Desde los primeros momentos de la instrucción, se supo que Federico Martín Murúa fue una víctima inocente. Este hombre nacido el 12 de junio de 1989 murió de un balazo en la cabeza la noche del sábado 23 de setiembre del año pasado, mientras se encontraba de visita en la casa de unos amigos en el barrio Brandi de Maipú. El caso tuvo dos detenidos a las pocas horas, un joven llamado Lucas Ochoa Vargas (28) y vecina Rocío Fernández Lira (23).
La investigación del fiscal de Homicidios Carlos Torres sumó pruebas de importancia con el paso de las horas y una cámara de seguridad se transformó en fundamental para identificar el vehículo en el que se movilizaban los dos sospechosos. Esto permitió su captura en el barrio Los Ceibos, ya durante la madrugada del domingo.

Este viernes, Ochoa Vargas y Fernández Lira serán condenados a 10 años y ocho meses de cárcel. Será durante un juicio abreviado final en el representante del Ministerio Público y la defensa acordaron la cantidad de años que deben cumplir por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Ambos no presentaban antecedentes y estos terminó jugando a su favor.
Durante una audiencia que se celebró el martes, la familia de la víctima no se opuso al desarrollo de este tipo de proceso que evita que los autores de los hechos se sienten en el banquillo de un debate por jurado pero mostró su disconformidad ante la jueza del Tribunal Penal Colegiado Nº1 Carmen Elizabeth Magro con respecto al monto de la pena. Más allá de eso, se espera que la magistrada homologue el pacto entre las partes y el caso quede “cerrado” con sentencia firme.
Video: el asesinato de un joven inocente y la “pelea” entre los dos acusados por la autoría
La noche del sábado 23 de setiembre se produjo un asesinato en el barrio Brandi de Maipú. La víctima se encontraba reunida con dos amigos en una casa de calle Irusta cuando un balazo impactó en el cuello. Federico Martín Murúa…
En la noche del sábado 23 de septiembre, cuando faltaban unos diez minutos para las 22, se produjo el asesinato en el barrio Brandi de Maipú, donde Federico Murúa recibió un impacto de bala mientras encontraba reunido con dos hermanos en una casa de la calle Irusta. Un disparo certero impactó en el cuello de la víctima, segando su vida prácticamente en el acto.
La secuencia del crimen quedó registrada por una cámara de seguridad de un vecino, revelando la llegada de un Fiat Cronos gris y su breve detención antes de acelerar y escapar hacia el norte. Ochoa Vargas conducía el vehículo y Fernández Lira lo acompañaba. También viajaba una persona identificada en la causa sólo con el alias de Ñoño.
Uno de los amigos de la víctima conocía a Lucas Ochoa. Le vendía estupefacientes y el coautor del ataque mantenía una deuda económica con él. Hubo una discusión y Ocha prometió vengarse. En la instrucción declaró y detalló cuál fue el motivo de la agresión.
“Era Lucas Ochoa a comprar unos fasitos. Yo a Lucas lo conozco del barrio, he jugado a la pelota con él y en otras oportunidades le he vendido cigarros de marihuana. Bueno, Lucas vino a comprar, vino en auto, y vino con otras dos personas. Una se quedó arriba del auto y la otra se bajó con él. Cuando atendí la puerta empecé a discutir con Lucas porque me debe 500 pesos, empezamos a hablar afuera y, en un momento, empezamos a hablar fuerte, y en un momento me dijo: ‘Chau, me voy, ya enseguida vuelvo’. Luego pasaron unos tres minutos, no pasó casi nada, y estábamos con mi hermano y mi amigo parados alrededor de la mesa hablando, y de repente escuché como un petardo y mi amigo Federico Murúa se desvaneció y cayó seco al piso”, señaló el testigo en el expediente.
Tras el asesinato, los ocupantes del Cronos se dirigieron a una plaza y posteriormente compraron un pancho. Curiosamente, regresaron a la escena del crimen cuando Ochoa recibió mensajes de textos de conocidos informándole sobre la muerte de una persona en el lugar donde momentos antes habían estado.
Los investigadores lograron ubicar a los sospechosos en el barrio Los Ceibos, siendo detenidos durante la madrugada del domingo 24 en el vehículo propiedad de la madre de Ochoa. Como parte de la investigación, se preservaron las manos de los detenidos y se ordenó un barrido electrónico para determinar el uso de armas de fuego.
Los resultados del estudio forense fueron reveladores: Fernández Lira presentaba rastros de pólvora en sus manos. El fiscal Torres expuso la hipótesis de que la joven era la autora del disparo, mientras que Ochoa había prometido vengarse de una pelea previa que había mantenido con uno de los amigos de Murúa.
Producto de las evidencias, ambos fueron imputados como coautores de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Este viernes, el caso se cerrará en el Polo Judicial.
