“Llegaron ya, los Reyes y eran tres,

Melchor, Gaspar y el negro Baltasar,

 Arrope y miel, le llevarán

Y un poncho blanco de alpaca real“

Así empieza la canción Los Reyes Magos, que forma parte de La Navidad Nuestra, Lado B de la Misa Criolla de Ariel Ramírez y Félix Luna. Lado B, sin embargo, es una de las más conocidas y cantadas, sobre todo en una fecha como la que se acerca. Además, por estos días se cumplieron los sesenta años del lanzamiento del disco de vinilo. Estos Reyes nuestros no traen oro, traen un poncho de alpaca real, no llegan con incienso y mirra, ellos cargan con miel y arrope para el Niño. Sus obsequios son muy de aquí, y los instrumentos musicales que tocan son charango, acordeón… ritmos argentinos para cantar y contar. Esta composición está enmarcada en una época: el Concilio Vaticano ll, había modificado la liturgia y permitía -y en un punto, recomendaba- el uso de los idiomas locales para dar misa, es decir, que el sacerdote no hablara en latín como para tener una cercanía mayor con los fieles. En ese contexto fue que dos artistas argentinos dieron forma a esta obra monumental, conocida en el mundo entero.

Toda esta charla, viene a cuento porque es casi seguro que cada familia tiene anécdotas graciosas o tiernas que se relacionan con esta fecha. Noche de Reyes Magos y las veredas se llenan de juguetes colgados en alambres, cerca piletitas armadas al lado de triciclos o pelotas inflables, negocios abiertos hasta la madrugada, noches de calor y estrellas brillantes. Cada casa con niñas, con niños tiene magia esa noche. Escuchar ruidos en el techo y una mamá que explica “- ¡seguro son los camellos! ¡Andá a acostarte que están por venir!” Una mezcla de emoción e inquietud en la carita de chicos expectantes. Asomarse a la terraza y mirar entre las nubes y siempre hay alguien a quien le parece verlos a lo lejos. Un tema aparte es lo que se prepara para recibirlos: hay quien pone un trozo de pan, del tamaño de un miñoncito, un puñado de pasto y un vaso de agua, al lado de los zapatitos en el living de la casa. Están los que preparan tres palanganas con agua, una para cada camello y un montículo de pasto enorme dentro del fuentón galvanizado de la ropa, todo eso en el patio. Conocí a un chico que le pidió a su mamá que le preparara un sánguche a los Reyes “- ¡Pobres Reyes, mamá! ¡Toda la noche viajando, hay que prepararles algo más rico!”.

 En un determinado momento, las nenas, los nenes empiezan a sospechar y se acercan al tacho de basura a ver si encuentran rastros del pasto que habían preparado o revisan si el vaso con agua, ahora vacío, tiene un borde de lápiz de labios del mismo color del que usa la madre. Algunas veces ocurre que el 5 de enero toca durante el veraneo, en esos casos es importante que el papá o la mamá diga durante la mañana del 6: “- Todos tranquilos que vi varios negocios con el cartel:  Aquí se permite realizar cambios de los regalos de los Reyes”.

Los tiempos cambian, ahora muchas veces se compran los regalos por Mercado Libre o por Amazon y los “Reyes” tienen que tener cuidado de borrar el historial de búsqueda de la PC.

Hay familias en las que se estila mandar una carta y escribir en ella “Queridos Reyes Magos: tráiganme lo que quieran”, y la clave, la prueba de la magia está en que ellos adivinen qué juguete querían ese año, un walkie talkie, por ejemplo; si se recibe eso en lo que se había pensado, entonces los ojitos brillan más, llenos de la alegría de haber descartado esa sospecha y poder guardar la ilusión, por lo menos, un año más.