Adrián Elías Narváez es técnico en Comunicación, Gestión y Administración de Bibliotecas, vive y trabaja en Rivadavia. Actualmente, es bibliotecario en la Secundaria “Profesor Mario Anselmo Sánchez” de Medrano. Ha publicado dos libros de poemas y dice que tiene otros textos narrativos y poéticos sin editar.

Hace unos días fue anunciado como ganador del Certamen Literario Vendimia 2024 en la categoría Juvenil, con su libro de cuentos “Mañana tal vez no sea”. Lo entrevistamos para charlar de la obra ganadora, de los libros, de los jóvenes y las lecturas, entre otros temas.

¿De qué se trata “Mañana tal vez no sea”?

Es un libro de cuentos, ocho, más precisamente. Van de lo fantástico, pasando por lo cotidiano y costumbrista, hasta el terror. Algunos solo lo rozan, mientras que otros se adentran bastante en el terror.

¿A qué lectores está destinada?

Aunque no fue pensada en el plano juvenil, la experiencia como bibliotecario me orientó para presentarla en la categoría Juvenil del Certamen Literario Vendimia. Los alumnos, por lo general, se acercan a la biblioteca y lo que más buscan son historias fantásticas, de misterio o terror. De hecho, los personajes de cada cuento no son niños, sino jóvenes y adultos, cuyas historias transcurren, en su mayoría, en ciudades imaginarias que bien podría ser la de cualquier lector.

¿Qué significa haber ganado este concurso?

Lo mejor que le podría haber pasado a esta obra es conseguir el premio Vendimia, por todo lo que eso significa. Tener el libro físico, su distribución, la idea de que el libro llegue a las escuelas. Tengo entendido que este año se va a editar también en formato digital, lo que le dará mucho más alcance todavía a la obra.


Sos bibliotecario, ¿dónde trabajás?

Sí, soy bibliotecario, he trabajado siempre en escuelas secundarias. Disfruto mucho compartir lecturas con los alumnos, sugerirles, cuando vienen a devolver el libro, lo comentan y ellos mismos a veces recomiendan a sus compañeros. Para los que amamos la literatura, esas son experiencias únicas e inolvidables.

¿Qué tesoros has encontrado en las bibliotecas?

La biblioteca en sí es un tesoro, es conocimiento, cultura, experiencia. Ni hablar de sus usuarios que te hacen vivir, disfrutar la carrera que tantas satisfacciones te entrega en el día a día.


¿Cómo crees que es la relación de los niños y los jóvenes con la lectura?

Los adolescentes, que son los alumnos con los que se trabaja en la escuela, no son reacios a la lectura, es cuestión de incentivarlos. Veo una buena relación de ellos con la lectura, si bien de acuerdo a mi experiencia la mayoría prefiere el libro físico, en papel,  muchos se llevan también los libros digitales, en pdf. O leen directamente en el teléfono. Lo cierto es que cada vez se acercan más a la lectura gracias a que ahora hay más variedad de formatos y oportunidades.


¿Qué leías vos en tu infancia y adolescencia?

En la infancia leía las poesías y cuentos que venían en los libros de lectura de la escuela y algún que otro libro infantil que llegara a casa, y leía mucho revistas deportivas. Ya en la secundaria todo cambió, a partir de la lectura de libros como Robinson Crusoe, Príncipe y mendigo, El Lazarillo de Tormes, entre otros.

¿Influyeron esas lecturas en lo que hoy escribís?

Esas lecturas fueron en alguna forma la apertura de otras mucho más profundas, que me influyeron más, como cuando leí por primera vez a Edgar Allan Poe, por ejemplo, o a Benedetti, a Cortazar. Además, leí mucha poesía en mi adolescencia, eso me influyó mucho también.


¿Cómo fue el proceso para escribir “Mañana tal vez no sea”?

Me llevó cierto tiempo conformarla tal como finalmente quedó. En el camino quedaron varios cuentos que excluí para que la obra siguiera la misma temática y no desencajara. Además, pasaron varios títulos que quedaron a la orilla del camino. “Mañana tal vez no sea” fue el nombre que le quedó, pero fue elegido a último momento antes de enviarla.  

¿Y cómo es esa historia del título?

