Un simple control de identidad tras un asalto destapó una de las historias criminales más sorprendentes de Mendoza en los últimos años. Se trata de un barrabrava del club Independiente Rivadavia que fue acusado de disparar siete tiros contra un grupo de jóvenes en 2013 en Guaymallén, mató a uno de ellos, hirió a otro y luego desapareció durante más de una década moviéndose con una identidad completamente falsa.
Leandro Emanuel Contreras Sottile tenía 19 años cuando, según las investigaciones judiciales y policiales, detuvo su Fiat 147 blanco en una esquina del citado departamento, descendió empuñando una pistola Bersa calibre 22 y abrió fuego contra varios muchachos que estaban sentados en el cordón. Lucas Fabián Bruno, de esa misma edad, recibió un disparo mortal en la cabeza.
Después de ese 28 de octubre de 2013, Contreras Sottile se esfumó. Los pesquisas lo buscaron durante meses, pero el rastro se había perdido. Mientras tanto, un tal Diego Sebastián Guerrero Paz, supuestamente chileno, nacido el 27 de junio de 1992, comenzaba a circular por los bajos fondos del Gran Mendoza y también en Chile.
Un barrabrava de Independiente Rivadavia está vinculado al homicidio en el Barrio Santa Ana
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Nadie conectó al “Chupete” Contreras con “el chileno Guerrero” hasta principios de esta semana, cuando este último fue detenido junto a un cómplice tras cometer un robo en la Galería Tonsa del microcentro mendocino, causa que quedó en manos el fiscal Juan Manuel Bancalari.
Las sospechas luego de una información que llegó a Investigaciones y fue analizada por los efectivos de la División Homicidios llevaron a realizar una verificación biométrica que confirmó lo insospechado: no era chileno ni se llamaba Guerrero.
Era el presunto homicida que llevaba más de 10 años burlando a la Justicia: tiene 30 años –nació el 16 de abril de 1994-, y el pedido de captura se encontraba vigente en la fiscalía de Homicidios de Gustavo Pirrello.
El pesquisa no había dejado de buscarlo en los últimos años y hasta el sospechoso se mantenía con un pedido de captura internacional de Interpol. El caso, inclusive, había avanzado con el análisis de algunas pruebas porque al momento de su identificación estaba a seis meses de prescribir.
La víctima de aquel homicidio tampoco era un joven que viviera ajustado a la ley, según revelaron las fuentes consultadas hace más de 10 años. A sus 18 años, Bruno, quien era conocido como “Papo” ya acumulaba un historial delictivo que incluía un violento asalto en el que amenazaron a una madre y arrastraron a su hijo de 10 años a punta de pistola. Los vecinos del barrio Santa Ana lo habían escrachado tanto a él como a su banda meses antes de su muerte, tal como reveló El Sol por aquellos días.
Un caso vinculado a ese grupito fue un violento asalto perpetrado en julio de 2012 contra un cíber llamado “Gaming Zone”, donde amenazaron a la encargada y a su hijo pequeño hijo, a quien arrastraron por el local apuntándole con armas. El atraco culminó con el robo de equipos electrónicos y dinero por un valor aproximado de 7.000 pesos.
Este hecho provocó una reacción de los habitantes del sector, que incluyó la difusión de panfletos y denuncias públicas para identificar a los responsables. Según testimonios recogidos en ese momento, Bruno formaba parte del grupo señalado por los vecinos y habría tenido pedido de captura antes de su muerte.

Qué investigará la Justicia
¿Venganza barrial? ¿Ajuste de cuentas? ¿Disputa territorial? Esas son las hipótesis que el fiscal Pirrello, quien mantuvo viva la causa, comenzará a analizar luego de la reactivación del caso.
Lo más intrigante para los detectives policiales es cómo logró Contreras obtener documentación chilena aparentemente auténtica y mantener su fachada durante tanto tiempo. Su fisonomía cambió al punto de “llenarse de tatuajes” pero su vínculo con el club de sus amores no se cortó, tanto es así que fuentes consultadas por este diario aseguraron que continuó yendo a la cancha y hasta manejando algunos negocios de las distintas facciones de la parcialidad más violenta.
El presunto homicida iba a ser imputado esta semana por el asesinato de Bruno y las lesiones que causó a Juan Ignacio Marino Muñoz durante el tiroteo del 2013. También posiblemente por uso de identidad falsa. Por el robo el fiscal Bancalari ya lo acusó formalmente pero la causa será acumulada a su par de Homicidios.
Los vecinos del Santa Ana pedían por la captura de un joven que fue asesinado
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El asesinato de Lucas Bruno
Según consta en el expediente P-109.700/13, aquel día alrededor de las 21, el acusado detuvo un Fiat 147 blanco en la intersección de las calles Amigorena y Corrientes de Guaymallén.
La reconstrucción agrega que Contreras Sottile descendió del vehículo portando una pistola y efectuó siete disparos contra un grupo de jóvenes que se encontraban sentados en el cordón de la esquina.
Como resultado del ataque, Bruno recibió un impacto en la cabeza que le provocó una “dislaceración cerebral por herida de arma de fuego” causándole la muerte. En el mismo episodio resultó herido Marino Muñoz, quien sufrió un impacto en la región dorsal a nivel de la cresta ilíaca izquierda.
