El libro de cuentos Con los pies en la acequia, de Vanesa Stroscio, ha sido declarado de interés provincial por la Cámara de Diputados de Mendoza. Se trata del segundo libro publicado por la autora, quien es licenciada y profesora en Comunicación Social, egresada de la UNCuyo, y diplomada en Literatura infantil y juvenil en la Universidad de Villa María. Vanesa es docente de secundaria y, además, dicta talleres de escritura y lectura para niños y adolescentes.
Con los pies en la acequia (2024) está compuesto por cinco cuentos y ofrece una perspectiva única impregnada del encanto mendocino. A través de sus páginas, cada relato transporta al lector hacia monumentos históricos, costumbres y personajes peculiares de la provincia, ofreciendo una experiencia enriquecedora que combina ficción y realidad. Además, el libro incluye una guía de actividades específicas para cada cuento, lo que lo vuelve un recurso didáctico invaluable para abordajes interdisciplinarios en el ámbito educativo.
Vanesa Stroscio ha escrito, además, el libro infantil Drago. La aventura de crecer (Tinta de luz 2022), con el que ha participado en diversos eventos literarios. Su cuento La sonrisa de mi tía Luisa forma parte de la antología de cuentos Las emociones difíciles Vol. III. (Niña Pez, 2023) y el cuento ¿Alguien vio al Ratón Pérez? fue publicado en la Revista Pan y Queso en el 2024, año en el que participó como jurado en el Concurso Letras jóvenes, organizado por la Municipalidad de Godoy Cruz.

Conversamos con ella acerca de su obra y sus proyectos.
Tu último libro ha sido declarado de interés provincial por la Cámara de Diputados de Mendoza. ¿Cómo fue el proceso para esa declaración?
Me lo recomendó quien me ayudó con la edición del libro, Javier Cusimano. El libro es autopublicación, es independiente. Javier hizo toda la parte de coordinación y gestión con la imprenta, y él hizo la parte del trabajo editorial, pero no es con una editorial. Tiene las ilustraciones de Marcos Bavar, que es ilustrador, músico, cantante acá también en Mendoza, un genio, y la corrección literaria la hizo Alejandro Nicolás García de Buenos Aires, que fue mi profesor de la Diplomatura de Literatura Infantil y juvenil que hice en Villa María.
Me lo sugirió Javier, que había editado el libro, también lo había leído. Me dijo, mirá, me parece que el libro está muy bueno, porque cada cuento está impregnado del encanto mendocino. Revaloriza lo autóctono, tiene algo cultural, geográfico, histórico de nuestra provincia. Entonces, me dijo, a mí me parece que este libro tiene que ser declarado de interés. Y me pasó un contacto, pero primero le escribió Javier, diciéndole que había un libro que a él le parecía que merecía el reconocimiento. Entonces le dijo, bueno, yo mandé el mail y todo, porque hay que evaluarlo. Quedó ahí un buen tiempo porque me dijo que lo tenían que leer, evaluar. En septiembre me escribieron con el número de expediente y todo, que ya había sido declarado de interés provincial.
“Con los pies en la acequia”, el título hace un juego de palabras, porque sería con los pies en la tierra.
Por lo autóctono, tenía que buscar un título que reuniera el carácter, esto de identidad que tienen todos los cuentos.
¿Cuántos cuentos son y para qué lectores están pensados?
Son 5, entonces no hay nada más nuestro que las acequias, están ahí, las vemos todo el tiempo.
Yo les calculo de 10 a 13 años, más o menos.

¿Cada cuento toma un monumento o un lugar histórico de Mendoza?
Cada cuento va transportando al lector hacia un monumento histórico, puede ser un personaje, puede ser una costumbre de acá de Mendoza, y va combinando esa realidad con ficción, con una historia y personajes totalmente inventados. Es por eso que el subtítulo es “cuentos ni tan ficticios ni muy ciertos”, porque va haciendo este juego de realidad y ficción, de historia, cultura.
¿Qué temas o monumentos o costumbres aparecen en el libro?
Hay un cuento que está dedicado a las ruinas de San Francisco, por ejemplo. Otro que habla sobre el Viento Zonda, la historia de una nieta que queda encerrada en la casa con el abuelo, porque hay Zonda, no hay clase, se le acaba la batería del celular y queda ahí con el abuelo. Y el abuelo se le acerca a contarle una historia. Ella primero dice que es pesado, no tiene ganas de escucharlo, y termina enamorándose de la historia de amor que le cuenta su abuelo. Entonces, se refuerzan los vínculos también.
Hay otro cuento que trata sobre las supersticiones. Son unos chicos que hacen una cruz de sal en una finca para que no llueva, pero resulta que terminan provocando la sequía. Se trata otro tema de Mendoza. Hay uno sobre el batán de Tejeda, de Andrés Tejeda, y hay otro sobre la Mansión Stoppel.

