A fines de octubre, la desaparición de una mujer puso en alerta a las autoridades policiales y judiciales en Las Heras. Tras varios días sin noticias sobre ella, su hermana llegó al dato de que vecinos la habían visto en la zona de calle Álvarez Condarco.
Mientras efectivos recorrían esa zona para buscarla, la mujer se asomó desde el interior de una casa y pidió auxilio: había estado dos semanas encerrada contra su voluntad y fue constantemente abusada.
El presunto autor, estaba en el lugar e intentó huir, pero lo atraparon antes de que subiera a un colectivo. Cuando lo identificaron, constataron que se trataba de Ismael Sebastián Videla (39), con pasado carcelario y temido por los lugareños, quienes lo apodaban el Demonio.
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A casi tres meses de caer en las redes policiales, la Justicia le dictó la prisión preventiva y deberá seguir en la cárcel.
Fue la jueza Mariana Gardey, del Juzgado Penal Colegiado Nº 2, hizo lugar al pedido del fiscal de Delitos Contra la Integridad Sexual Gustavo Stroppiana y le impuso la medida de coerción.
Para la magistrada fue clave la declaración de la víctima y de los policías que atraparon a Videla. Además, diferentes peritajes dieron cuenta de la situación de reiteradas vejaciones a la que fue sometida la mujer.
De esa forma, la situación del Demonio se complicó en el expediente y avanza hacia el juicio en su contra. Videla se encuentra imputado por abuso sexual agravado por el acceso carnal y privación ilegítima de la libertad.
“Por favor, ayúdenme”
Corría la mañana del lunes 25 de octubre cuando una mujer llamó a la línea de emergencias 911 para aportar información sobre el paradero de su hermana, el cual había sido denunciado días atrás.
La mujer sostuvo que había estado realizando averiguaciones por sí misma y llegó al dato de que su familiar había sido vista en una vivienda ubicada junto a un merendero, en calle Álvarez Condarco al 500.
Desde el Centro Estratégico de Operaciones (CEO) desplazaron a policías de la Unidad de Acción Preventiva (UAP), que estaban haciendo tareas en ese sector lasherino.
Cuando llegaron, entrevistaron a vecinos, pero estos se mostraban reticentes a colaborar. Cuando la búsqueda parecía no llegar a buen puerto, una mujer se acercó a los uniformados y le marcó el domicilio donde encontraba la joven desaparecida.

Era en el interior de un terreno cuya entrada era un portón de grandes dimensiones. Allí, había varias viviendas de precaria construcción.
A llegar al inmueble señalado por la testigo, los efectivos tocaron la puerta. Del interior se asomó la víctima, quien no dudó en pedirles auxilio: “Por favor, me quiero ir. Ayúdenme” dijo con lágrimas en los ojos.
Rápidamente, los policías resguardaron a la mujer y descubrieron dentro de la vivienda a Videla. Este, al advertir la presencia de los efectivos salió corriendo por el fondo y cruzó un descampado.
Justo cuando parecía que el personal policial lo había perdido de vista, un colega que estaba llegando a la escena lo observó sobre calle Álvarez Condarco, a punto de subirse a un colectivo.
Acto seguido, lo interceptó, lo redujo y logró aprehenderlo, evitando que consiguiera escapar.

En paralelo, la víctima les reveló a los otros uniformados que llevaba dos semanas encerrada en esa casa y que había sido sometida a constantes abusos sexuales por parte de Videla.
También les exhibió quemaduras, cicatrices y moretones que, según su relato, le había producido el sospechoso. Agregó que había intentado escapar en varias oportunidades, pero el acusado lo evitaba a los golpes.
En la zona, los vecinos dieron cuenta de que el Demonio había salido meses atrás de prisión y desde ese entonces los tenía al maltraer con su actitud delictiva.
Otros testigos aseguraron que Videla “tenía fama de violín” y hasta no descartaban que otras mujeres hayan sido vejadas por él. Más allá de esas afirmaciones, no se registraron otras denuncias en su contra.
