La instrucción que se inició contra una organización que desviaba precursores químicos para la fabricación y estiramiento de cocaína en Mendoza llegó a su punto más importante hace pocos días, cuando la Justicia federal procesó con prisión preventiva y embargó a los siete detenidos con 1.700.000 de pesos a cada uno, basándose en las pruebas que trabajó durante un año personal de la Policía contra el Narcotráfico (PCN), dependiente de Investigaciones. Tal como reveló El Sol este miércoles, seis de ellos continúan en la cárcel federal y uno, de 19 años, recibió el beneficio de la detención domiciliaria.
La pesquisa que permitió el secuestro de 19 kilos de cocaína, cientos de dosis de medicamentos y otros elementos para la elaboración de la sustancia ilegal, se basó, principalmente, en trabajos de calle con identificación de sospechosos y escuchas telefónicas de estos mismos personajes.
El caso tiene a dos hombres señalados como los jefes de la organización y al resto de los sospechosos con marcados roles: el bioquímico con experiencia farmacéutica y con vasto conocimiento en la fabricación de medicamentos Luis Alfredo Brizuela y presunto narco llamado Carlos Gabriel De Felippe se encuentran en la cima de la estructura delictiva de acuerdo con la pesquisa de la PCN.
Estos, se desprende de la instrucción que está a cargo del juez federal Walter Bento, tenían fluido contacto a través de sus teléfonos celulares. Y Brizuela era quien presentaba, al mismo tiempo, relación directa con el dueño de la farmacia Salta, en Ciudad, Mario Francisco Mónaco, señalado como uno de los hombres que les vendía los elementos para la elaboración de la droga y los acopiaba en su casa de calle Ceretti de Godoy Cruz para evitar controles en su local comercial.
Carlos De Felippe trabajaba en una obra en construcción como albañil y era, para los detectives, el hombre que comercializaba la droga y el encargado de adquirir los precursores químicos. Lo hacía a través de un local comercial (se reserva su identidad). Y para eso contaba con la ayuda de su hermano Claudio David De Felippe; su esposa, Celia del Carmen Romero y su hijo Marcos. También era socio un hombre llamado César Eduardo Antonio Reta, quien se encontraba en el mismo domicilio del marcado jefe, en calle Rioja de Ciudad, cuando se realizaron los allanamientos iniciales, a principios de marzo de este año.
Llegar a confirmar en esta etapa del proceso judicial que los siete sospechosos tenían relación con la fabricación y posterior venta del estupefaciente en Mendoza y –se cree– también en Chile, no fue una tarea sencilla. Las escuchas telefónicas se transformaron en la prueba más importante de la causa.
Esos trabajos tecnológicos nacieron cuando la PCN trabajaba una causa narco y entró en escena José Luis Brizuela. Este hombre, domiciliado en calle José María Godoy de Las Heras, se comunicaba con Carlos De Felippe con el fin de elaborar sustancias estupefacientes. La relación entre ambos era constante.
Brizuela es bioquímico y trabajaba en una farmacia de la zona de calles Salta y Catamarca. Las escuchas comenzaron a vincularlo con el hecho cuando se refirió a un hecho de inseguridad que había sufrido en su domicilio y que le habían sustraído “frascos de marihuana”, señalando que, “insólitamente”, no se habían llevado un “ladrillote de la otra”. Para los pesquisas policiales, Brizuela hablaba de cocaína en los primeros pasos de los trabajos investigativos.
Fuentes judiciales y policiales contaron a este diario que De Felippe demandaba constantemente a Brizuela los elementos químicos para la fabricación del polvo blanco. Y que ambos participaban en ese proceso. “Te acordás de la muestra que te di los otros días…vos tenés idea de cómo se puede llegar a cristalizar”, le dijo De Felippe a su amigo. Y la pregunta fue: “¿Para qué, para poder romperlo?”. “Exactamente, para el enfermo, para que le quede”.
En otro tramo de la conversación, el señalado narco agregó en algún tipo de código: “Conseguime novio para eso también”, encontrando como respuesta de Brizuela: “Sí, estoy en eso, después te voy a mostrar unos mensajes”.
De los diálogos entre los presuntos jefes surgió que otros hombres requerían les sustancias a ellos para consumo y también empezaron a salir a luz los nombres de algunos productos utilizados para la elaboración de la droga, como “permanganato de potasio”, “L-Arginina” y “Cafeína”.
