Rojas tenía 48 años y pasado carcelario.

La fiscal de Homicidios Andrea Lazo tuvo un turno movido la semana pasada. Al menos cinco hechos de sangre -la mayoría fatales- ocurridos en Luján, Godoy Cruz, Capital, Las Heras y Guaymallén comenzaron a ser instruidos en su fiscalía con el objetivo de determinar responsabilidades.

Uno de esos casos sucedió el sábado por la noche en el popular barrio Parque Sur y tuvo como víctima a Marcelo Javier Rojas, un hombre de 48 años que recibió un balazo en la cabeza.

Se creía que estaban frente a un asesinato durante una pelea entre conocidos, por los primeros pasos que presentó la pesquisa con análisis forenses y declaraciones testimoniales, pero con el paso de las horas la causa presentó un giro de 180 grados y la investigadora concluyó que están frente a un suicidio, por lo que el expediente terminaría en el archivo.

La reconstrucción del hecho que encaminó inicialmente la hipótesis hacia un homicidio, sostiene que un hombre que pasaba en su auto por la zona de calles Montes de Oca y Lamadrid de Godoy Cruz y observó a un joven que solicitaba ayuda.

En el piso yacía un hombre baleado en la cabeza y la persona que se encontraba en shock a su lado era su hijo. Debido a esto, frenó la marcha y ayudó a trasladar al herido hasta el Hospital Lencinas.

Sin embargo, los médicos de la guardia no pudieron salvarle la vida y constataron el deceso. El hijo de la víctima habló con los detectives y dijo que había peleado con un hombre llamado Jorge Barloa cuando su padre intentó interceder. Agregó que el sujeto sacó un arma de fuego y le disparó a su padre en la cabeza.

Pero todo cambió con las primeras declaraciones. Nunca hubo una pelea entre estas dos personas y concluyeron que el citado Barloa no tenía nada que ver con el hecho, contaron fuentes judiciales. Es más, por lo que aportaron los nuevos testigos, señalaron que Rojas, quien tenía un frondoso prontuario, pasado carcelario y antecedentes de querer quitarse la vida, fue quien se disparó con un arma que portaba.

Lo que llamó la atención de los pesquisas es que el arma nunca fue encontrada. Además, los forenses y Policía Científica detectaron que presentaba restos de pólvora en su mano izquierda. El proyectil ingresó por la ceja derecha y se incrustó en la cabeza de la víctima. Esto tampoco cerraba para los detectives, debido a que era casi imposible que disparara un arma realizando este tipo de maniobra.

A pesar de las dudas que reinaban en la instrucción, un estudio forense ayudó “cerrar” la hipótesis de suicidio. Al parecer, la nueva versión sostiene que el hijo de la víctima discutió con algunos parientes de su novia durante una juntada y su padre sacó un arma para amenazarlos. Recibió algunos golpes y hubo una especie de forcejeo con algunos de los presentes. Momentos después, se habría disparado en la cabeza.