Es más que probable que la Comisaría 25ª de Guaymallén continúe recibiendo con el paso del tiempo detenidos de la zona oeste y este del departamento a pesar de la fuga de tres malvivientes el miércoles por la mañana. Tanto es así, que horas después escasas decisiones se tomaron o ventilaron pero algunos aprehendidos fueron derivados hasta el edificio ubicado sobre calle Francisco de la Reta.
Fue un “acá no ha pasado nada” y comenzaron a trabajar con las áreas específicas como Investigaciones o Inteligencia Criminal para intentar recapturarlos lo más pronto posible. Vendrá la foto de los sujetos volviendo a ser introducidos nuevamente en una celda si es que logran el éxito esperado y se escribirán nuevas crónicas hablando de sus imputaciones.
El escape de los tres delincuentes expuso, una vez más, las deficiencias del procedimiento de detención en Mendoza. Ocurrió mientras los efectivos que debían custodiar a los internos dormían y puso en relieve realidades que se vienen ignorando desde hace décadas: el colapso laboral policial y la precariedad de las instalaciones de muchas de las dependencias del Gran Mendoza, las que presentan mayor actividad con ingreso y egreso de detenidos. También la falta de compromiso del Ministerio Público con sus auxiliares en oficinas fiscales, o la Justicia en general, que muchas veces mira para otro lado y demora resoluciones de trasladados de detenidos que evitarían colapsar aún más el sistema.
Según trascendió, los delincuentes aprovecharon la humedad en las paredes de los calabozos para desprender un par de ladrillos tipo loseta y abrir un boquete de pequeño tamaño durante la madrugada. Este método rudimentario reveló el deterioro extremo de la infraestructura en la que mantienen a los reclusos, pero también dejó en evidencia el abandono de la fuerza policial, cuyos integrantes, agotados por jornadas laborales interminables, se ven obligados a recurrir a servicios extraordinarios para sobrevivir en un contexto de crisis económica y presentan poco descanso.
Esto no es una novedad y viene estando en la agenda de las autoridades que trabajan en temas de seguridad desde hace años. Más allá de esa situación que exponen varios uniformados, los policías que tenían la responsabilidad de custodia deberán responder con sanciones por el incumplimiento que mostraron. Es parte del compromiso que asumieron cuando juraron ser agentes.
El pequeño boquete que hicieron los detenidos para fugarse de la Comisaría 25ª
Tres detenidos fugados de una comisaría y un posterior malestar generalizado en el Ministerio de Seguridad. Preocupación de policías que aseguran que no descansar lo suficiente y el viejo reclamo de falta de recursos que vuelve a estar bajo análisis. La…
El episodio generó preocupación social y también en el Ministerio de Seguridad, que reaccionó la misma jornada de la huída con la solución más básica: tapar el hueco con cemento y reforzar la vigilancia. Pero el problema de fondo persiste. Algunas comisarías no están preparadas para alojar detenidos por largos períodos, y la sobrepoblación carcelaria obliga a las autoridades a improvisar espacios de detención en lugares que no cumplen con los mínimos estándares de seguridad.
Las rejas del calabozo de la 25ª, de acuerdo con las imágenes a las que accedió El Sol, están todas oxidadas al estar expuestas en un patio interno. Y no sólo eso: la técnica empleada de suministro de agua atravesaba ese sector ingresando por la pared, ablandando cualquier tipo de material de construcción.
Este tipo de evasiones no solo ponen en riesgo la seguridad ciudadana, sino que también reflejan la falta de planificación en materia policial. No es la primera vez que delincuentes escapan de una dependencia con recursos insuficientes (el año pasado se fugó de ese mismo edificio una mujer acusada de intento de robo), y, si las condiciones no mejoran, no será la última.
Quiénes son los tres malvivientes que escaparon de la Comisaría 25ª tras hacer un boquete
La búsqueda se intensifica a medida que pasan las horas. Eduardo Gerónimo Sosa Amaya, acusado de robo agravado; Luis Alcorta Berrios Morales, privado de la libertad por robo simple; y Juan Manuel Safie Abarca, detenido por tentativa de robo, todos a…
Mientras los policías sigan trabajando y naturalizando estrés extremo y las estructuras edilicias permanezcan en ruinas, la posibilidad de nuevas fugas es una amenaza latente. Una combinación explosiva. De todas formas, el accionar de los efectivos que estaban de guardia expuso a sus superiores para que también tengan que dar explicaciones en la cadena de mando.
El cemento puede tapar un boquete, pero no una crisis estructural que viene gestándose desde hace años. Sin esa reforma profunda que buscan los policías, que contemple mejoras salariales y capacitación, así como la construcción de establecimientos adecuados para la detención, como pasó con la Comisaría 15ª de Tunuyán y Séptima de Godoy Cruz, que tuvieron nuevos edificios porque los antinguos se venían abajo, este tipo de hechos seguirán ocurriendo. Y con cada fuga, la confianza en el método empleado para combatir la seguridad se desmorona, ladrillo a ladrillo.
