Otra vez, un extranjero que se había establecido en nuestra provincia para buscar un mejor porvenir fue asesinado producto de la inseguridad.
A comienzos de marzo, el venezolano Jean Carlos Sosa fue ultimado por delincuentes que le sustrajeron su vehículo en Ciudad; mientras que hace cuatro días, Ariel Oropeza Acuña, oriundo de Bolivia, corrió con el mismo destino durante un robo domiciliario en Lavalle.
Pese a que ambos homicidios fueron cometidos con kilómetros de distancia y bajo diferentes modalidades, existe una relación entre los presuntos autores. Por el último hecho fueron detenidos el viernes Matías Gustavo Herrera (20) y Diego Iván Bazán (28).

Este último era conocido por los detectives policiales, ya que contaba con varios antecedentes por delitos contra la propiedad. Incluso, Bazán había salido de prisión hace poco tiempo: el 28 de marzo, la Justicia le otorgó la prisión condicional por la pena que estaba purgando por una serie de asaltos, por lo que fue capturado en el 2017.
Por aquel entonces, Bazán delinquía bajo el ala de Gustavo Ariel Gutiérrez Farfán (38), quien estuvo acusado de liderar una gavilla que cometió varios atracos domiciliarios y robos de autos en las zonas de Las Heras, Lavalle y Guaymallén, entre el 2016 y comienzos de 2017.
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Justamente, la banda del Kakaroto se formó con viejos integrantes del Clan Castillo, una conocida organización delictiva de El Algarrobal que, por aquellos años, había sido desbaratada por la detención de sus principales cabecillas, los hermanos Ríos Castillo: Marcelo Alejandro, apodado el Gringo; Sebastián Emiliano, conocido como el Chato y Cristian Eduardo.
Este último se encuentra con pedido de captura por el asesinato de Jean Carlos Sosa. Ese hecho de sangre, ocurrido en la Cuarta Sección, marcó el regreso del Clan Castillo, ya que los tres sospechosos que se encuentran detenidos están vinculados a la gavilla familiar.
Uno de ellos es Maximiliano José Castillo González (23), quien es sobrino del Negro Ríos Castillo. Al mismo tiempo, otro de los acusados, Walter Daniel el Gordo Díaz (25), quien tiene entre sus antecedentes una condena por abuso sexual a una niña de cinco años, mantenía una estrecha relación con Diego Bazán.
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Básicamente, gran parte de los protagonistas de dos de los hechos de inseguridad que terminaron en muerte este año en la provincia tienen su origen en la peligrosa gavilla de El Algarrobal.
Así, pese al paso de los años y las numerosas detenciones, el Clan Castillo continúa sumando víctimas y dolores de cabeza para las autoridades de la seguridad.
Lo cierto es que Bazán y Herrera fueron imputados el fin de semana por la fiscal de Homicidios Andrea Lazo por homicidio criminis causa, delito que prevé como única pena la perpetua.
El robo de $100.000 y las pruebas
Todo comenzó el miércoles cuando, cerca de las 21 cinco malvivientes llegaron a bordo de una Renault Kangoo roja a un domicilio del lote 17 del barrio Los Olivos, en Lavalle.
En el interior se encontraba Oropeza, quien llevaba varias horas consumiendo bebidas alcohólicas con su tío, con quien estaba residiendo desde enero, cuando llegó a la provincia.
Justo en ese instante, su familiar estaba en el baño, por lo que tres de los delincuentes abordaron al joven y le exigieron dinero. Oropeza se resistió al accionar de los maleantes y sufrió un balazo en el abdomen.
Acto seguido, los autores le sustrajeron 100.000 pesos que el chico había ahorrado desde que comenzó a trabajar como jornalero en Mendoza.
Cuando se estaban dando a la fuga, el tío de la víctima salió del baño, alertado por la detonación del arma de fuego, y observó a los asaltantes cuando se daban a la fuga y encontró a su sobrino herido.

El joven fue trasladado al Hospital Sícoli por su pariente, pero, cuando lo asistieron los médicos, ya estaba sin vida.
En tanto, el tío de la víctima aportó los nombres de Herrera y de los hermanos Diego y Martín Lucas Bazán, a quienes conocía previamente y los marcó como los autores del hecho de sangre.
Con ese testimonio y otras pruebas, el viernes se realizaron allanamientos en domicilios del barrio Jorge Newbery, en El Algarrobal, donde están domiciliados los sospechosos.
En una casa de la manzana A cayó Diego Bazán, a quien le secuestraron $139.400 en billetes y dos pistolas Bersa calibre 22, ambas con municiones.

Mientras que en la otra propiedad, del lote 17, detuvieron a Herrera y le secuestraron una pistola 9 milímetros con inscripción de la Policía Federal, un revólver calibre 32, una bolsa con municiones y un handy marca Motorola, que suele ser utilizado como inhibidor de señal de alarmas de vehículos.
Los elementos hallados en las medidas judiciales resultaron clave para la investigación, ya que el cotejo balístico dio positivo para una de las armas incautadas.
Asimismo, se espera el cotejo genético a prendas con manchas hemáticas que fueron habidas en los procedimientos. Tras la captura, ambos fueron imputados y se ordenó su inmediato traslado a prisión.
En tanto, los pesquisas continúan con la búsqueda de Martín Bazán y la individualización de los otros dos sujetos que participaron en el asalto.
