Una banda de asaltantes violenta. A sus integrantes no le temblaba el pulso si tenían que desenfundar un arma de fuego para generar terror. Incluso, accionarla si encontraban resistencia. Actuó durante meses en el Gran Mendoza. Y una de sus particularidades era que la lideraba una mujer.

Su especialidad eran los robos durante encuentros de compra-venta de divisas pactados por Facebook o engaños para lograr la confianza de sus víctimas si estaban en problemas financieros.

El año pasado, con sólo 24 años, Aldana Gisel Ojeda de Lucca se transformó en uno de los principales objetivos de los policías de las Divisiones Homicidios y Robos y Hurtos de Investigaciones. La destacaban por organizar los golpes y desarrollar la logística junto a su pareja.

A principios de junio, comenzaron a caer los primeros sospechosos de integrar la organización. Y ella fue una de las capturadas. Entre todas las causas que les iniciaron, ocho sospechosos quedaron comprometidos en diversos expedientes.

Ver también: Quién es quién en la banda de la Aldana, la joven acusada de mandar a peligrosos asaltantes

Después de meses de investigación, la Justicia condenó este jueves a la joven a 12 años de cárcel. Entre sus hechos figuran un asalto que terminó con un policía retirado gravemente herido en su casa de Dorrego, en Guaymallén, y el robo en una conocida casa de venta de ropas en pleno centro.

De acuerdo con información tribunalicia, Ojeda de Lucca reconoció en un juicio abreviado inicial los hechos acumulados que le endilgó el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello, quien profundizó la instrucción cuando se produjo uno de los casos de mayor trascendencia, el ataque contra el cabo Carlos Ignacio Almazán.

Fue la jueza Eleonora Arenas, del Juzgado Penal Colegiado Nº1, quien homologó el acuerdo de las partes.

Además de “la Aldana”, como la nombraban sus conocidos, otro de los miembros de gavilla, identificado como Tomás Sajur, fue sentenciado a 7 años de cárcel por robo agravado por el uso de arma de fuego.

En este caso, el joven admitió que participó en el atraco a la casa Kevingston de calle Espejo, el 22 de marzo.

Ese día, tres hombres y dos mujeres, entre los que se encontraba también Aldana, se desprendió de la investigación, irrumpieron en el comercio y robaron 640 mil pesos y 6.500 dólares.

Además de los dos citados, hay otros personajes que también deben ir a juicio en los próximos meses. Están acusados de participar de estos y otros hechos y también arriesgan duras penas.

Uno de los sospechosos más conocidos de integrar la banda y último en caer en las redes policiales es Miguel el Pulpo Barloa, asaltante de 62 años con pasado carcelario y uno de los internos más activos en el llamado motín vendimial del año 2000.

En detalle

De Lucca y Sajur admitieron la participación en el golpe armado a Kevingston.

El hecho se produjo a las 18 del lunes 22 de marzo. Actuaron cinco malvivientes, entre ellos, dos mujeres. Redujeron al propietario del comercio y lo arrastraron hasta el sector trasero del local ubicado sobre calle Espejo.

Sustrajeron el dinero en efectivo que había (superando el millón contando los dólares que tenía la víctima) y escaparon en el vehículo que habían llegado. Personal policial ya había sido alertado sobre el hecho de inseguridad gracias a un cuidacoches de la zona y se inició una persecución.

Los ladrones chocaron durante la huida contra una camioneta estacionada y una moto en el cruce de calles Mitre y General Paz y a los pocos minutos la escena terminó.

Sajur y Gerardo González (primer condenado de la banda a cinco años de encierro) terminaron presos en el cruce de Alberdi y Montecaseros. En el auto en el que se movilizaban dieron con parte del botín y un revólver calibre 32.

Por su parte, la Aldana confesó que participó de la organización del robo en la casa del policía retirado Almazán y su padre, Carlos Dalmiro, de 84 años.

De la investigación surgió que el hombre mayor y su hijo tenían problemas financieros y que estaban por rematarla su casa de Dorrego.

Este dato llegó a oídos de La Liga, el grupo de gestores inmobiliarios que se dedica a comprar y vender casas a precios bajos y con cuestionables mecanismos, y entre los miembros se encontraba la pareja de De Lucca.

El cabo retirado y su padre lograron conseguir el dinero para saldar las deudas y la casa no fue rematada.

Sin embargo, la joven se dirigió hasta la casa de las víctimas y se presentó como integrante de La Liga. Les dijo que estaba interesada en comprar la casa para venderla y dejó un contacto con nombre falso.

Lo cierto es que el viernes 7 de mayo, Almazán se encontraba esperando un mecánico en la puerta de la casa, ubicada sobre calle Pedro Vargas, y llegaron dos sujetos armados. Lo introdujeron en su casa con fines de robo y lo balearon cuando intentaba defender a su padre.

El efectivo recibió tres balazos (abdomen, glúteo y pierna derecha) y quedó en grave estado. 

Su progenitor también terminó herido de un balazo en uno de sus miembros inferiores.

Mientras las víctimas se encontraban en un hospital, al otro día se realizó un procedimiento en Ciudad que permitió el secuestro de un arma.

Un conductor que no frenó en un control permitió la detención de tres hombres. Entre ellos se encontraba uno de los partícipes del ataque a Almazán.

La pistola secuestrada fue cotejada y sirvió para confirmar que se trataba de la misma utilizada para atacar al policía y a su padre.

Otra prueba de importancia permitió identificar a Barloa como autor del ataque en Dorrego: una gorra que olvidó en la escena. Extrajeron ADN y el resultado fue positivo con el ex convicto.