Lucas Dimura Cimino tenía 23 años y se hallaba condenado en el penal de Cacheuta, Luján, por robo agravado por ser cometido en poblado y en banda en grado de tentativa. 

Llevaba tres años y cinco meses en condición de encierro y fue derivado hace no mucho tiempo a uno de los sectores liderados por uno de los homicidas más temidos del penal, involucrado directamente en su momento con el descuartizamiento del reo Sergio Norberto Salinas, en diciembre del 2004, en la prisión de Boulogne Sur Mer, Ciudad, un caso que generó fuerte impacto en la provincia.

Más allá de eso, el viernes por la mañana, Dimura fue asesinado en uno de los módulos llamados “de admisión” de la cárcel de Almafuerte.

Los investigadores que trabajaron en el caso incautaron después del suceso lo que sería “el arma homicida” e iba a ser peritada en los próximos días. Se trata de una toalla que habría sido utilizada para asfixiar a la víctima.

El caso quedó en manos del fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello desde los primeros minutos y, en las últimas horas, el sospechoso fue identificado e imputado por el delito de homicidio simple.

Se sabe que primero hubo discusiones y luego, pelas entre tres internos que compartían la misma celda y esto habría sido el desencadenante del asesinato. 

El presunto autor del crimen fue identificado como Juan Gabriel Ortiz Hidalgo, también preso por robo agravado. Un testigo directo del hecho lo marcó en el expediente. Lo apodan 30, por la celda donde purgaba su pena, y quedó aislado en el sector 5.3 del módulo 5, de máxima seguridad. 

La reconstrucción sostiene que la relación entre Dimura Cimino y Ortiz Hidalgo no era buena. Horas antes del homicidio “discutieron por un porro” y pasaron la noche en la celda como lo hacían desde hacía un tiempo. Allí también dormía un tercer sujeto. 

Los testigos sostuvieron que, unos minutos antes de las 7, el personal penitenciario se encontraba en condiciones de realizar el recuento matutino del Ala 2 del pabellón 6, cuando detectó que se estaba produciendo una riña entre dos de los presos del calabozo número 30. 

Al parecer, los cruces se prolongaron durante toda la noche hasta que Ortiz Hidalgo tomó una toalla y la pasó por el cuello de la víctima.

Cuando todo era gritos y desesperación, los guardiacárceles abrieron las rejas y detectaron a dos internos luchando cuerpo a cuerpo y a un tercero, tendido sobre una cama. A simple vista, observaron que se encontraba sin vida. 

Los que peleaban eran el amigo de la Dimura y testigo del crimen con el presunto agresor. Ambos fueron derivados al sector de Sanidad y luego los médicos del penal constataron la muerte del joven de 23 años. 

Una vez controlada la situación, personal policial de Científica e Investigaciones trabajó en la búsqueda de pruebas.

Así se supo, gracias a la declaración del testigo, que el móvil sería una pelea por un cigarrillo de marihuana y que el homicida habría utilizado una toalla para ahorcar a su compañero de celda.