Las calles de Mendoza, más específicamente las de Chacras de Coria, se encontraron en los últimos días con una nueva postal. Esta vez no fue una montaña, sino la figura de Lionel Messi. Sin embargo, detrás de cada obra hay algo más que la elección de un rostro conocido. Para Darío Cerda, pintar es una manera de contar historias, generar conciencia y decir aquello que muchas veces otros callan.
Cerda nació en Zapala, Neuquén, y hace cuatro años llegó a Mendoza. Su vínculo con el arte comenzó hace unos 13 o 14 años, cuando empezó a tomar clases de pintura. Aunque siempre fue dibujante autodidacta, una mujer que vio uno de sus dibujos en blanco y negro fue quien lo incentivó a formarse.
Era un retrato del Viejo Vizcacha, personaje del Martín Fierro, acompañado por su perro.
“Vos tenés un don y tenés que aprender a pintar”, le dijo. La mujer no solo lo alentó, sino que también le pagó sus primeras clases de pintura, contó Cerda a El Sol.

Después llegaron nuevos aprendizajes, seminarios y una maestría en rostro. Pero fue el muralismo el que terminó de cambiar su relación con el arte.
El mural que cambió todo
Hace unos diez años, Cerda se animó a salir a la calle a pintar. Un día pasó frente a un hogar de niños en Zapala y vio una enorme pared blanca. Decidió transformarla y allí realizó su primer mural.
Mientras terminaba la obra, una mujer pasó por el lugar, se emocionó, lo abrazó y le dijo: “Nunca dejes de hacer esto”.


Aquella frase quedó marcada en el artista. Desde entonces entendió al muralismo como una forma de transformar espacios, conectar con las personas y dejar un mensaje.
“Siempre voy dejando un pedacito de mi alma”, explicó.
Las historias detrás de los personajes
Esa mirada también aparece en las figuras que elige. El Indio Solari, Maradona y Messi son algunos de los personajes que llevó a sus obras, pero no los selecciona solamente por su popularidad.
En el caso del Indio, Cerda destacó la capacidad de sus canciones para hacer pensar y buscar nuevos significados. Maradona, en tanto, representa para él una figura que marcó un antes y un después.
Con Messi, la historia fue diferente. Durante mucho tiempo le pedían que lo pintara y, antes del Mundial, comenzó a retratarlo en acuarela. Tenía la intuición de que Argentina iba a salir campeón.
Después llegó la final ante España y la derrota. Para Cerda, lejos de abandonar la idea, eso terminó de movilizarlo. Si antes de la final Messi era “un groso”, se preguntó por qué dejaría de pintarlo por no haber salido campeón.
Así decidió llevar su imagen a una de las paredes de Chacras de Coria. La obra también fue, según explicó, “un abrazo a la gente”, en referencia a los argentinos y a todo lo que habían vivido durante el Mundial.
El fondo oscuro y la combinación de azul, magenta, turquesa y violeta forman parte de una estética que Cerda fue convirtiendo en su sello. Para él, los colores también transmiten y ayudan a contar aquello que quiere expresar.
Y esa es, quizás, la esencia de su trabajo: no pintar solamente una imagen, sino convertir una pared en una historia capaz de generar una emoción, una pregunta o una reflexión.
