Sin que todavía se conozcan los argumentos, un análisis primario del fallo que se ventiló ayer del doble crimen del matrimonio narco chileno en su coqueta casa de Vistalba, Luján, en octubre del 2013, lleva a concluir que los jueces tenían dos versiones de las defensas para analizar y le dieron crédito a una de ellas, la del acusado Maximiliano Guerra (31) –empleado de la Justicia que estaba con licencia psiquiátrica y trabajaba como barman en la Arístides–, debido a que terminó absuelto por la duda.
La exposición, que se desarrolló durante cuatro horas, del otro imputado, el policía Martín Berdejo (31), evidentemente no le alcanzó para zafar de la condena y recibió la pena máxima: prisión perpetua.
Ante la falta de testigos presenciales, ambos se encontraban en el banquillo con una prueba cada uno que los comprometía directamente con el hecho, pero, los jueces entendieron, en uno de los casos, lo contrario a lo que sostenía la citación a juicio.
De esta forma culminó el debate oral y público por el doble asesinato de la pareja narco chilena de Oscar Vinchuca Guzmán y Carmen del Pilar Honorato, de 65 y 60 años, respectivamente, que se radicó en Mendoza unos cinco años antes del hecho y terminó sin vida mientras era investigada por el tráfico de más de 300 kilogramos de cocaína hacia Europa. Para el fiscal especial que instruyó la causa, Santiago Garay, y para el de Cámara, Gonzalo Nazar, Berdejo ingresó al domicilio de las víctimas, sobre calle Aconcagua, para robar.
El policía, que se desempeñaba en la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico y era el encargado de seguir todos los movimientos de Guzmán y Honorato, tenía acceso a escuchas telefónicas.
Para los representantes del Ministerio Público, Berdejo –y un cómplice– ingresó a la propiedad para robar dinero y torturó a las víctimas hasta que logró la confesión para conocer dónde ocultaban entre cinco mil y diez mil dólares. Así también lo confirmaron los hijos del matrimonio en una de las jornadas del debate que se inició a mediados de marzo.
Los alegatos se desarrollaron la semana pasada, y Nazar había solicitado al tribunal presidido por Carlos Díaz –lo completaban Horacio Báez y Rafael Escot– prisión perpetua para los dos imputados. En cambio, las defensas representadas por Oscar Mellado –Guerra– y Bernardo Calderón –Berdejo– requirieron al tribunal la absolución por la duda.
Cada uno por su lado, los defensores plantearon su estrategia. Como no hubo testigos que los ubicaran en la escena, sus clientes estaban complicados prácticamente por una prueba física cada uno: una vaina servida de la pistola reglamentaria del policía fue hallada en la escena del crimen y huellas dactilares de Guerra fueron levantadas en un ventanal de la casa.
Para los fiscales, esto ubicaba en la escena del crimen a los dos imputados. Berdejo declaró en la primera jornada de debate: señaló que la vaina había sido plantada en el teatro del hecho por efectivos de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), con quienes mantenía contactos por la investigación. Señaló que esos efectivos estaban relacionados a los narcos y llegaron a Mendoza a saldar cuentas con ellos.
La defensa de Guerra fue paciente para plantear su coartada. Esperó las últimas jornadas del juicio oral para hacerlo declarar. La semana pasada lo hizo, durante poco más de una hora. A diferencia de Berdejo, quien era amigo suyo desde la infancia y también compadre, se ubicó en la escena del crimen. Contó que, unos 20 días antes del hallazgo de los cadáveres, estuvo en la vivienda de Guzmán y Honorato. Señaló ante las partes que Berdejo le pidió que fuera hasta el domicilio a buscar información.
Como el policía investigaba a la pareja y obtuvo el dato de que el inmueble estaba en venta, Guerra expresó que su amigo le pidió que fuera a preguntar sobre ese tema con la excusa de conocer cómo era el interior de la vivienda y recolectara información sobre el matrimonio.
Guerra añadió que Honorato lo hizo entrar algunos metros –no se encontraba Guzmán– y que conoció parte del inmueble. Si bien no lo recordaba con precisión, relató que pudo haber apoyado parte de su mano en la ventana donde luego encontraron sus rastros dactilares.
Terminada la etapa de declaraciones, el tribunal pasó a un cuarto intermedio hasta ayer para dictar la sentencia. Minutos después de las 13, se leyó la parte resolutiva del fallo. Y los tres magistrados coincidieron en condenar a Berdejo y en absolver a Guerra. Solamente el juez Horacio Baez votó en disidencia con respecto a la pena que recayó sobre el policía, al considerar que era inconstitucional para este caso la aplicación de la prisión perpetua, entendiendo que correspondían 28 años de cárcel.
La felicidad se apoderó de la familia Guerra. Su padre, también empleado de la Justicia, rompió en llanto y se abrazó con sus allegados.
Todo lo contrario evidenció la familia del policía de narcocriminalidad: el padre del hallado culpable, Elio Berdejo –ex concejal de Godoy Cruz, quien tomó notoriedad en el 2002 cuando atacó y destruyó con su camioneta las instalaciones de Canal 9 Televida en calle Garibaldi, molesto por informes periodísticos– se tiró al suelo en el hall central del edificio y exclamó que su hijo era un perejil.
De esta forma terminó una etapa en el caso ocurrido en octubre del 2013. La semana próxima se conocerán los fundamentos de los jueces. Allí se explicarán los motivos de su fallo. El fiscal Nazar tendrá la posibilidad de presentar un recurso de casación ante la Suprema Corte.
El doble crimen generó impacto porque el autor era policía. Se creía que estaba relacionado a una guerra narco, pero para los pesquisas fue el robo del dinero lo que movilizó a Berdejo a dar el golpe.
El Vinchuca Guzmán y su mujer habían sido condenados en Chile por instalar una cocina de cocaína. Supieron mantener contactos con la mafia italiana a través de su hija Plaudina, casada con un capo de Milán, Salvatore Cuilla, muerto en prisión.