Además, empleaban ciertos términos o frases como “me pidieron una de las cositas para ya”; “me han encargado una de las cosas que vos tenés”; “a uno le dio fiebre, no puede ser, será presión”; “ahí te voy a convidar merca, para que veas lo que es, no es eso lo que vos tenés, esa mezcla es para corte”; y “tengo la muestra que me diste, la otra ahí nomás te hacía efecto”, entre otras.
Brizuela también hablaba con otros hombres del mundo del negocio de los químicos. Si bien no terminaron detenidos, se comprobó la existencia de maniobras de comercialización de la llamada droga de las fiestas electrónicas conocidas como raves, ketamina (anestésico disociativo; combina hipnóticos, analgésicos y amnésicos) y ededrina (broncodilatador).
Con relación a la efedrina, de las escuchas se desprende que Brizuela manifestaba que está valuada en “un millón cien mil el kilogramo” y que rendiría “para seis o siete” kilos. Además, el bioquímico hablaba con el dueño de la farmacia Salta –Mónaco–sobre la confección de recetas y algunas irregularidades en la preparación de medicamentos y tenencia de “lidocaína, cafeína y mazindol”. Este último producto es un estimulante de efecto similar a las anfetaminas.
Justamente, entre Brizuela y Mónaco las charlas también eran fluidas. En una de las más importantes hablaron de las sustancias que necesitaban para la elaboración. Mónaco, se desprende de las escuchas, le ofreció a Brizuela, a través de un contacto en Buenos Aires, la droga fentanilo en lugar de ketamina. Ambos además hablaron sobre las operaciones de venta de lidocaína y otras sustancias. “¿A cuánto la estás vendiendo?”, preguntó Brizuela. “A 17.000 el kilo”, respondió Mónaco.
El fentanilo es un opioide sintético que es hasta 50 veces más fuerte que la heroína y 100 veces más fuerte que la morfina. Es un considerable factor contribuyente a las sobredosis mortales en EEUU, se desprende de páginas relacionadas con la medicina. Es más, en los últimos años se ha transformado en la droga más consumida en algunos estados de ese país, sobre todo en jóvenes.
En las escuchas del año pasado, mientras la instrucción estaba en su punto de ebullición, antes de los allanamientos de marzo, se incorporaron como pruebas otras escuchas entre Brizuela y De Felippe sobre los elementos químicos que manejaban. Básicamente, el señalado narco le pide a Brizuela “”un erlenmeyer para hervir, colorantes y estearato de potasio y de magnesio“, se desprende de la causa.
Las medidas
El domicilio de Carlos De Felippe fue uno de los primeros en ser allanados por la PCN. Lo tenían marcado desde hacía meses, debido a que allí estimaban que se encontraba una de las cocinas de la cocaína, es decir, uno de los lugares donde la preparaban y/o estiraban.
Cuando llegaron los policías, De Felippe y su socio Reta estaban en la cocina manipulando las sustancias que buscaban, es decir, pastillas, bolsas, frascos, polvos de colores y cocaína, entre otros. “La mujer de De Felippe se encontraba en la casa. La mayoría de los elementos estaban en la cocina de la casa, sobre la mesada”, describió un efectivo que declaró en el expediente.
Por su parte, Brizuela también quedó complicado cuando los efectivos ingresaron a su domicilio de calle José María Godoy de Las Heras. Tenía 1,299 kilogramos de clorhidrato de cocaína y cientos de patillas de diferentes colores en frascos plásticos con etiquetas que rezaban Maxindol, Parafarm, Magistral (podría ser de una farmacia donde trabajó), Melisa, Magel SA y una bolsa de nailon con la inscripción Tadala que contenía pastillas amarillas.
Mónaco tenía en su material, que se transformó en determinante para peritajes, tres tachos conteniendo cafeína anhidra, ácido clorhídrico y cianuro de plata, entre otras cosas. Su farmacia también fue allanada. Había medicamentos de dudosa procedencia y también más de 2 kilos de cocaína después de ser estirada.
Claudio De Felippe, de 42 años, sería el hombre que acopiaba la sustancia ya fabricaba. También, encargado de las ventas con Reta. En su casa del barrio 1 de Setiembre de Las Heras dieron con 17 kilos de cocaína en 18 ladrillos.
