Los trazos de Joan Miró se deslizan desfachatados por el lienzo, “como palabras que forman poemas, como notas que forman música”. Azules, rojos y amarillos se rebelan contra las convenciones como si fueran los impulsivos garabatos de un niño expresándose en su universo único de colores y seres imaginarios.

Algo de infantil hay en la obra del artista catalán, por eso, no en vano esta exhibición llega durante el comienzo de las vacaciones de invierno. Es que existe una gran empatía entre su autor y los más pequeños.”El Jardín de las Maravillas” es una muestra itinerante que se presenta en el Museo Municipal de Arte Moderno gracias a la Fundación Tres Pinos y a su curador Massimo Scarigella, con el auspicio de la Embajada de España. Se trata de cincuenta y seis obras, aguafuertes, litografías e ilustraciones, once de ellas patrimonio cultural de Italia, que se expondrán hasta el 4 de agosto, con entrada libre y gratuita

Desde los 7 años Joan participó de talleres de dibujos, siendo poco aplicado en la escuela, con todo su ser se abocó siempre al arte. El gran artista que experimentó diversas técnicas desde el fauvismo, hasta pinceladas con un toque cubista, un día decidió “asesinar la pintura”, en palabras de Georges Hugnet: “Miró ha querido asesinar la pintura, la ha asesinado con medios plásticos, mediante una plástica que es una de las más expresivas de nuestro tiempo. La ha asesinado, quizá, porque no quería doblegarse a sus exigencias, a su estética, a un programa demasiado estrecho para dar vía libre a sus aspiraciones y a su sed.”

El autor, que mediante su pincel, un buril y hasta con sus dedos transformaba pájaros, mujeres y seres extraordinarios de acuerdo a su especial visión del mundo, correspondía a una generación enfrentada a todos los sismos heredados del siglo XIX. Pasó del detallismo más obsesivo a la búsqueda de la belleza y la simplicidad. La eliminación de lo superfluo y la exaltación de lo esencial en una gran libertad de método y rigor. Los trabajos que se exhiben en Mendoza son muestra de ese Miró que se manifestaba: “el grabado para mi es un medio de expresión mayor, ha sido un medio de liberación, de expansión, de descubrimiento.”

Un recorrido por sala del Museo Municipal de Arte Moderno es un paseo por lo onírico. Es mutar y dejar caer el cascarón del adulto e iluminarse centellando los ojos como un niño ante obras como “Centenario Mourlot”, “Prólogo” o ” Archipel Sauvage”. No hay mucho por razonar, no hay demasiados conocimientos previos sobre movimientos artísticos que se deban tener para admirar este “Jardín de las Maravillas”. Un niño comprenderá mejor lo que Joan Miró quiso expresar o quizás no, sólo aprecie sus obras con esa libertad, con esa deshinibición que los hace sorprenderse con los colores, con la multitud de líneas, manchas y pinceladas surrealistras de ese hombre que pintó con el albedrío de un infante hasta los 90 años, transformando la realidad y la abúlica quietud.