Los sábados a la noche tenemos una cita en el Teatro Las Sillas para ver un ciclo de teatro destinado al disfrute y a la compañía. Se trata de funciones vermouth a partir de las 12 de la noche en el llamado ciclo de verano de “Trasnoches de Microteatro y champagne”.
Históricamente, este género se creó para poder tener espectáculos en un horario en el cual todo fuera válido, donde no hubiera límites ni censuras. En este caso, la gran Pinty Saba nos deleita con funciones distintas todos los sábados para regocijarnos con espectáculos en un horario accesible para quienes trabajan en teatros, lugares de atención al público o simplemente quienes quieren hacer una salida distinta en noches que se prestan para salir a pasarla bien.
En la espera para entrar a ver la función se vive la charla entre las personas y el encuentro, acompañado por una copa de champagne, cortesía de la casa.
En el caso de las funciones que me tocaron esta semana, dado que cambian todos los sábados, en primer lugar estuvo la obra “Cachorro de León” de la dramaturga mexicana Conchi León, representado por Lucas La Rosa y “La ilusión” dramatizadas por Ruth Arnau, Santiago Silva y Kleo Salvador.

En el primer caso se destaca un monólogo en el cual se relata la vida de una persona y los conflictos con su padre, inmersos en una familia plagada de incomodidades. Se pueden dilucidar técnicas de narración oral escénica en la manera de relatar, contando una historia en la que introduce al público y le va mostrando su vida poco a poco. Existen muchos silencios íntimos sólo interrumpidos por el (necesario) aire acondicionado de la sala. Toman gran relevancia las pausas para “acaramelar” al público y guiarlo en un relato que habla sobre el cuidado y la familia. De necesitarse mutuamente.
Quizás no califique como “microteatro” por la duración de la obra, pero sí nos lleva a un lugar de reflexión sin importar el horario para perdonar al humano que odiamos y no queremos ver.
La otra obra es más corta y dinámica, llevándonos a un hotel de mala muerte. Se plantea una relación entre los insectos y los inquilinos de ese lugar que juega con la idea de que quienes alguna vez nos tocó vivir en sitios así, también nos hemos sentido un poco bichos.

Si nos tocara vivir una realidad así, ¿cómo haríamos para zafar e intentar salir adelante? Supongamos que estamos en una situación similar, ¿qué hacemos? ¿Qué hacemos para aguantar esta realidad? Por momentos recuerda al clásico “Venecia” de Jorge Accame, deseando una visión que nunca va a llegar y se intenta sobrevivir en base a esa ilusión que nos abstrae para salir adelante y vivir el día a día. Zafar un poco de la realidad con un poco de imaginación. Supongamos.
Este formato original merece mayor reconocimiento e interés, dado que puede explotarse de muchas maneras muy enriquecedoras para los y las amantes del arte teatral.
