A mediados del 2014, el apodo Chalita comenzó a tomar fuerza en la zona de la Triple Frontera entre los departamentos de Godoy Cruz, Maipú y Luján. Por aquellos días, Carlos Manuel Herrera Aguilera, tenía 19 años. Era uno de los tantos sobrinos de Daniel Rengo Aguilera, el histórico líder de la hinchada del club Godoy Cruz Antonio Tomba.
Más allá de la “fama” que arrastraba por diversos hechos vinculados al delito y su relación con la parcialidad más violenta de la hinchada, con el paso del tiempo se transformó en un personaje más odiado que querido en el barrio La Gloria.
Con pasado carcelario y rompiendo relaciones con casi todos sus tíos que se movían en el mundo de los barras y los negocios que genera –fue baleado por Juan Carlos “Moncho Aguilera”, el más grande de los hermanos-, este miércoles después de la 1, el Chalita fue asesinado de un balazo en el rostro mientras lo perseguían.
Su cuerpo quedó sobre una vereda de la manzana J, en el ingreso de uno de los pequeños pasillos de las casas de la popular barriada.
El Chalita tenía antecedentes por abuso de armas y estuvo en la cárcel por intento de homicidio, causa en la que terminó absuelto hace diez años. Y hace pocos meses había dejado el penal. Algunos vecinos lo veían en la calle y le temían. Otros, en cambio, lo buscaban por viejas broncas y rivalidades por temas de drogas.
Justamente, el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello y los policías que trabajan esos casos en Investigaciones comenzaron a recolectar pruebas para intentar conocer los motivos del ataque. Analizaron la escena y se contactaron con algunos familiares del hombre asesinado.
Por las averiguaciones que realizó El Sol, los autores del crimen del Chalita Herrera Aguilera podrían ser dos. Las identidades de ambos sujetos fueron aportabas por fuentes de la barriada que solicitaron reserva.

Detallaron que la víctima venía cometiendo hechos de inseguridad en la vía pública (asaltos en paradas de colectivo, principalmente) y robos domiciliarios durante las noches. Esto había despertado el malestar en algunos sectores del complejo. “Lo tenían marcado como el ladrón del mismo barrio”, detalló un vecino que lo conocía horas después del hecho de sangre. No sólo esto, también contaron que se movía por un complejo cercano relacionado con tema de “armas y drogas”.
Este miércoles por la tarde no estaba del todo claro el móvil del asesinato. Se analizaban varias teorías que debían ser contrastadas. Desde un intento de robo que terminó mal cuando vecinos se cansaron y salieron a buscarlo con armas en defensa de otros conocidos, hasta problemas con otros personajes de poder en la barriada.
Lo que está claro es que se reportó un tiroteo previo antes del asesinato y que ese hecho podría estar relacionado. “No se descarta para nada”, detalló un pesquisa policial con años de experiencia.
Ese hecho ocurrió a las 0.20 en una casa de la manzana N, hacia el norte de la J. Una mujer de 22 años, quien se encontraba con su pequeña hija de casi 4 años, llamó al 911 para comentar que permanecía en su domicilio cuando un sujeto comenzó a forcejear el ingreso. El malviviente quería cometer algún tipo de robo. Como advirtió que había moradores en su interior, comenzó a disparar un arma de fuego en el exterior del domicilio y se dio a la fuga.
Las vainas de ese hecho y un plomo fueron rescatados del lugar por Policía Científica, a pesar de que la escena habría sido adulterada por la denunciante levantando los casquillos, sin intención de complicar la investigación.
Cuarenta minutos después, ingresó otro llamado al 911 advirtiendo sobre un tiroteo en uno de los pasillos de la manzana J. Esta vez, hablaban de una persona tirada sin vida. Los policías de la jurisdicción llegaron hasta la escena y confirmaron las sospechas: encontraron a un hombre con campera celeste y pantalón negro (una gorra cerca del cadáver) sin reacción.
Solicitaron refuerzos y una ambulancia del SEC, interno 145, llegó hasta la escena. Prácticamente no había testigos. Sólo algunos curiosos, tal como se observa en las imágenes del teatro del hecho a las que accedió este diario. Una médica constató el deceso y personal de Homicidios llegó hasta el sector.
El cadáver estuvo tirado en el lugar hasta las 5. Luego lo levantaron y trasladaron al Cuerpo Médico Forense para la necropsia y los testigos (principalmente familiares del muerto) comenzaron a ser citados y contar lo que sabían sobre los últimos momentos con vida del Chalita.


Los dos hechos que marcaron a la víctima
Hubo dos hechos que marcaron la vida de Herrera Aguilera en los últimos trece años: uno ocurrió el 10 de setiembre del 2011 y el otro en el 2016. El primero lo tuvo como presunto autor; mientras que el segundo como víctima.
Hace trece años, un joven llamado Ricardo Sebastián Orellano, quien tenía 21 años, recibió un balazo en la cabeza. Estuvo cuatro días en coma y aseguró al despertar que el autor del disparo había sido Walter Aguilera, el más chico de los hermanos ligados a la barra del Tomba, quien murió por una sobredosis en la cárcel federal de Cacheuta el 15 de julio del 2022.
Con el avance de la instrucción, el otrora fiscal especial Horario Cadile (actualmente juez) entendió que Walter Aguilera había actuado en el hecho con un primo llamado Carlos Manuel Herrera, el Chalita. Ambos llegaron a debate oral pero en agosto del 2014 la desaparecida Séptima Cámara del Crimen los absolvió por falta de pruebas.
Orellano recibó un disparo en la cabeza en el barrio La Gloria cuando quedó en medio de una guerra de bandas. Jugaba videojuegos con amigos y salió a comprar cervezas. La víctima se encontraba a casi 80 metros del lugar donde se producía la balacera entre las gavillas cuando sufrió el impacto. En el juicio declaró y señaló a Aguilera.
Sin embargo, las pruebas no fueron suficientes porque la relación entre el lugar donde resultó herida la víctima y donde levantaron las vainas servidas hicieron caer la teoría del Ministerio Público. Así las cosas, Walter Aguilera y el Chalita, quienes dijeron que estaban trabajando cuando se produjo el hecho de sangre en una fiambrería del barrio Batalla del Pilar y en el estacionamiento del estadio Malvinas Argentinas, respectivamente, recuperaron la libertad.
A fines del 2016, ya con la relación quebrada con gran parte del llamado Clan Aguilera, el Chalita fue baleado en el barrio La Gloria. Recibir un balazo le provocó caminar con dificultad. Cuando declaró, aseguró que su tío Juan Carlos “Moncho” Aguilera -el mayor de los varones, teniendo en cuenta a los también detenidos Diego el Asesino y Daniel el Rengo y al citado Walter– lo había atacado con la complicidad de otros dos sujetos.
El Moncho fue arrestado por ese ataque contra el Chalita después de haber pasado 12 años en prisión por matar el 12 de enero de 2004 en la misma localidad a un joven identificado Cristian Gabriel Córdoba, a quien conocían como Chavo.
Por todos estos hechos, más otros que se fueron sumando en prontuario, el hombre ultimado este miércoles era un personaje conocido en el barrio La Gloria y por eso los investigadores entienden que podrían llegar a esclarecer el crimen con el paso de las horas.
