La investigación por la muerte de Rosa Alfaro (53) en una vivienda rural de la localidad de Montecaseros, San Martín, está lejos de estar cerrada y podría llegar a presentar en el futuro un fuerte debate en los pesquisas por las hipótesis que se analizan. Y eso tiene un motivo: si bien los detectives están direccionados hacia una teoría, se desconoce realmente el móvil del caso.
A la víctima le detectaron un disparo en el corazón el viernes por la mañana cuando fue recibida en la guardia del Hospital Perrupato y su esposo, con quien llevaba una relación de más de tres décadas, quedó detenido por orden del fiscal Gustavo Jadur, quien entendió que se trató de un femicidio cuando tuvo contacto con las primeras pruebas testimoniales y documentales.
Fue justamente este trabajador rural, con la ayuda de un cliente que minutos antes se había encontrado con él para pagarle por la venta de unos cerdos en la puerta del domicilio donde ocurrió el hecho, quien transportó a la mujer en un Fiat Palio hasta el efector público.
Gustavo Repetto fue acusado con el paso de las horas de homicidio triplemente agravado por el vínculo, por el uso de arma de fuego y por mediar violencia de género. Desde que se incorporaron las primeras pruebas, cuando se activó el protocolo para este tipo de casos, se potenciaron dos hipótesis: homicidio y suicidio.
Sin embargo, la fiscalía se inclinó por una de ellas, la que prevé prisión perpetua, después de que recibieran un informe que ubicaba al sospechoso como posible autor de un disparo en la habitación donde dormía la pareja, utilizando un rifle calibre 22. Un barrido electrónico reveló que presentaba restos de pólvora en una mano y la ropa en importantes cantidades, ubicándolo en posición de tirador.
Repetto no declaró en la causa cuando le notificaron las imputaciones. Y, casi una semana después, el fiscal Jadur mantiene la plataforma fáctica que fijó después del análisis de los estudios forenses iniciales.
El expediente está en sus primeros pasos. Restan incorporar los informes complementarios de la necropsia, balística y el psicológico del imputado, entre otros. Además, el Ministerio Público les tomará declaración a dos testigos para continuar con el armado del rompecabezas del caso: el hijo más chico de la pareja, de 13 años (será en Cámara Gesell) y un empleado de Repetto, un hombre sordomudo que realizaba algunas tareas en la finca donde murió Alfaro, en calle Angosta y El Ñango, a 11 kilómetros hacia norte de ruta 7.
Para eso, utilizarán a un traductor como los que cumplieron esa función en la causa por los abusos sexuales en el instituto Próvolo de Luján, señala la información a la que accedió este diario.
Revelaciones
Más allá de estos testimonios que buscan incorporar, en el expediente ya declararon los dos testigos más importantes: la otra hija que vivía con el matrimonio, Ruth Repetto (22) y un hombre de 62 años que hace más de cuatro años que le compra lechones al sospechoso y quien transportó el cuerpo de la mujer hasta el nosocomio, identificado como Juan Eduardo Nora.
Estas declaraciones fueron –y continúan– siendo analizadas con profundidad por los investigadores judiciales debido a que contaron detalles de lo que vivieron cuando se produjo el hecho.
La joven declaró a las 12.26 del día del hecho ante un representante de la fiscalía y aseguró que a las 10.40 se encontraba en su habitación, levantándose, cuando escuchó a su padre decir: “Rosa, Rosa”. La testigo agregó que salió corriendo hacia la pieza de su madre y que la observó acostada en su cama, “como desmayada”.
“Mi papá, Gustavo Ceferino Repetto, estaba a los gritos tratando de despertarla y tocándole la cara, pero, como ella no respondía, yo me acerqué y vi que mi mamá tenía en su mano dos balas. Mi papá me dijo: ‘Ha estado con el rifle esta’. Y salió corriendo para afuera. Llamó por teléfono a un amigo de él, que llegó rápido porque hacía pocos minutos que había estado en mi casa. Cuando llegó, cargaron a mi mamá en el auto de Juan y se la llevaron al hospital”, describió la joven.
