La emblemática Ferruccio Soppelsa bajó las persianas de su local en el centro comercial de Guaymallén. Para muchos mendocinos, la noticia genera esa nostalgia propia de las marcas que han acompañado a varias generaciones.
Sin embargo, para una institución que está a punto de cumplir 100 años, los cierres y aperturas son parte de una gimnasia de adaptación que comenzó mucho antes de que existieran los centros comerciales.
De los Alpes a la calle General Paz
La historia comenzó en 1927, con la llegada primero a San Juan y luego a Mendoza de los hermanos Guerino y Pedro Soppelsa, trayendo la tradición heladera desde Forno di Zoldo, un pequeño pueblo al Norte de Italia, y la apertura del primer local, en la esquina de Avellaneda y Belgrano.
Posteriormente, con la llegada del resto de la familia para sumarse al proyecto, abrieron su segundo local en calle Las Heras. La marca se expandió rápidamente hacia otros puntos neurálgicos del microcentro mendocino.
Paralelamente la empresa familiar comenzó a innovar en el servicio de delivery, con pintorescos triciclos, y sus carritos de helado se fundieron con el paisaje mendocino, convirtiéndose en postales inseparables del Parque General San Martín.
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Luego llegaría la construcción de su tradicional local en la esquina de Emilio Civit y Belgrano, integrando estilo, arquitectura, equipamiento y más personal. Entre los años 70 y 80 se dieron más hitos, como la apertura de su sede de calle San Martín Sur en Godoy Cruz, donde instalaron su fábrica, con maquinaria italiana de última generación.
Artesanos del sabor
A pesar de la despedida de su punto de venta en Guaymallén, hoy la marca refuerza su posicionamiento, basada en productos artesanales sin conservantes, frutas naturales de estación, materias primas y leche de primera calidad, y cuidado del medio ambiente.
Con sucursales en Ciudad, Godoy Cruz, Guaymallén, Luján, Las Heras, Maipú y San Martín, hoy Soppelsa se posiciona como un “creador de momentos”. Así, aunque una persiana se baje en un centro comercial, el legado de la familia sigue presente en todos sus locales y, sobre todo, en la memoria emocional de los mendocinos que ven en un cucurucho un pedacito de su propia historia.
La nostalgia de este cierre da paso a la intriga de lo nuevo. Mientras el icónico logo de la heladería se retira del centro comercial, una nueva marca se prepara para ocupar el espacio disponible. Los próximos días serán clave para descubrir qué propuesta llegará para intentar conquistar el paladar de los mendocinos en ese mismo mostrador.
