Elizabeth Ventura está detenida desde el 10 de octubre del 2019. La acusan de contratar a un sicario y mandar a matar a su esposo, el médico jubilado León Domingo Burela (64), en abril de ese año. Esta mujer habría contado con la ayuda de una amiga íntima, la vidente Mónica Castro, quien es conocida por los detectives como “la bruja”, para idear el plan y facilitar el ingreso del homicida a la propiedad del barrio Kolton, de Las Heras, donde vivía la pareja.

Ambas sospechosas deben ir a juicio por jurados a partir del 26 de setiembre y arriesgan la pena de prisión perpetua si son halladas culpables.

En las últimas horas, luego de que se ventilara un fallo de la Suprema Corte que les permitió a los hijos del matrimonio ser querellantes durante el proceso –a pesar de la negativa de la fiscal de la causa, Claudia Ríos, quien entiende que no acompañan la hipótesis del Ministerio Público–, se conoció que Ventura fue denunciada este miércoles por acoso sexual y amenazas de muerte contra otra interna en la cárcel de mujeres de Cacheuta.

Justamente, fue una condenada por estafa del sector B la que realizó la presentación, primero, ante el Servicio Penitenciario (el 25 de agosto) y, después, en sede judicial, luego de que su abogado, Nicolás Segovia, tomara contacto con la situación.

De acuerdo con fuentes judiciales, la denuncia recayó en la Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual tras ser recepcionada en la UFI de Homicidios y en las próximas horas habrá citaciones para comenzar con las testimoniales.

Primero la interna envió un escrito a la jefa de seguridad de la Unidad III de Cacheuta. De esta forma, puso en conocimiento a la penitenciaría sobre una grave denuncia de amenazas y acoso sexual contra Elizabeth Ventura.

Describió que uno de los hechos ocurrió el 23 de agosto durante una reunión entre varias presas. Allí conviven desde imputadas hasta condenadas. Aseguró que, frente a todas las presentes como testigos, Ventura se le acercó varias veces y le dijo que la iba a matar, aclarando que hablaba de “ahorcar”. Y agregó que colocó sus manos en posición de intentar hacerlo.

Además de las amenazas, denunció que cohabitaban en el mismo sector y que en reiteradas oportunidades, sin su consentimiento, se le metía en la cama con la excusa de que “iba a cuidarla o contenerla” mientras le tocaba la espalda y los pechos de “una manera inapropiada”.

En la presentación señaló que le tocaba otras partes del cuerpo, como la cabeza y le besaba la frente y el cuello mientras sostenía sus manos. Explicó al Servicio Penitenciario que no había hablado antes por temor a sufrir algún ataque contra su integridad física.

La mujer que contó lo que estaba viviendo también detalló que, al llegar una nueva compañera al sector, Ventura tuvo un cambio notorio en su persona, inclusive, con las otras internas. Dijo que se desnudaba, se orinaba encima e insultaba de manera alterada. Sosteniendo que invitó a la nueva “compañera” a que se acostara con ella porque “necesitaba mimos”.

La denuncia generó un fuerte impacto en la Justicia porque el debate por el homicidio de Burela está pronto a desarrollarse. Será por jurados, a partir del 26 de setiembre. Debido a esto, se espera que los investigadores comiencen con la incorporación de pruebas en las próximas horas.

Ejecutado

El asesinato del médico sucedió el lunes 15 de abril por la mañana. Minutos después de las 11, la víctima se encontraba sentada en un sillón viendo televisión cuando fue sorprendida por el homicida.

Burela recibió 4 balazos, el letal le impactó en la parte superior del cráneo. Para los detectives, el hombre que ingresó a la propiedad del barrio Kolton o 25 de Setiembre iba con el claro objetivo de matar.

Cuando trabajó Policía Científica, notó que el domicilio no estaba revuelto, como en las típicas escenas de robo. Además, el cadáver no presentaba desplazamiento alguno, por ende no se movió en los instantes previos a ser asesinado ni tampoco su cuerpo fue acomodado post mortem.

Otra situación que generó dudas entre los pesquisas fue que, al momento en que el malviviente entró a la propiedad, los tres ingresos a la casa se encontraban abiertos.

Esto resulta extraño a partir de las afirmaciones de familiares de Burela horas después del crimen, quienes indicaron a El Sol que el hombre “estaba obsesionado con la inseguridad” debido a dos robos que había sufrido años atrás, razón por la cual estaba atento a cada salida de los integrantes de su familia para que las puertas permanecieran cerradas.

Los vecinos que fueron testigos auditivos e indirectos del crimen afirmaron que, tras escuchar las detonaciones de arma de fuego, observaron a un sujeto de prendas oscuras salir de la casa a paso acelerado. A pesar de las descripciones, nunca pudieron identificarlo.

Cuando declaró ante la fiscal Ríos, la mujer de Burela dijo que le faltaban dos alianzas, un anillo cintillo, un dinero que habían cobrado del alquiler de un departamento, 15.000 pesos en efectivo que habían sacado del cajero y dos armas de fuego: una pistola 9 milímetros y otra calibre 22. De estos elementos, sólo se pudo comprobar el faltante de las armas.

Para los detectives, Mónica Castro fue la mujer que puso en contacto a su amiga Ventura con el hombre que llevaría a cabo el plan de matar.

Con el paso de las semanas, descubrieron que la vidente había realizado algunos “trabajos de brujería” para que a los pesquisas les resultara imposible resolver el caso.

Así lo determinaron luego del allanamiento realizado en la de la sospechosa, donde encontraron botellas con papeles y los nombres de policías y hasta de la fiscal de la causa.