¡Ese lugar sí que tiene mucho para ofrecer a la literatura!
De hecho, ese fue el primer cuento que escribí de este libro, que lo escribí porque, en realidad, íbamos caminando con mi hija, íbamos costeando ahí las acequías, secas, de Las Heras, en el Parque de la Familia. Y yo le iba contando la historia de la mansión Stoppel, porque le encantan las historias de terror. Y claro, llegué a mi casa, y a medida que se le iba contando esto, me venían a mí personajes, y llegué a mi casa y esa noche me puse a escribir el cuento. Y bueno, ese fue el primer cuento que escribí, y después fueron surgiendo los demás de este libro.
Este libro tiene actividades, o sea, está pensado también como un texto que se puede llevar a la escuela.
Exactamente, está pensado para las escuelas, porque, como soy docente, es el libro que me encantaría trabajar en las aulas, ya viene listo, armado.
¿Las actividades también las pensaste vos, desde tu oficio docente?
Exacto, y fui pidiéndole ayuda a mis colegas, para las actividades de Química, o de Geografía.
O sea que las actividades son interdisciplinarias.
Exactamente. No solo de Lengua, ni de Literatura, sino que cada cuento propone actividades de otras materias. Para trabajar con el mismo cuento, distintas materias. Se puede hacer un proyecto interdisciplinario.

¡Qué herramienta interesante!
Están todas las actividades didácticas ahí, desde Historia, Química, comprensión lectora, obviamente, producción escrita, para hacer trabajos con tecnología, Geografía.
¿Y ya has tenido oportunidad de probar estas actividades?
Las he ido probando yo, en el curso. Hemos ido trabajando con los chicos. Yo voy trabajando antes de publicarlo, para ver qué tengo que pulir, si les gusta, si no les gusta. Por eso también los chicos aportan un montón.
Además de esto que vos me contás de tu propia escritura, también das talleres, ¿no?
Sí, sí, el año pasado empecé a dar talleres para niños y adolescentes que estaban a cargo de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Godoy Cruz. Eran talleres gratuitos. Se nos llenaba la biblioteca, la Biblioteca Pedro Arce.
¿Para niños de qué edad eran?
Fueron chicos de sexto y séptimo grado, de escuelas que hay en la zona. Los talleres se convocaban desde las escuelas. Porque yo fui antes con la directora de la Biblioteca a estas dos escuelas a visitar a los chicos de sexto y séptimo, diciéndoles que ahí había un taller. Los chicos ni siquiera sabían que había una biblioteca ahí.
Pero el tema de irlos a buscar a la escuela, me parece hermoso. ¿Y podía ir cualquier escuela o cualquier chico?
Sí, nosotros los invitamos, les dábamos un cartelito, con los números de teléfono, entonces muchos padres llamaron. Y les decíamos que podían ir, invitar a los hermanos, primos, amigos. Se fue sumando un montón de gente. Y aparte duró desde mayo hasta noviembre. Hermoso. Eso fue en la Pedro Arce y en la Mediateca Manuel Belgrano también.
¿Y también convocaron escuelas de la zona?
Ahí fui yo también a convocar escuelas de la zona y se fueron uniendo muchos que iban, porque esa biblioteca sí tiene más convocatoria. Entonces habían pegado carteles y muchos se iban enterando a medida que iban a la biblioteca.
Entonces los talleres eran gratuitos y ¿de qué tratan? ¿Son de lectura o son de escritura?
Las dos cosas, de lectura y de escritura. Siempre abrimos con algún juego, porque son chicos y ya es un montón que estén ahí. Y siempre aclarándoles que no es la escuela, que la vamos a pasar bien y no es obligatorio. No se les pone nota. Están acá porque quieren. Entonces siempre abrimos todos los encuentros con un juego y después las actividades van variando. Una vez, por ejemplo, les llevó toda una actividad de escritura, practicamos también la lectura en voz alta, la comprensión lectora, no sé, infinidad de actividades y los chicos se recopan. La verdad que se prenden mucho.
En cuanto a tu escritura, ¿te considerás una narradora?
Sí, lo que más he desarrollado ha sido la narración y sobre todo la de niños.

