El sábado por la noche, un hombre de 32 años murió en la puerta de su casa de la villa Güemes, de Las Heras, después de recibir una bala que no era para él. Darío Ocaña Pozo dejó de existir frente a su mujer cuando estaban por cenar y después de proteger a su familia de las balas que atravesaban su hogar. La causa por el crimen, hasta anoche, no tenía detenidos pero sí sospechosos identificados. Los pesquisas aseguran que un sujeto conocido como el Guillermo, de unos 40 años y que no vive en esa zona, fue señalado como partícipe del tiroteo que se inició a las 23.45.

El sospechoso es conocido para el personal que trabaja en el caso: sostienen que es un distribuidor de drogas para la venta por menudeo y asaltante que tiene sus bases en los complejos habitacionales capitalinos La Favorita y Olivares. Es más, testigos del último asesinato perpetrado en la provincia explicaron ante los policías que recluta a jóvenes de entre 15 y 18 años y les provee armas de grueso calibre –también están identificados– con el objetivo de que estén protegidos a la hora de comercializar los estupefacientes y perpetrar los robos en viviendas. Junto con el Guillermo, mencionaron a dos hermanos menores y también al Topo, el Jony y Erik, como algunos de los sujetos que dispararon en dirección a la casa de la víctima pero con el objetivo de dañar a dos chicas, una de ellas conocida como Dani, de la villa Güemes.

Los investigadores agregan que la banda delictiva busca posicionarse en ese asentamiento y ha protagonizado varios tiroteos en los últimos días. “El crimen de Ocaña tiene como base una pelea territorial por la venta de drogas”, contó un pesquisa a El Sol.

El sábado desde las 17, los vecinos empezaron a sentir disparos de arma de fuego en el asentamiento –la mayoría son viviendas que se levantaron en terrenos usurpados– entre las calles Pellegrini y Gutiérrez.

Una de las versiones sostiene que la banda del Guillermo tiroteó la casa de las dos chicas –unas tres viviendas hacia el norte de la escena del crimen– porque allí también se vendía droga. Como no salía nadie de esa propiedad –una de las moradoras no se encontraba y la otra se refugió en lo de una vecina–, ingresaron y saquearon el lugar, sustrayendo entre otros elementos, televisores, muebles y dinero en efectivo (alrededor de 1.100 pesos). Enteradas del robo, las jóvenes y otros familiares prendieron fuego un aguantadero de la organización ubicado en Pellegrini y Güemes y radicaron la denuncia. Mientras Policía Científica trabaja en la casa de las mujeres en busca de pruebas, se inició la balacera que dejó sin vida a Ocaña.

La otra hipótesis señala que las dos jóvenes también se dedican a la venta de estupefacientes en pequeñas cantidades y que ese fue el motivo por el que les tirotearon la casa y aprovecharon para saquearla.

Por el crimen, la fiscal Gabriela Chaves esperaba informes de Científica y de la Unidad Investigativa para encaminar la instrucción según los peritajes balísticos y los partícipes del hecho, respectivamente.