Lucas González, el futbolista de 17 años de las inferiores de Barracas Central que fue baleado el miércoles en la cabeza por un efectivo de la Policía de la Ciudad, murió la tarde de este jueves en el Hospital El Cruce, de Florencio Varela, donde se encontraba internado desde esta madrugada.
“Mataron a mi sobrino. Queremos pedir Justicia por Lucas. Lucas va a seguir en nuestros corazones y en los corazones de mucha gente”, dijo Emanuel, tío del futbolista, en la puerta del centro asistencial.
Fuentes policiales aseguraron que todo se inició cerca de las 9.30 de la mañana en la calle Luzuriaga, en Barracas, cuando policías de civil de la Comisaría Vecinal 4C irradiaron un alerta por la presencia de varios jóvenes en la zona a bordo de un auto Volkswagen Suran color azul que aparentemente se negaron a ser identificados y huyeron.
Esa versión sostiene que los jóvenes habían salido de la villa 21-24 y la persecución se extendió hasta el cruce de Alvarado y Perdriel, donde se logró detener a tres de ellos tras un tiroteo, uno de ellos herido de bala en la cabeza, mientras que un cuarto ocupante logró escapar a la carrera.
En tanto, en el marco de la persecución se registró un choque entre un patrullero y otro automóvil Nissan Tiida color champagne en el que se movilizaban efectivos de la brigada de investigaciones de la comisaría 4C, dijeron las fuentes.
Como consecuencia de ese choque, dos policías resultaron heridos con politraumatismos leves, por lo que uno de ellos fue trasladado al Hospital Argerich.
Personal del SAME llegó al lugar a los pocos minutos y trasladó al joven herido de un balazo en la cabeza (Lucas González) al Hospital Penna del barrio porteño de Parque Patricios, donde permanece internado en estado reservado.

Más allá de la hipótesis oficial que ofreció la Policía de la Ciudad, los familiares de los cuatro detenidos rechazaron esa versión y aseguraron que no habían cometido ningún delito y que acaban de salir de un entrenamiento, ya que se habían ido a probar a las divisiones inferiores de Barracas Central.
Además, el tío de uno de ellos rechazó este jueves en declaraciones a la prensa la hipótesis de que estaban armados.
El padre del adolescente baleado dijo al canal IP, desde la puerta del hospital donde su hijo permanece internado, que recién salía de verlo de la sala de terapia intensiva y que “está entre la vida y la muerte”.
“Es un deportista, nunca fue un delincuente, me ocupé toda la vida de que no le falte nada”, aseguró el hombre, y agregó: “Le estoy pidiendo a Dios que me lo salve de esta porquería, esto es un infierno lo que estoy viviendo, le pido a Dios y a todos que recen por mi hijo, y que no le pase nada por favor”.
Por otro lado, el padre del adolescente que conducía el automóvil, dijo a Telenueve Central que el vehículo Volskwagen Suran azul es suyo y que su hijo lo llamó “a las 9.35” para decirle que le habían querido “robar” y que le habían pegado “tres tiros a su amigo”.
“Ellos fueron a entrenar y cuando salen los intercepta un auto, que no tiene identificación de nada, se bajan tres personas apuntándoles y ellos se escapan, y ellos (los policías) arrancan a los tiros”, relató el hombre.
Luego dijo que su hijo se detuvo a los pocos metros al ver a dos policías, “para decirles que les querían robar, y los reducen a ellos, que querían que lo asistan al amiguito que se le estaba muriendo arriba de las rodillas”.
Ante esta situación, el Juzgado de Menores 4, a cargo del juez Alejandro Cilleruelo, separó a la Policía de la Ciudad de los peritajes y ordenó que todos los trabajos forenses fueran realizados por peritos de la Policía Federal Argentina (PFA).
El juez ordenó el secuestro de las armas reglamentarias de los policías que participaron en el hecho y que se les practiquen estudios de dermotest para determinar cuál de ellos efectuó disparos.
Además, según las fuentes de la investigación, dentro del vehículo en el que circulaban los jóvenes fue secuestrada en el asiento trasero una réplica de plástico de un revólver.
El Nissan Tiida en que se hallaban los policías de civil quedó ubicado sobre la calle Iriarte, entre la avenida Vélez Sarsfield y Luzuriaga, junto al Parque Leonardo Pereyra, una zona muy concurrida por niños, ya que hay una calesita y juegos de plaza.
Tras el hecho, los tres policías que participaron del operativo fueron apartados de la fuerza.