¿Además de Con los pies en la acequia ya has editado otros textos antes?
Con los pies en la acequia fue el primer libro que escribí, pero lo edité después de Drago. ¿Por qué publiqué Drago primero? Porque el día que yo tenía la entrevista con la editorial de Tinta de Luz, yo iba en realidad para publicar Con los pies en la acequia. Diez minutos antes de salir de mi casa, vi en Instagram que estaba el concursoVendimia, entonces dije, ¡ay! lo podía presentar el concurso. Entonces cuando llego allá y me dicen, ¿qué querés publicar? Y dije, bueno, Drago. Fue todo un proceso nuevo porque no tenía pensado publicar Drago. Pero para mí fue lo mejor que me pudo pasar, esa decisión impulsiva. Primero, porque Drago me abrió el mundo a las letras de acá de Mendoza. Porque el personaje es tan simpático que a los chicos les encanta. Entonces me fueron invitando a un montón de eventos, fui participando en la Noche de las librerías, en Edelij. En Godoy Cruz también, en el ciclo Leer Hace Bien. Si lo hubiese publicado en ese momento, Con los pies en la acequia no hubiese sido lo que es ahora. Porque estaba sin actividades, sin la corrección, sin las ilustraciones de Marco. Está bien, la editorial te lo corrige, pero yo quería la corrección de Alejandro García. Creo que no hubiese sido lo mismo.
¿El libro Drago, la aventura de crecer, el que editaste finalmente primero en Tinta de Luz, trae un títere del personaje principal, el dragoncito?
Sí, yo quería incluir algo más que solamente la experiencia de la lectura. Que el chico, además de leer, pudiera tener otras herramientas. Entonces, a partir del títere, el chico juega y expresa un montón de cosas. Por ejemplo, me pasa en lo personal, con mi hija leemos el cuento, y después se pone a jugar con el títere y va contando la historia con el títere. Pero no solamente va contando la historia, que uno va viendo si entendió, si no entendió, qué le quedó de la lectura, sino que va jugando y, a través del juego, va expresando otras cosas. Porque va haciendo hablar al títere, ella va diciendo lo que siente también.

Y ese títere, ¿quién lo diseñó?
El títere, cuando fui a una librería Antú a ofrecer el libro en consignación, justo me encuentro, yo quería hacer el títere, pero me enloquece la casualidad, justo me encuentro a una chica que hacía títeres y los vendía en Antú para los libros de los personajes de los cuentos. Entonces, bueno, me contacté con ella, lo fuimos diseñando, los chicos lo aman, les encanta.
¿Y ese libro para qué edades es?
Entre 4 a 8 años y promueve el desarrollo de capacidades relacionales en los chicos, porque trata temas como el amor propio, el compartir con los pares, el manejo y el control de las funciones y también el hacerse cargo de las propias acciones. Por ejemplo, en una historia, el dragón miente y le echa la culpa a la prima de algo que él hizo. Y bueno, todos estos temas, ¿qué hacen? Después de leer, vos podés conversar en familia o en la escuela sobre qué te parece, qué hizo, ¿estuvo bien, estuvo mal? ¿Qué hubieras hecho vos? Entonces, por eso digo que no solamente son lecturas, por el sólo hecho de la experiencia de leer, el placer de leer, que ya eso está buenísimo, sino que, además, invitan al diálogo en familia, o en la escuela.
¿Y tiene actividades como el otro, Drago?
No, este no tiene actividades, pero sí tiene un código QR para que vos puedas acceder al audiolibro, leído por mí de los cuatro cuentos.
Para cuando lo editaste entonces vos ya eras, porque vos sos comunicadora social, o sea, sos licenciada en comunicación y ya habías hecho una diplomatura.
Sí, soy licenciada en comunicación social. La diplomatura la hice el año pasado.
O sea que Drago lo escribiste y todavía no estabas metida en el mundo de la literatura infantil, porque me imagino que la diplomatura que hiciste en Villa María te ha dado un montón de herramientas.
Exactamente. Lo escribí más que nada por mi hija, básicamente, porque le iba contando historias. Siempre me gustó escribir de chiquitita. Escribía mucha poesía, muchos cuentos. Después empecé a estudiar la licenciatura en comunicación social. No escribí más, solamente textos periodísticos. Es como que la parte imaginativa, la creación, la creatividad quedó paralizada. Cuando ella ya nació, que empezó a crecer, yo ya le empecé a contar cuentos, cuentos, cuentos. Me di cuenta que tenía un montón de historias, que siempre iban creciendo esas historias. Que tenía nuevos personajes.Y hasta que un día mi hija me dijo, mamá, por qué no los escribís. Y los empecé a escribir. Entonces llegaban las amiguitas y se los contaba, y veía que les gustaba. Entonces, mi hija me dice, publicalos. Mamá, ¿por qué no publicás? Entonces dije, bueno, ¿por qué no? Y bueno, ahí empezó todo un mundo nuevo. Empezar a ver cómo publicar, buscar editoriales, animarme.
¿Y cómo hiciste con la distribución? Ese es a veces un problema para los escritores locales…
Muy a pulmón. Lo llevé a todas las librerías. Y en Antú salió lo del títeres. Ahora, estamos trabajando en un proyecto para llevar a Drago a una obra de teatro. Así que estamos muy contentos, estamos trabajando en eso. Ya está el guión ahí listo. Estamos en busca de actores.

