Los investigadores judiciales y policiales creen que el móvil del homicidio del joven de 24 años que llegó de San Luis para visitar a su familia y apareció el domingo tirado cerca de un cruce que divide a tres barrios conflictivos de Guaymallén está vinculado a una venganza por venta de drogas. La víctima, identificada como José Laime, a quien apodaban Tito, fue encontrada golpeada y quemada cerca de calles Sarmiento y Capilla de Nieve, en la zona de los populares complejos habitacionales San Jorge, Belgrano y Lihué. Para los detectives, después de estudiar algunas pruebas, el asesinato fue un mensaje mafioso, “un ajuste de cuentas” por conflictos relacionados al tráfico de estupefacientes en pequeñas cantidades para su venta en menudeo. La familia, por su parte, dijo a El Sol que desconocía por qué lo habían atacado y aportó que el viernes por la noche lo vieron por última vez.

Para reforzar la hipótesis, los pesquisas fueron al archivo y se toparon con un dato importante: en enero de este año, en el barrio Pedro Molina IV, fue atrapado un familiar del joven asesinado, que se encontraba fugado de la penitenciaría de Bariloche desde noviembre del 2013. Durante los allanamientos que hicieron los efectivos de la Unidad de Búsqueda de Prófugos para arrestar a Eduardo Laime Alarcón (30), se secuestraron un trozo de marihuana compactada, cuatro armas de fuego y hasta un chaleco antibalas que había sido sustraído a un policía de Río Negro (ver aparte). Los pesquisas sostienen que habían vinculación estrecha entre estos dos hombres y es uno de los puntos que se están analizando.

De acuerdo con el relato que hizo la familia de la víctima en su casa del barrio Lihué –tal como publicó este diario en su edición de ayer– Tito Laime llegó de San Luis con su esposa y sus dos hijos para pasar unos días en la casa de sus padres.

El viernes salió a jugar al fútbol con amigos y no lo vieron más. La madre de la víctima, Cesárea Chusgo, de 48 años, y sus hermanas, contaron que no lo atacaron para robarle y dijeron que desconocían los motivos del homicidio.

La familia también aportó que, en la vecina provincia, el joven de 24 años se dedicaba a la construcción.

Este también es tema de análisis. Uno de los investigadores consultados señaló ayer: “Hay familiares directos (de la víctima) que han sido seguidos de cerca por llevar droga a San Luis. Por ahora no hay detenidos, pero se estudia esa hipótesis”.

Lo cierto es que Tito Laime fue encontrado muerto y envuelto en una frazada. Cuando los policías tomaron contacto con el cadáver, detectaron que tenía quemados un hombro, parte del tórax, una mano y el rostro. Para los especialistas, el lugar donde fue hallado y las marcas que presentaban el cuerpo tienen una razón: “Acá hubo un mensaje mafioso en una zona conflictiva. La calle donde fue encontrado divide tres barrios muy conflictivos, donde hay mucha droga. Por ahora, es lo más fuerte”, contó el investigador.

La causa está en manos del fiscal de Instrucción Tomás Guevara. Hasta anoche, no había detenidos ni muchas pruebas para analizar.

ATRAPADO. Eduardo Fausto Laime es familiar del joven asesinado el domingo y los pesquisas investigan pistas ligadas a sus actividades en la calle. Efectivos de Búsqueda de Prófugos lo capturaron en el barrio Pedro Molina IV de Guaymallén a fines de enero de este año con armas y drogas. Lo buscaban porque se había fugado de la cárcel de Bariloche con cuatro reos después de hacer un boquete y destrozar el alambre perimetral, el 8 de noviembre del 2013. Estaba preso por el homicidio de Cristian Calixto Painefil, ocurrido a principios de ese año.

Antes de caer hicieron un allanamiento el 24 de enero y encontraron un chaleco antibalas de un policía de Río Negro, un revólver calibre 38, balas, y marihuana compactada. Como no estaba en la casa, lo esperaron. Un día después, arribó en un auto con dos hombres. Al ver a los policías, subió a un techo y se lanzó a un jardín, donde fue reducido. Antes, arrojó una mochila que tenía una pistola semiautomática, un revólver 38 con un cartucho 32 adaptado con alambre en el culote y siete cartuchos calibre 32.