento a los planos de lo ficticio y lo real?
Exacto. Ambos se autoperciben como reales, cada uno en su plano.
Además, está muy hermosamente escrito. ¿Y Retazos?
Yo le tengo un amor especial a Retazos. Vengo escribiendo textos breves desde el 2018 y los iba compartiendo en redes: reflexiones, microrrelatos, poesía… Son retazos de mi vida que quiero guardar. Hice una selección de los del 2018 y los edité. Retazos: Lucas, César y el pañuelo verde.

¿Quiénes son Lucas y César?
César es mi pareja actual. En el 2018 nuestra relación era muy apasionada. Lucas es mi hijo, hijo de mi primera pareja. En ese momento yo estaba en el proceso de maternar sola y construir una relación con César. Además, el contexto era el de las marchas feministas con mis compañeras, los dibujazos. Para mí fue un momento crucial a nivel artístico, porque logré la real integración del arte gráfico y la escritura, a través del tema de los derechos de las mujeres y los derechos de las infancias.
¿Sos feminista?
Soy una feminista nueva. Tengo incorporado aún mucho machismo, pero voy aprendiendo, mientras hago mis historietas… El feminismo me salvó. Tuve una separación conflictiva, me ayudó a comprender y procesar lo que pasaba con mi maternidad. Me enseñó a superar el dolor del amor romántico. Yo pensaba que iba a estar para siempre con el papá de Lucas. Las respuestas a las rupturas que estaba atravesando me llegaron del lado del feminismo. Aprendí a amigarme con mi cuerpo, con las demás mujeres, con las distintas formas de amor.
¿Conspiración China es tu segunda novela?
Sí, sucede en el contexto de la pandemia. La escribí en el 2020, confinada. Y la edité. Se trata de un personaje que se mira al espejo, pero detrás del espejo hay otro mundo. Me gusta ese juego de crear puentes entre distintas dimensiones. Juego también con la temporalidad, porque la que se mira lo hace durante la pandemia, pero el reflejo es ella misma antes de la pandemia.
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Flor Mestre es ilustradora, maquetadora y diseñadora gráfica. Laura Martín Osorio es profe de Lengua y Literatura. Tiene una maestría en literaturas y culturas comparadas en Córdoba, y actualmente cursa el Doctorado en Letras en la UNCuyo. Juntas crearon la Editorial…
¿Cuánto tiempo te lleva escribir una novela como esa?
Me llevó meses, pero escribo casi un capítulo por día. Me sale a borbotones, cuando tengo una idea, fluye.
¿Cómo surge tu veta de emprendedora?
Tiene que ver con poder vivir de mi arte. Valorar mi arte y comercializarlo. Se trata de producir objetos que tengan mis creaciones, que sean usables. Hago agendas, cuadernos, juegos (como el dado afectivo), cuadritos, pines, la idea es que no sea gratis. La creatividad de cada artista es única y creo que hay que pagarla. Tiene un valor extra. Me llevó años comprender que es así y valorarme. Darme cuenta de que mi trabajo vale.

¿Cómo lo comercializas?
En algunas librerías y ferias. También por redes. Algunos de mis cuadernos y agendas las hago yo en mi taller; otras las mando a hacer con mis ilustraciones, porque a veces no alcanzo a hacer stock.
¿Qué son los dados afectivos? ¿Un juego?
Son una serie de dados para jugar con las infancias, las adolescencias y en familia. Son dados didácticos. Hay distintos modelos… está el dado afectivo, que es para fortalecer los vínculos; el dado de las emociones, para gestionar precisamente las emociones; el dado grupal, con consignas para divertirse; el dado del destino, que le gusta mucho a los más grandes, es como una bola de cristal… hacés una pregunta y tirás el dado para que te responda… se matan de risa. Estos dados yo los uso en los talleres de mis escuelas. También los juego con mis hijos, los pruebo con ellos, me hacen el control de calidad (risas).