¿Qué pasó a partir de Drago?
Y bueno, empecé con Drago y ahí me di cuenta de que me encantaba. Empecé a estudiar la Diplomatura. Mientras estudiaba, salió esta convocatoria de Niña Pez y participé con un cuento en un libro que se llama Las emociones difíciles. Son varias autoras. Y tiene que ver con el ESI, o sea, con la educación sexual. Esa es la temática que proponían Niña Pez, que es una editorial de Buenos Aires.
¿Cuántas historias hay ?
Once historias de distintas escritoras, somos siete autoras, a nivel nacional. Somos siete autora y hay once historias. Cada historia tiene su guía de actividades. Y también tiene actividades para reflexionar, para escribir. Algo que genera también esto del diálogo, de la introspección. Por ejemplo, yo tengo un cuento que habla sobre el miedo. Entonces… en este caso del cuento es el miedo al dentista. Y es la tía la que lo tiene, porque el cuento se llama La sonrisa de mi tía Luisa, la que tiene el miedo es la tía. Y el que le ayuda a resolver ese miedo es el niño, el sobrino. Entonces, bueno, ahí está el niño como héroe, ¿no? Ayudando a la tía a resolver este miedo.
¿Y tu colaboración en la revista Pan y Queso de la Editorial Sombrero Azul?
Eso fue el año pasado, el 2024, en la revista número 2. Ahí hay un cuento que se llama “¿Alguien vio al ratón Pérez?“. Y está dibujado por una lectora que participa en un taller de la editora de la revista, Laura Martín Osorio. Las ilustraciones están hechas por una niña, llamada Lola Castro Pereira. Ese número de la revista trata sobre los viajes.
Voy a volver a Drago para hacerte una pregunta, ¿quién lo ilustró?
La misma editorial Tinta de Luz, pero Drago, el personaje, está diseñado por una alumna mía de segundo año de la secundaria. En todo el proceso de ese libro me han acompañado un montón mis alumnos, porque la editorial me iba mandando distintos bocetos de Drago, no me gustaba ninguno, y yo les iba hablando con los chicos en clase. En el Instituto San Miguel, ahí doy Lengua y Comunicación, y también soy profe de Comunicación en la Mario Casale, en la Manzotti y en la Mandela. Bueno, yo les contaba, les iba mostrando a ellos los bocetos, estaba muy indecisa, porque ninguno me gustaba. Entonces, se los iba mostrando y una alumna mientras yo explicaba lo que me gustaría, dibujaba. Cuando terminó, con el dibujo, el boceto en una hoja de carpeta, en lápiz, y me dice: ¿Este dragón le gusta? Ah, me encanta, le contesto Y me dice: Bueno, acá tiene a Drago. Todavía tengo guardado su dibujo.
Cuando hice la presentación del libro, fue, me acompañó, yo la presenté también, es más, les iba consultando, chicos, ¿le pongo ropa o no le pongo ropa a Drago? ¿Qué les parece? Y después, cuando terminó, se los tuve que leer. Aunque no es un libro para esas edades, pero se sentían parte del libro, me acompañaron en todo momento.
¿Y qué proyectos tenés en este momento? ¿Estás con algún otro libro?
Bueno, estoy trabajando junto con otra gente para llevar Drago al teatro. El otro proyecto es ir a las escuelas a presentar Con los pies en la acequia este año cuando empiecen las clases. Y aparte estoy empezando con una novela para chicos también, que creo que les va a encantar porque está llena de aventuras. Pero, bueno, está verde todavía.
Fragmento del relato “Cruz de sal” del libro Con los pies en la acequia
(…) Esa madrugada el gallo cantó más temprano que nunca, aunque no para despertar a la familia, sino para desahogar tanta angustia. Las canillas amanecieron secas; las verduras sobre la mesada, deshidratadas, y sedientos los perros que lamían una y otra vez el tarro vacío del bebedero. Dentro de la casa faltaba el agua. Afuera el problema era peor: la sequía.
Bajo un cielo arcilloso, cruzado por un halo de polvo, yacían pachangas las plantas y hierbas del huerto. Las uvas, jugosas, carnosas, se arrugaron hasta convertirse en pasas. Los surcos que regaban la vid se agrietaron de sed y hasta el arroyo se tragó su propia agua.
Los niños se reunieron, una vez más, detrás de las ligustrinas. Sabían: la culpa era suya. Desesperada, ella desenterró de un cuchillo a la vez, mientras su hermano, como loco, barría con el pie el montículo de sal. Pero la esperanza se les esfumó al ver que se les estaba evaporando hasta la transpiración (…)
