Arriba: el calabozo de la Comisaría 25ª, hace unos años. Abajo, dos de los buscados y el boquete.

Las cámaras de seguridad del calabozo donde estaban alojados los tres detenidos que se fugaron de la Comisaría 25ª de Guaymallén a través de un boquete la semana pasada no se encontraban en funcionamiento al momento del escape.

Este dato clave, que se conoció en las últimas horas, motivó que la Inspección General de Seguridad (IGS) elevara un informe a la Justicia para determinar las razones de esta irregularidad, debido a que podrían haber sido esclarecedoras para contrastarlas con la versión inicial e informal que dieron los cuatro policías que se encontraban en la guardia cuando se produjo la evasión.

Desde la dependencia explicaron que los aparatos estaban instalados, pero no se encontraban operativos debido a que la Justicia había requerido los discos rígidos y el DVR meses atrás, dejándolas inoperantes.

Sin embargo, la IGS intenta determinar administrativamente si esta versión es verídica y si efectivamente los dispositivos llevaban entre cinco y seis meses sin funcionar, como indicaron las autoridades de la seccional al ser consultadas.

La falta de grabaciones dificultó la reconstrucción precisa de los hechos ocurridos durante la madrugada del miércoles de la semana pasada, cuando Luis Alberto Berrios Morales (38), Eduardo Jerónimo Sosa Amaya (18) y Juan Manuel Safie Abaca (37), acusados por diversos delitos contra la propiedad y uno de ellos por manejar una moto con pedido de secuestro por robo, lograron abrir un boquete en una pared del calabozo y fugarse sin ser advertidos por los efectivos de turno.

El último control fue realizado a las 3 del miércoles 26 de febrero, unas tres horas y media antes de que se detectara la fuga.  

Además, los investigadores intentan establecer por qué los detenidos se encontraban en el espacio común del calabozo entre las celdas, en lugar de permanecer encerrados sin tanto movimiento.

Según lo informado, los agentes afirmaron que los hacían rotar debido al calor en el sector, así podían tomar contacto con el agua que se le suministraba a través de un precario sistema de suministro que humedeció las paredes y permitió que lo sujetos hicieran un boquete quitando un par de losetas.

Las irregularidades en la custodia derivaron en una investigación y en el inicio de una ronda de declaraciones a partir del 15 de este mes. Los uniformados que estaban de servicio en el momento de la fuga deberán comparecer ante las autoridades de la IGS, a cargo de Marcelo Puertas, para conocer su versión del hecho.

El objetivo, detallaron fuentes consultadas por El Sol, es intentar esclarecer lo ocurrido y determinar si hubo negligencia o algún otro tipo de responsabilidad en la evasión de los tres sujetos.

En tanto, el paradero de los evadidos sigue siendo desconocido a pesar de los trabajos investigativos que se iniciaron para intentar recapturarlos. Se supo que uno de ellos habría manifestado su intención de entregarse pocas horas después de la fuga, pero hasta este jueves eso no había sucedido.

El detalle de los tres detenidos

  • Luis Alberto Berrios Morales: argentino, nacido en Mendoza el 27 de mayo de 1986, soltero, alfabeto, changarín, con domicilio en el barrio Paraguay de Guaymallén. Vestía al momento de la fuga bermuda color gris, una camisa jeans azul y naranja y un par de zapatillas color blanca. Mide 1,72, es tez trigueña, delgado, cabello castaño oscuro.
  • Eduardo Jerónimo Sosa Amaya: argentino, nacido el 6 de junio del 2006, soltero, analfabeto, changarín, con domicilio en calle San Miguel de Los Corralitos, Guaymallen. Vestía bermuda gris oscura y remera manga corto azul, mide 1,75.
  • Juan Manuel Safie Abaca: argentino, nacido en Mendoza el 12 de agosto de 1987, soltero, alfabeto, albañil, con domicilio en calle Reconquista de Godoy Cruz. El mismo vestía al fugarse una campera jeans celeste, camisa negra, pantalón jeans negros y zapatos negros. Mide 1,87 de altura y es delgado, de tez trigueña, ojos marrones y cabello negro.