Casi 13 años después del asesinato de Lucas Fabián Bruno en el barrio Santa Ana de Guaymallén, Leandro Emanuel Contreras Sottile volvió a quedar frente a la Justicia, esta vez sentado en el banquillo y ante un jurado popular que deberá determinar si fue el autor de aquel ataque ocurrido a fines de octubre del 2013.
El debate comenzó este lunes bajo las órdenes del juez técnico Alejandro Miguel y con los alegatos de apertura de las partes, en una causa que estuvo durante años marcada por la fuga del principal sospechoso y que llegó a estar cerca de la prescripción.
La acusación sostiene que Contreras Sottile llegó hasta Amigorena y Corrientes a bordo de un Fiat 147 blanco y, tras descender del vehículo con una pistola Bersa calibre 22, efectuó siete disparos contra un grupo de cinco personas. Dos proyectiles impactaron en Bruno: uno en la cabeza y le provocó lesiones irreversibles que terminaron con su vida. Otro joven, Juan Ignacio Marino Muñoz, también fue alcanzado en la espalda y sobrevivió.
El debate buscará establecer si “Chupete” , barra de Independiente Rivadavia por aquellos días, fue quien ejecutó esos disparos y si efectivamente llegó hasta el lugar en aquel vehículo.

El fiscal de Homicidios Oscar Malla abrió los alegatos y puso sobre la mesa las pruebas que deberán ser analizadas durante las jornadas de juicio. Entre ellas, aparecen los testimonios de quienes estuvieron en la escena, la declaración de policías que participaron de las primeras actuaciones y el análisis de dos teléfonos celulares que fueron incorporados a la investigación.
La información extraída de esos dispositivos será examinada por especialistas y podría aportar elementos para reconstruir movimientos, contactos y aspectos vinculados con el período posterior al crimen.
Los celulares tienen además una particularidad: fueron entregados por Griselda Méndez, quien declarará durante el debate. La mujer es la abuela materna de la hija de Contreras Sottile y tuvo contacto con una historia paralela que volvió a poner al acusado en escena mientras permanecía oculto, la que fue revelada por este diario.
La doble vida del “Chupete”: de homicida prófugo a asaltante con DNI chileno
Un simple control de identidad tras un asalto destapó una de las historias criminales más sorprendentes de Mendoza en los últimos años. Se trata de un barrabrava del club Independiente Rivadavia que fue acusado de disparar siete tiros contra un grupo…
Esos dispositivos forman parte de la instrucción que también permitió reconstruir aspectos de la vida que llevó durante los años en los que permaneció fuera del alcance de la Justicia y utilizó identidades diferentes.
El paso del tiempo será otro de los elementos centrales. Contreras Sottile permaneció prófugo durante más de una década y recién fue descubierto en abril del año pasado, después de un intento de asalto en una cueva en la Galería Tonsa.
Cuando fue capturado, se identificó como Diego Sebastián Guerrero Paz, pero los investigadores realizaron verificaciones biométricas y cotejos dactilares que permitieron establecer que detrás de esa identidad estaba el hombre buscado desde el 2013 por el asesinato de Bruno.
El barra que estuvo 10 años prófugo, fue condenado por robo y ahora enfrenta un juicio por asesinato
Leandro Emanuel Contreras Sottile tenía 19 años cuando su nombre quedó ligado a uno de los crímenes que durante años permanecieron abiertos en los archivos de Homicidios. Este lunes por la mañana, con 32, se sentará frente a un jurado popular…
Aquella captura permitió reactivar definitivamente una causa que había continuado abierta durante años y que se había acercado a los plazos de prescripción.
Desde el comienzo del caso, Contreras Sottile había sido señalado como sospechoso. Dos días después del ataque fue secuestrado el Fiat 147 blanco que, según la acusación, habría utilizado para llegar hasta el lugar.
También fueron incorporados testimonios de personas que presenciaron el ataque y que deberán volver a declarar casi 13 años después a partir de este martes. Uno de los puntos que la Fiscalía buscará sostener será justamente la coincidencia entre aquellos primeros señalamientos y las declaraciones que serán escuchadas por el jurado.
La querella, representada por Jimena Villanueva, también planteó durante su exposición la historia de la víctima. Bruno tenía 18 años, estudiaba en el secundario y tocaba la batería.
Según la acusación, aquella noche se encontraba junto a otras personas cuando se produjo el ataque que terminó con su vida.
La defensa, a cargo de Pablo Cazabán, planteó desde el comienzo una teoría completamente diferente. El abogado pidió a los jurados que presten especial atención a las declaraciones de los sobrevivientes y sostuvo que existen intereses detrás de la acusación contra Contreras Sottile. Afirmó que su representado nunca estuvo en el lugar, que el vehículo utilizado por el autor no pertenecía a su familia y que los testigos no están diciendo la verdad.

Cazabán también anticipó uno de los principales argumentos de la defensa: la ausencia, según su postura, de pruebas objetivas que ubiquen a Contreras Sottile en la escena del crimen.
El representante legal pidió a los jurados que sean especialmente cuidadosos al analizar la evidencia y aseguró que durante el debate intentará explicar por qué el acusado permaneció prófugo durante tantos años, sin que esa circunstancia sea tomada por sí sola como una prueba de culpabilidad.
El juicio oral, de esta manera, pondrá frente a frente dos reconstrucciones de una misma historia.
Para la acusación, existe una línea de pruebas que comienza con los señalamientos realizados desde los primeros momentos, continúa con el vehículo secuestrado, los testimonios de quienes sobrevivieron y estuvieron en la escena y suma ahora el análisis de los celulares. Para la defensa, esos elementos no alcanzan para demostrar que Contreras Sottile estuvo allí ni que fue quien disparó.
Por la información a la que accedió este diario, el debate tendrá un veredicto antes del jueves.