Es un objeto artístico pero también hay mucho estudio en esto y, sobre todo, una filosofía, un posicionamiento que tiene que ver con tu profesión como trabajadora social en un contexto de educación, ¿no?
Exactamente… justamente es aprender y acompañar los aprendizajes a través de lo lúdico y respetando a los niños y las niñas con sus saberes y con sus derechos. Correrse del adultocentrismo de no escucharlos, subestimarlos o no darles espacio. Propongo ponerse en su lugar.
¿Dónde estás más cómoda como artista? ¿Trabajando para niños o para adultos? ¿En el arte gráfico o en la escritura?
Creo que, como todos, tengo múltiples facetas y yo las estoy explorando. Si tuviera que definirme en una palabra, te diría que yo soy “creativa”: puedo hacer manualidades, muebles, dibujos, poemas, juegos… imagino algo y lo tengo que plasmar afuera. Saco mi alma: no soy una escritora o una artista ortodoxa, tengo muchos errores. Mis textos los mando a corregir por profesionales, sé que tengo errores, pero también sé que en ellos está mi alma.
¿Cómo llegaste a publicar?
Me autopublico. Hago preventa de mis libros y, con esa plata, me edito. Algunos de mis textos también están editados por la editorial Glifo, que es de mi compañero, Germán Mémoli (César para la familia). Aunque cuando empecé, no era mi pareja, me editó sin conocerme. Yo le llevé una novela, la leyó y me dijo que la publicaba. Así nos conocimos. Yo no lo podía creer… Pero también he ilustrado libros de otros autores, por ejemplo, un libro de María Isabel Salazar, una pediatra colombiana, que fue editado por una editorial de Buenos Aires. Y también mi poema “Canción de cuna para dormir una calavera” fue ilustrado por Fernando Carmona y se publicó en el sello editorial Rima Limón. Y Amorlío, mi libro de historietas, en la editorial Sombrero Azul.

¿Cómo te sentís cuando alguien ilustra tus textos siendo vos ilustradora?
Es muy lindo, siempre me ha encantado.
¿No te imaginabas, cuando escribías, la ilustración?
No, me concentro en la escritura, en los personajes.
La gente también te puede encargar tus objetos por redes, ¿son accesibles?
Sí, muy accesibles.
Además, ofrecés algunas cosas gratis…
Sí, hago cosas para compartir: mensajes, dibujos, historietas, etc. Lo anuncio en redes “si querés esto, te lo envío por mail”. Una vez que yo suelto la historieta en las redes, ya no me pertenece, es del mundo. Es así. Y muchos docentes las usan para trabajar en el aula, y otras mujeres para acompañar a víctimas de violencia de género. Por eso, me siento honrada y propongo enviárselos con una buena calidad para imprimirlas.

¿Qué mensajes compartís así?
Mensajes para reflexionar, en relación a los derechos, a la pérdida de derechos, para hablar de los distintos tipos de amor… también cuando hay algo que siento que alarma a la gente o la entristece, para dar ánimo. Pero a veces he recibido mensajes violentos, cuando publico pensamientos más sociales, políticos o feministas. A través de comentarios y también por privado… ¡increíble! Aunque la mayoría de la gente me devuelve mucho amor. Me escriben chicas para contarme que, gracias a mis dibujos, cambiaron el enfoque de sus problemas o tomaron una decisión que las ayudó. Y, por supuesto, a mí también me inspira gente maravillosa que me cruzo y me ayuda en la vida. Por ejemplo, una amiga muy querida me inspiró para la frase y el dibujo “Que todo lo que das te vuelva mil”. Lo hice y se lo regalé. Es la ley del espejo: lo que das te vuelve.
Es así, ¿no?
Sí, la otra vez me llegó un mensaje de México de una gente que había impreso mis historietas para trabajarlas en un grupo. Me devuelven mucho amor.

Sos muy generosa, porque creo que la gente solitaria y angustiada, más en esta época, se encierra, pero tal vez tu mensaje la hace sentirse en compañía
Es la idea… a mí me pasa también cuando subo algo a las redes: un sentimiento, un pensamiento, y me comentan “a mí también”. Entonces, yo no me siento más sola.

Y ¿qué proyectos tenés para el 2024?
Estoy trabajando en un libro de poesía ilustrado por mí y también en unas cartas que se llaman Nube y Pupe, con actividades para las infancias y adolescencias. Además, estoy ilustrando el segundo libro de esta autora colombiana, María Isabel Salazar Saavedra, que se llama El ombligo de mamá.

¿Cómo se te ocurren todas estas cosas?
Creo que trato de mantener a mi niña interior fresca, y le pregunto ¿qué te gustaría? Me guio por eso…


Además de tu escritura, te interesa difundir la lectura. Contame de tu proyecto “Piedra libro”.
Sí, es un proyecto que consiste en que, cuando leo un libro que me gusta, le pongo un sellito: “piedra libro para…” y se lo paso alguien, el que lo recibe y termina hace lo mismo y se genera una cadena. Es como si los libros jugaran a la escondida y hay que ir a pescarlos. La diferencia con otros proyectos parecidos es que estos tienen un destinatario elegido, se lo das a quien sabés que le va a gustar. No lo dejás en un lugar para que alguien lo encuentre.

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