La Dirección General de Escuelas comenzó esta semana con la segunda medición del Censo de Fluidez Lectora 2026 destinado a todos los estudiantes de primaria y secundaria. Este operativo busca diagnosticar y evaluar las habilidades lectoras de más de 300.000 estudiantes.

Se trata de una herramienta valiosa para el sistema educativo provincial que tuvo los primeros resultados del año durante abril, cuando se evidenció una mejoría respecto a la última evaluación del 2025, aunque aún por debajo de los niveles óptimos, sobre todo en primaria.

Esa evaluación mostró mejoras en los procesos de interpretación y obtención de información. Hubo menos estudiantes en niveles críticos y más en niveles avanzados. Pero la nota negativa fueron los estudiantes de primaria, sobre todos los de los primeros años. Casi el 19% comenzó el ciclo lectivo en estado crítico.

En el medio, las escuelas de Mendoza también participaron de las pruebas internacionales PISA que también fueron ilustrativas sobre la situación adversa de la lectura en los alumnos. En ese caso participaron 2.092 alumnos de 75 escuelas (la medición fue el año pasado pero los datos se conocieron ahora). El coeficiente en Lectura cayó respecto a la última medición de 2023. También fue negativo el valor en Matemáticas y Ciencia, aunque todos por encima del promedio nacional.

La expectativa de mejoras

La expectativa del Gobierno es que los resultados de esta medición, que se van a saber antes del fin del ciclo lectivo, van a ratificar esta tendencia de mejoría en los niveles de lectura.

El director de Evaluación de la Calidad Educativa, Leandro Videla, señaló: “Los resultados en abril fueron bastante prometedores, porque encontramos que las brechas que se fueron achicando respecto de las del año pasado. Creemos que en esta segunda medición vamos a obtener mejores resultados . Lo importante de medir periódicamente para poder aplicar mejoras y que los estudiantes puedan comprender y leer mejor cada vez que son evaluados“.

Sin embargo, asumió que “siempre hay puntos de mejora“, porque que las brechas se vayan achicando no significa que sigan siendo “importantes“.

“Buscamos llevar a nuestros alumnos a un nivel avanzado y satisfactorio de lectura. Por suerte las brechas se achicaron pero los desafíos siguen estando. De alguna manera, con los censos y las distintas herramientas pedagógicas aplicadas desde la Dirección de Planificación y los equipos directivos, las familias y demás; vamos a la mejora y vamos a tener cada vez mejores resultados“, aspiró.

También asumió la relevancia del desafío de la alfabetización con chicos tan acostumbrados a las pantallas. “Sabemos que son nativos digitales, pero es un proceso que hay que darlo. Lo importante es promover el tiempo de lectura tanto en la escuela como en la familia“, indicó. Advirtió que mejorar la compresión lectora los ayuda también en matemáticas.

“Esperamos tener los resultados para que puedan ser analizados después en las jornadas de febrero por los equipos directivos, y ahí aplicar las herramientas pedagógicas y poder apoyar a nuestros estudiantes para que puedan fortalecer el aprendizaje“, concluyó.

Cómo se realiza la medición

A cada estudiantes se le provee un texto para leer y hay un aplicador que va contando la cantidad de palabras por minuto que leen los estudiantes.

En la medición también están atentos al nivel de prosodia, es decir, las pausas, los signos de puntuación y cómo se va desenvolviendo la lectura. En base a todo eso se asigna un puntaje que se le da al estudiante.

Son en total 310.000 estudiantes los que están rindiendo en unas 1.200 escuelas de primaria y secundaria.