Dos menores privados de la libertad participaron la semana pasada durante unos seis minutos de una transmisión en vivo emitida por el canal JotaPeShow, en Kick, luego de conectarse a través de OmeTV. Durante la conversación se identificaron como jóvenes alojados en Mendoza, hablaron de delitos, consumo de drogas y uno de ellos se presentó como el llamado “tirador de la bicicleta”, el adolescente que fue detenido a los 16 años acusado de haber disparado contra tres jóvenes en el barrio 8 de Abril de Las Heras. En el último segundo, sacó su pene y cortó la transmisión.
El episodio volvió a poner bajo la lupa el control de los teléfonos celulares en lugares de alojamiento de menores. Por fuentes que hablaron con este diario, este lunes se iniciará una investigación interna y administrativa en la Dirección de Responsabilidad Penal Juvenil (el ex Cose) para determinar si los hechos sucedieron en sus instalaciones.
La modalidad tiene, además, una estrecha similitud con lo ocurrido a fines de julio en el Complejo Penitenciario San Felipe, donde un grupo de internos adultos se presentó en vivo mediante la misma web y posteriormente fueron trasladados y secuestrados cinco teléfonos celulares.
En el caso más reciente, la conexión no ocurrió desde una cárcel de adultos, sino desde un ámbito donde, por la edad de los protagonistas, estarían alojados menores privados de la libertad. La transmisión permitió durante varios minutos que los dos adolescentes tuvieran contacto directo con tres conductores del streaming.
El contenido de la charla fue más allá de una simple aparición. Los jóvenes hablaron sobre las causas por las que estaban privados de la libertad y uno de ellos hizo referencia concreta a un violento episodio ocurrido en Las Heras.
“Poné Las Heras. Barrio 8 de Abril. El tirador de la bicicleta. Lee por qué es. Si no sabés nada”, dijo el adolescente durante la transmisión que fue subiendo de tono.
La referencia no fue casual. El joven aludió al hecho de sangre ocurrido durante la tarde del 3 de octubre del año pasado, cuando tres personas que se movilizaban en una camioneta fueron atacadas a tiros en inmediaciones de calles 41 y Cruz Castaño, en el ingreso al citado y conflictivo complejo.
El “tirador de la bicicleta”
La investigación de aquel episodio había colocado bajo la lupa a un chico que entonces tenía 16 años. Según la reconstrucción, el menor era buscado por una acusación de homicidio agravado en grado de tentativa.
La escena ocurrió a la hora citada. Emir de 18, Ciro de 22, y Yair, de 21, circulaban en una Ford-100 cuando fueron interceptados por el sospechoso, que se desplazaba en bicicleta. De acuerdo con las primeras averiguaciones que hicieron los detectives por esos días, comenzó a disparar contra ellos y luego escapó.

Dos de los ocupantes resultaron heridos. Emir recibió un disparo en el muslo izquierdo, con orificio de entrada y salida, además de un roce en la cabeza. El otro joven sufrió una herida de bala en la zona de la carótida, por la que tuvo que ser intervenido quirúrgicamente y quedó internado en terapia intensiva con pronóstico reservado.
La gravedad del ataque derivó en una orden de búsqueda y captura contra el adolescente.
La detención se produjo posteriormente, durante un control preventivo realizado por efectivos de la Unidad Especial de Patrullaje (UEP). El sujeto viajaba como ocupante de un Toyota Corolla verde que circulaba con las luces apagadas. Al identificarlo, los policías comprobaron que se trataba del menor buscado por la Justicia Penal de Menores.

Su propia versión del ataque
Durante la transmisión, el joven aportó una versión del episodio y aseguró que él también había sido víctima de un ataque previo.
“Andaba en bici cuando le pegué. Tengo el plomo ahí”, manifestó mientras se señalaba el cuello. Después agregó que se trataba de un “problema de guerra de bandas” y afirmó haber recibido un disparo en la espalda que le había quedado alojado en esa zona.
El joven volvió a referirse a la violencia cuando dijo: “Y yo les pegué en el cuello, en el pie y en la mente”. Luego se presentó junto con el otro adolescente como “referentes” y habló de la existencia de drogas en contexto de encierro.
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“Poné diario El Sol”
La conversación también tuvo otro momento particular cuando los adolescentes desafiaron a los conductores a buscar información sobre ellos.
“Buscá en internet y vas a ver quiénes somos, no seas tan gil. Si no te vamos a estar mintiendo, poné diario El Sol”, sostuvo uno de ellos. Después insistieron: “Poné diario El Sol en Mendoza”.
La mención al medio y al caso del barrio 8 de Abril terminó llevando la conversación directamente hacia el episodio por el cual uno de ellos era conocido en los registros policiales y judiciales.
El intercambio tuvo además referencias explícitas a delitos. En otro tramo de la conversación, los jóvenes afirmaron que estaban detenidos por homicidio y uno llegó a definirlo como “extorsionista”, “secuestro” y “sicario”, mientras otro sostuvo que “le robamos a gente de plata y asesinamos por plata”.
El antecedente que encendió las alarmas
La escena tiene un antecedente inmediato en el sistema penitenciario local.
A fines de julio, un grupo de internos del módulo 8B del Complejo San Felipe de Ciudad logró conectarse mediante OmeTV con el streamer Valentín Melo, quien realizaba una transmisión en vivo a través de Kick. Los presos terminaron revelando que estaban dentro del penal de Mendoza. El video posteriormente se viralizó.
Aquella transmisión abrió una investigación administrativa, disciplinaria y judicial. El área de Inteligencia Penitenciaria realizó una requisa en el pabellón y secuestró cinco teléfonos celulares. La pesquisa buscaba determinar cómo habían ingresado esos dispositivos al establecimiento y si había existido participación de personal penitenciario o de civiles.
La situación tuvo consecuencias concretas. Los internos fueron trasladados al Módulo de Alojamiento de Muy Alto Perfil (MAP) de Almafuerte I, en Cacheuta, luego de comprobarse que habían utilizado teléfonos celulares para realizar la transmisión.
Además, se iniciaron actuaciones disciplinarias que podían repercutir sobre sus beneficios penitenciarios, entre ellos las visitas y las salidas transitorias o progresivas.
