¿Le cuesta cambiar sus hábitos? ¿Le supone algún problema volver a casa por una ruta distinta a la habitual? Si a la vuelta del trabajo de camino a su departamento se encuentra con una calle en reparaciones, ¿qué hace?, ¿se empeña en continuar avanzando u opta por elegir un camino diferente? Estas son algunas de las preguntas que se hicieron varios investigadores de la Universidad de Nueva York, Estados Unidos, para averiguar qué hace a las personas escoger una boleta u otra a la hora de ir a votar.

El estudio, en el que participaron más de cuarenta estudiantes de una ideología claramente definida, determinó que las personas de tendencia liberal tienen una mayor flexibilidad para resolver conflictos inesperados como el anterior. Las personas conservadoras, en cambio, se mostraron mucho más firmes e insistieron en continuar con sus hábitos, incluso cuando no les quedaba otra opción.

 Según los autores de la investigación, que ha sido publicada en la revista Nature Neuroscience, los conservadores suelen ser personas de ideas fijas, que tienden a buscar el orden en sus vidas y a mostrar una mayor coherencia a la hora de tomar decisiones; mientras que los liberales son mucho más tolerantes a la ambigüedad y la complejidad y se adaptan más fácilmente a circunstancias inesperadas. Esto explicaría la forma en que las personas entienden algunos avances científicos o temas controvertidos para la sociedad, como el aborto o la homosexualidad, y por qué a los políticos conservadores se les suele tachar de duros e inflexibles y a los liberales de ambiguos, indecisos o faltos de personalidad.

Aquí se encontraría la clave de por qué el republicano George W. Bush, actual presidente de Estados Unidos, y el ex presidente español José María Aznar se mostraron inflexibles en su postura con respecto a la guerra de Irak o por qué el candidato demócrata a la Casa Blanca John Kerry o el actual presidente de España, José Luís Rodríguez Zapatero, han sido acusados de no tener ideas claras.

 DOS TIPOS DE CEREBROS. Para los investigadores, el entorno o las experiencias vividas no determinan única y exclusivamente la personalidad de los individuos. Aunque la tradición familiar y las amistades juegan un papel importante a la hora de definir la ideología de una persona, el estudio mostró que las neuronas del cerebro reaccionan de forma diferente en unas personas y en otras, haciéndolas más susceptibles de ser liberales o conservadoras. Para averiguarlo, midieron la actividad neuronal de los voluntarios que se habían declarado liberales o conservadores y observaron que su actividad neuronal era diferente en situaciones de conflicto.

 Se les pidió que pulsaran una tecla cuando observasen la letra M en la pantalla de la computadora y se abstuviesen de hacerlo cuando viesen una W, mientras un electroencefalógrafo registraba la actividad de la corteza cingulada anterior de sus cerebros (el área vinculado al proceso de autorregulación del control del conflicto). Las personas que se habían declarado liberales demostraron una mayor actividad neuronal y cometieron menos fallos que los conservadores cuando veían una W, aunque fueron igualmente certeros en reconocer la M.

 El estudio mostró que existen dos estilos cognitivos diferentes y que las personas liberales tienen una capacidad mayor para adaptarse a situaciones de conflicto o ambigüedad. Se podría hablar, por lo tanto, de dos tipos de cerebro, uno de derecha y otro de izquierda, que reaccionan de forma distinta a un mismo estímulo. El líder de la investigación, David Amodio, quiso apartarle hierro al asunto y evitar la polémica, asegurando que no existe una ideología mejor que otra.

 En realidad, el estudio deja muchas puertas abiertas e interpretaciones para todos los gustos. Desde que los liberales son personas con una mente más abierta y los conservadores individuos cabezones o tercos con una mentalidad más cerrada, a que los progresistas son personas indecisas que no saben defender sus ideas y los conservadores seres fieles y leales.