La hija de Alfaro respondió preguntas y dijo que su madre no tenía problemas con nadie porque rara vez salía de su casa. Y aseguró que con su padre se llevaba bien, “por ahí discutían como todo matrimonio pero siempre solucionaban todo. Anoche estuvieron orando juntos, son un matrimonio de treinta y dos años, ella era el sostén emocional de mi papá, se llevaban muy bien”.
De acuerdo con fuentes consultadas por El Sol, la declaración de la testigo se encontraba bajo análisis, principalmente, por la exposición que hizo sobre el par de proyectiles en la mano de su madre.
“¿Su madre manifestó en alguna oportunidad deseos de no vivir más?”, interrogaron desde la fiscalía. Y la respuesta fue contundente: “No”. También le preguntaron si su progenitora sabía utilizar un arma y contestó: “Sí, ella sabía disparar”.
Acto seguido, la joven dijo conocer sobre la existencia de un arma –la que habría sido utilizada en el hecho, un rifle calibre 22– en la casa. “Como nos entraron a robar una vez y nos desvalijaron la casa, después de eso fue lo del arma, y sabíamos que se encontraba guardada en el ropero que compartían mis padres en su habitación, descargada y con seguro. No era normal que el arma estuviera fuera de su lugar, siempre estaba guardada y nos explicaron que era solo para uso de alguna emergencia porque varias veces se nos han querido meter a la casa a robar, incluso estando nosotros adentro”, explicó.
Al finalizar, habló sobre rastros y proyectiles en la habitación donde yacía su madre. “No, no había sangre por ningún lado, yo cuando vi el rifle me fijé y no vi sangre, lo único que me llamó la atención fue eso que le vi a mi mamá, dos balas en la mano”.
Por su parte, el hombre que estuvo con el sospechoso en los momentos previos al hecho, dijo a los investigadores que se encontró con Repetto en la puerta de la finca y que estuvieron hablando un largo rato en el interior de su auto, un Fiat Palio de tres puertas.
“Después, siendo aproximadamente las 09.56 yo me voy, doy la vuelta en U en la calle y
al llegar a la esquina de Calle El Ñango, siendo aproximadamente las 9.58; sé la hora exacta porque tengo el registro del llamado cuando llamo a Gustavo porque me había acordado en ese momento de unos cheques que le había preguntado a Gustavo si me los iba a recibir; ahí nomas me atiende Gustavo diciendo “vengasé, Juan, vengasé” y lo escucho llorar, al preguntarle qué le había pasado, me dice: ‘Es mi mujer, mi señora se me muere’. Inmediatamente, pego la vuelta, volví a hacer la U y, en menos de dos minutos, ya estaba en el lugar; entré con el auto hacia el patio porque la tranquera estaba abierta y Gustavo traía a la señora en brazo, yo abrí la puerta, hice la butaca hacia adelante y ayudé a meter a la señora Rosa en el asiento de atrás. Rosa estaba desvanecida, estaba blanca, yo pensé que le había dado un ataque, a todo esto Gustavo le decía: ‘Rosa, Rosa, despertarte, no me dejes’”, contó el testigo en el expediente.
Nora dijo conocía a la pareja y que tenían buena relación, que llegaron al Hospital Perrupato y conoció la versión de Repetto cuando los médicos le informaron que Rosa Alfaro presentaba una herida de arma de fuego en el pecho.
“Gustavo me dijo que él entró a la habitación, que le dijo a Rosa: ‘Mirá, Rosa, acá voy a dejar la plata que nos trajo Juan’ y que la ve acostada en la cama y le dice: ‘Qué te pasa, Rosa’ y que vio que estaba el rifle sobre la cama y había balas sobre la cama, es cuando recibe mi llamado y me pida que vuelva”, expresó.
Por último, declaró que Repetto le dijo que “pensó que Rosa habrá pensado que venían a robarnos, por eso agarró el arma y se descompensó”.
Con todo lo estudiado por el fiscal Jadur, en las últimas horas se tomó una decisión importante en la causa, después de la imputación por femicidio: este miércoles, el sospechoso pasó a la cárcel mientras continúa el desarrollo de la instrucción y se espera una audiencia de prisión preventiva para las próximas semanas.