Así fue, “Mañana tal vez no sea”, como título de la obra, lo definí a último momento. Contrariamente a los cuentos, que ya los venía trabajando hacía un tiempo. El libro pasó por varios nombres mientras lo trabajaba. Nombres que no me convencían, hasta que escribiendo otro relato, que no está en esta obra, por una cuestión temática, me vino de pronto esa frase y quedó. Lo pensé más que nada porque es un título que envuelve a la obra en sí, y que invita a imaginar desde el principio.

En cuanto a los cuentos, ¿por qué pensás que los jóvenes se inclinan por el terror? ¿Hay un boom del terror ahora?

Creo que la literatura fantástica y de terror siempre es un boom, nunca pasa de moda. Te pongo por ejemplo “Mendoza tiembla”, en las escuelas donde se ha leído ha sido furor y, en mi caso particular, con quien lo comento, todos como lectores quedamos fascinados. En mi experiencia como bibliotecario, los libros de aventura son imprescindibles, muchas veces porque es enorme lo que aportan como herramienta para la iniciación a la lectura. Sin generalizar, en los primeros años de la secundaria te leen “Ondinas” o “Memorias de Vladimir”, por citarte un par de ejemplos, y los chicos se enganchan enseguida. Cuando querés acordar, en tercero o cuarto ya te preguntan por Stephen King.

¿Qué opinás, por ejemplo, de las famosas narradoras latinoamericanas que en la actualidad cultivan este género: Mariana Enríquez, Samantha Schweblin, María Fernanda Ampuero? ¿Han influido en tu prosa?

A Ampuero no he tenido oportunidad de leerla. Ahora, Schweblin y Enríquez son magistrales, tienen una pluma apabullante. Y te agrego a Agustina Bazterrica. No podés parar de leer sus cuentos y novelas. Historias que te llegan hondo desde una escritura simple hasta lo más complejo, todo, elevado al nivel de originalidad que las caracteriza. Sobre la influencia, es difícil decir este autor o autora me influyó o no. Creo que todo texto que cae en nuestras manos nos termina influyendo en mayor o menor medida. Estamos hechos de lecturas.

¿Qué miedos o monstruos aparecen en los cuentos de “Mañana tal vez no sea”?

Los ocho cuentos que integran “Mañana tal vez no sea” están impregnados de misterio. Fantasmas de personas desaparecidas en la última dictadura; el reencuentro con gente del pasado; mitos de caserones antiguos embrujados, por ejemplo, o de la famosa flor de la higuera; la desaparición del ferrocarril; el miedo a la oscuridad y las cábalas que a veces este miedo exige. No te vas a morir de miedo con la lectura, pero vas a encontrar cosas que quizá te van a dejar pensando.

Fragmento de uno de los cuentos de “Mañana tal vez no sea”

La esquina maldita

Alejo despertó cuando la claridad que se filtraba por la persiana le dio de lleno en los ojos. Pestañeó un par de veces, apartó la cara de la luz y se frotó los párpados. En medio de un bostezo largo, su mente fue reconociendo los ruidos procedentes de afuera. Captó la máquina de cortar césped del vecino de al lado; los gritos de gol de los niños del fondo al patear la pelota contra la pared; y, mucho más acá, el agua que caía al patio desde las macetas colgantes que su mujer regaba…

Lo primero que hizo fue buscar el teléfono en la mesa de luz para ver la hora. Las diez de la mañana. No había tenido que madrugar por ser feriado, y no un feriado cualquiera, era también su cumpleaños. Se levantó enseguida. Tenía que revisar un desperfecto en el circuito eléctrico del auto que no sabía cuánto lo iba a demorar…

Alejo tomó un mate más antes de ponerse la campera para ir a comprar la carne. En ese momento cayó en la cuenta del feriado, un detalle no menor a la hora de las compras. No hizo mención al respecto delante de Claudia, aunque lamentó no haber planificado con anticipación comer asado ese día. Tampoco iba a dar marcha atrás y pedirle a ella que cocinara…

En el vecindario había un almacén que abría domingos, feriados e incluso los 1 de mayo. Mucha gente no compraba ahí por temor a las desgracias, el local estaba cargado de mala fama. Algunos aseguraban que por más buena voluntad u honestas que fueran las personas que alquilaran esa esquina, la historia nunca terminaba bien debido a una serie de sucesos trágicos ocurridos en el lugar. Los vecinos la apodaban la esquina maldita…