El Blu-ray puede haber ganado la guerra de formatos, aunque la “otra” guerra por obtener la atención de los consumidores está siendo bastante reñida alrededor de todo el globo. En algunas regiones su penetración ya es casi total, pero los múltiples factores requeridos para disfrutar de una experiencia Blu-ray completa, sumada a los costos esenciales de dicha tecnología, hace que estos excelentes discos todavía deban seguir arrojando puñetazos en el cuadrilátero.
Por supuesto, su potencial como sistema de respaldo es innegable (25 GB por disco como mínimo), y algunos filmes lanzados en Blu-ray nos dejan simplemente con la boca abierta (la reciente versión de Iron Man 2, por ejemplo), sin embargo, el hecho de que aún no haya conquistado por completo el mercado no quiere decir que las empresas detrás del Blu-ray no se estén preparando para lo que podría ser un futuro sucesor. Después de todo, la flexibilidad del Blu-ray es muy grande, y desde el día uno se sabía que la capacidad original de los discos podía ser ampliada.
Muchos aspectos de la tecnología Blu-ray han sido aplicados y combinados en este súper disco, pero todavía queda un detalle por resolver, y es el del espesor del disco. Según las especificaciones oficiales del Blu-ray, el espesor de una capa debe ser menor o igual a 100 micrómetros, pero en este nuevo disco, el número asciende a 260 micrómetros, causando aberraciones en la lente óptica.
La disponibilidad comercial del disco dependerá exclusivamente del nivel de interés que demuestren los fabricantes, aunque con esa capacidad de almacenamiento podría ser útil no solo para usuarios hogareños, sino también para aquellos con un uso intensivo de material grabado, como pueden ser los operadores en un canal de televisión. Actualmente, obtener un terabyte de capacidad no es algo imposible, pero no estaría nada mal contar con una alternativa de respaldo barata y amplia.
