Dos secuestros millonarios de marihuana entre noviembre del 2021 y enero de este año y las detenciones de una mula y un acopiador-vendedor de los estupefacientes. Entrecruzamiento de datos entre policías y la captura, luego, de un señalado jefe narco con base en los departamentos del Gran Mendoza y también en la zona de El Carrizal.

El resultado de los trabajos fue contundente: desarticularon parte de una megabanda que operó durante años en la provincia.

La detención de Jonathan Gustavo Alfredo Moyano, se produjo el 3 de este mes en una vivienda de la manzana A del barrio Aluminé, en El Carrizal de Abajo, en Luján.

El procedimiento de la Policía Federal fue desarrollado bajo estricto hermetismo porque la causa no estaba terminada.

A pesar de esto, El Sol accedió a los trabajos investigativos que permitieron encaminar una instrucción que, prima facie, resultaba compleja.

Este hombre nacido el 12 de mayo de 1986 es conocido como el Tuerto –le falta el ojo izquierdo– y por estas horas permanece en la cárcel al estar sospechado de ser el dueño de los panes de marihuana que le incautaron policías de Mendoza a dos personajes que trabajaban para él según demuestran las investigaciones que están en manos de la Justicia federal.

Llegar a la detención del Tuerto Moyano no fue una tarea sencilla. Policías federales irrumpieron en su domicilio luego de confirmar con pruebas la pesquisa que habían iniciado el año pasado.

Sostienen que comercializaba estupefacientes en la Triple Frontera –Godoy Cruz, Luján y Maipú– y también en el Sur provincial –Malargüe y San Rafael– y que estaba acompañado por diversos personajes del hampa, entre ellos, algunos familiares que habitan en Las Heras.

Quienes conocen a Moyano lo describen como un hombre de extrema violencia y que se movilizaba armado. Su agresividad fue detectada durante los seguimientos que le realizaron a la banda durante meses, ya que, en una oportunidad, creen que incendió los domicilios de unos conocidos que le debían 25.000 pesos. Estuvo preso hasta hace pocos años y comenzó a ser “espiado” por los detectives durante el 2021.

Lo marcaron como el principal eslabón del Clan Moyano, como bautizaron parte de la pesquisa, por las relaciones con algunos familiares en el mundo de la narcocriminalidad.

Comprobaron que era el cabecilla porque se encargaba de adquirir los estupefacientes para su posterior comercialización, a través de sus conocidos, en el norte del país y también hacía “punta” en sus vehículos durante los trasladados de la droga, para limpiar la zona de posibles rivales o policías.

Justamente, cuando la investigación federal sumaba indicios fuertes en noviembre del año pasado, policías de la Unidad Especial de Patrullaje de Las Heras (UEP) le frenaron el paso el lunes 8 por la noche a un hombre de 52 años que circulaba al mando de un VW Bora blanco por la zona del barrio 20 de Julio.

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Los efectivos advirtieron que el conductor realizaba maniobras sospechosas con otro vehículo que circulaba delante de él y decidieron identificarlo.

Cuando finalmente le dieron alcance, el sospechoso, identificado como Hugo Andrada, hizo caso omiso a la orden e intentó darse a la fuga con la ayuda del otro sujeto que hacía punta. No lo consiguió y procedieron a arrestarlo.

Al requisar el vehículo dieron con la sorpresa de que transportaba 21 ladrillos de marihuana compactada que pesaron 20,460 kilogramos.

Con el paso de las horas surgió que el otro sujeto le marcaba el camino para transportar el cargamento hasta el barrio Tres Estrellas, de Godoy Cruz, donde otros integrantes de la banda acopiaban y fraccionaban. Andrada tenía domicilio en ese complejo.

Este otro hombre –surge de los trabajos de campo y las escuchas telefónicas–, era el Tuerto Moyano y lo hacía al mando de un Peugeot 308 también blanco.

Fuentes policiales contaron a El Sol que custodiaba la mercadería y que el destino final era ser enfriada en la propiedad de otro personaje que estaba vinculado a la banda.

La incautación de los 20 kilos generó un fuerte malestar en el Tuerto Moyano, a tal punto que comenzó a utilizar su teléfono celular para hacer llamadas.

Y se comunicó directamente con un familiar directo de Hugo Andrada, quien no fue detenido en la causa pero está sospechado de participar activamente en los trabajos delictivos, para expresarle su preocupación.

Pasaron más de dos meses para que se produjera la segunda detención de un presunto miembro de la banda.

Fueron efectivos de la Unidad Investigativa de Godoy Cruz (UID) los que sorprendieron a Andrés Javier Salas (38), otro de los sospechosos que se encontraban bajo las órdenes del Tuerto para el acopio y la distribución de la marihuana, en una propiedad de la manzana O del barrio Tres Estrellas.

Los efectivos investigaban un robo agravado por el uso de arma de fuego, por lo que desplegaron allanamientos en el citado complejo y también en el La Gloria y el Praderas del Trapiche.

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En el Tres Estrellas capturaron a Salas, conocido como Yeyé, con una pistola calibre 9 milímetros marca Bersa, un par de cargadores con municiones, tres balanzas digitales, plantas de cannabis (peso total 9,650 kilogramos), 19.500 pesos, cuatro teléfonos celulares, 334 gramos de cocaína y lo más contundente: 33 ladrillos de marihuana que hicieron un peso total de 23,900 kilogramos. En el domicilio también se encontraba su pareja, de 27 años. 

Un cuaderno con anotaciones varias que hallaron los policías en la propiedad también sirvió para confirmar las sospechas de comercialización de drogas.

Mientras todo esto sucedía, los efectivos federales tenían identificados a todos los integrantes de la organización.

Con Hugo Andrada preso desde principios de noviembre y la captura del Yeyé Salas, apuntaron directamente al señalado líder.

Así fue como, poco más de un mes después, la noche del 3 de este mes, el Tuerto Moyano fue sorprendido en su vivienda ubicada en El Carrizal de Abajo.

Quedó a disposición de la Justicia federal y le endilgaron la vinculación directa con los millonarios secuestros de los panes en Las Heras y Godoy Cruz.