El chacarero Felipe Villca fue asesinado a golpes con un pico utilizado para la tierra. Tenía 52 años. Estaba casado con Esperanza y fruto de esa relación que se inició en Bolivia hace unos 20 años nacieron cinco hijos. Una banda de cuatro malvivientes ingresó a su domicilio de la finca López, en el distrito Rodeo del Medio, el 28 de abril del año pasado luego de trabajos de inteligencia y conocía que la familia había comprado dólares para ahorrar. Felipe quiso evitar que le sustrajeran sus pertenencias y enfrentó a uno de los delincuentes cuando su familia estaba en riesgo, pero no lo logró.
Parte de la organización criminal se mostró muy violenta. Uno llevaba un arma de fuego y realizó un disparo intimidatorio en la escena. Destrozaron la puerta reja de ingreso y tomaron control del domicilio. Villca intentó frenar a los ladrones mientras su esposa recibía una golpiza en el rostro. Lo redujeron y uno de los delincuentes le pegó con el pico en la parte superior de la cabeza. El trabajador murió desangrado en el interior del extenso predio.
El caso de inseguridad estuvo liderado por la fiscal de Homicidios Andrea Lazo. Los cuatro autores del ataque fueron capturados por efectivos de Investigaciones. Tres de ellos fueron a juicio abreviado a mediados del año pasado y confesaron una participación secundaria del delito de homicidio criminis causa en concurso ideal con robo agravado por el uso de arma de fuego y por ser en poblado y en banda.

Se trata de Bautista Florindo Sepúlveda, su hijo Facundo y Raúl Fabián Salvarredi Calderón, quienes pactaron la pena con el Ministerio Público y recibieron condena 15, 10 y 8 años de encierro, respectivamente. Sólo faltaba juzgar Luis Alberto Chama Oliva, sindicado por la propia gavilla cuando admitió el asalto como el hombre que tomó el pico y se lo clavó en la cabeza de la víctima.
El Chama Oliva, de 41 años, fue a juicio por jurado la semana pasada arriesgando prisión perpetua. Después de cuatro jornadas de debate oral, los 12 ciudadanos se inclinaron por la teoría de la defensa, sostenida por el abogado Diego Rozzi. El letrado explicó durante los alegatos de apertura y clausura que su cliente había participado del asalto pero que no había asesinado a Villca.
Básicamente, Rozzi planteó la duda y cuestionó la versión que habían aportado los otros delincuentes cuando declararon; es decir, señaló ante las partes que el trío se había puesto de acuerdo para acusar al Chama de ser el homicida y así ellos evitar la pena máxima.
El jueves por la tarde, luego de una deliberación de más siete horas, el jurado coincidió con esta plataforma fáctica. Y halló culpable a Oliva por robo agravado por el uso de arma y robo agravado por el uso de arma de fuego. Solamente restaba fijar una pena por esos delitos porque la perpetua ya no era una posibilidad.
La jueza Mónica Romero difirió para este martes la audiencia de cesura. A las 9.30, la fiscal Lazo solicitó 20 años de cárcel. La querella, en representación de la familia de la víctima fatal, adhirió al pedido. La defensa entendió que correspondía la pena mínima -7 años-, debido a que el Chama no contaba con antecedentes.
Así las cosas, la jueza bajó el martillo luego de escuchar a todas las partes y condenó a Oliva a 18 años de cárcel, cerrando de esta forma uno de los casos de inseguridad que más impacto generó durante el 2023.


Una familia destrozada que busca recuperarse
La historia familiar de los Villca es conmovedora. Por estos días, Esperanza y sus hijos siguen atravesando un duelo “muy grande” porque Felipe era un padre presente y comprometido, tal como contaron desde su entorno.
Extrañan al “jefe de familia” y se aferran a la religión. Destacaron que el chacarero se ocupaba del bienestar de sus hijos y hasta buscaba todo el tiempo que el progreso estuviese ligado al estudio. Todos lo hacían en la primaria y secundaria y él lo exponía con orgullo.
Uno de los hijos, el mayor, tenía pensado el año pasado iniciar una carrera en la Facultad de Medicina de la UNCuyo y Felipe lo acompañó hasta la alta casa de estudios para dar los primeros pasos. Sin embargo, el joven tuvo que abandonar el cursado ante el homicidio de su padre. Comenzó a trabajar con el resto de la familia porque Villca era el sostén económico y estaba latente el temor de perder la vivienda.
Las confesiones de uno de los condenados del crimen del chacarero y el futuro de la causa
Bautista Florindo Sepúlveda Calderón es conocido como Beto. Fue capturado con su hijo Facundo el martes 23 de mayo por un hecho de inseguridad fatal ocurrido poco menos de un mes antes en una finca de Colonia Bombal, departamento de Maipú.…
Lo mismo pasó con otra hija que terminó el secundario y buscó inscribirse en enfermería, pero no pudo arrancar porque el cursado ya se había arrancado semanas atrás. La joven trabaja actualmente en la verdulería. Los otros hermanos siguen ese ejemplo y están escolarizados.
Felipe Villca y Esperanza se conocieron en Bolivia hace más de 20 años. Ambos se conocían de chicos. Se casaron y llevaban seis años en Mendoza, donde progresaron desarrollando tareas de cultivo. Se instalaron en la localidad de Colonia Bombal. Allí se dedicaban al cultivo de hortalizas como lechuga, tomate y pimiento. Todos colaboraban en las tareas del hogar.
La noche del 28 de abril del año pasado, la inseguridad golpeó con fuerza en su hogar. Una banda de encapuchados irrumpió en la propiedad. Los malvivientes actuaron con violencia. Uno de ellos se quedó afuera haciendo de campana en un auto.
Agredieron a golpes de puño y culatazos a Villca y a su mujer. “Estábamos afuera con mi marido cuando llegaron; él recién estaba saliendo de trabajar en la chacra. Los chicos estaban adentro de la casa”, relató tras el crimen Esperanza en charla con El Sol.
Y agregó entre lágrimas: “Nos decían que iban a matar a mi hija y terminaron asesinando a mi esposo. ¿Quién me lo devuelve ahora?, ¿Cómo hago para seguir con mis hijos sola?”.
Luego del asalto fatal, la banda escapó en dos vehículos. Uno era un utilitario de la familia. El rodado fue encontrado luego en Tres Porteñas y se transformó en pieza para ir identificando a los malvivientes. Con el paso de las semanas, fueron cayendo en las redes policiales y todos terminaron condenados.
