Durante más de un mes, su nombre circuló en las dependencias policiales lasherinas con una mezcla de desafío y paciencia. Kevin Sebastián Sbarbati, de 27 años, conocido como el “Elegante”, volvió a quedar en la mira hace pocas semanas, después de una secuencia que lo había convertido en un escurridizo.
El episodio que marcó su reciente historial ocurrió cuando fue encontrado por personal policial con una lesión de arma blanca. En aquel momento, mintió sobre su identidad porque sabía que podía ser encerrado.
Los uniformados avanzaron con el procedimiento de rigor, pero cuando se dio cuenta de que iban a intentar realizarle el biométrico, escapó. Corrió por los techos de las casas de la zona, saltando de una vivienda a otra.
Su contextura delgada y su estatura -apenas supera el 1.60- le daban ventaja: se deslizaba entre patios y medianeras con facilidad. “Ya va a caer” o “Ya se va a regalar”, repetían entonces los policías de la Comisaría 36ª, convencidos de que el margen se le achicaba y en algún momento lo iban a atrapar.
No era la primera vez que lograba fugarse. En noviembre de 2021 había sido detenido en el marco de una causa por maltrato contra una mujer. Tras ser aprehendido y cuando lo trasladaban a la Subcomisaría Iriarte, consiguió fugarse. Días después, efectivos de la entonces División Búsqueda de Prófugos de Investigaciones lo recapturaron en calle Profesor Mathus, en El Bermejo, Guaymallén.
La secuencia final de su caída comenzó este lunes a las 17.15, cuando personal de la Comisaría 36ª patrullaba la zona y fue desplazado por el CEO hacia la zona de la intersección de calles México y Resistencia.
El aviso daba cuenta de un sujeto con posible pedido de captura en el sector. Una movilidad arribó al lugar. Cuando intentaron identificarlo, el joven volvió a huir. Esta vez no llegó lejos: a pocos metros fue reducido y subido al microcalabozo del móvil.
Ya en la dependencia, volvió a negarse a aportar datos sobre su identidad. Tras las consultas correspondientes, el Ministerio Público ordenó su aprehensión y el traslado a la Subcomisaría Iriarte, donde quedó alojado preventivamente.
Quienes presenciaron el cierre del caso contaron que, esta vez, el desenlace fue distinto. “El Elegante lloraba cuando quedó detenido”, confiaron las fuentes que hablaron con El Sol.
El joven que durante semanas había corrido por techos y pasillos terminó la jornada en una celda, con los pedidos de captura bajo análisis. Uno emitido por la Unidad Fiscal de Robos y Hurtos.
