Los investigadores policiales y judiciales tienen una hipótesis clara: en el popular barrio Papa del oeste de Godoy Cruz los líderes de una banda de peso dieron la orden de silenciar testigos de dos causas –una de homicidio y otra de intento de ese delito– que tienen al yerno de Sandra Jaquelina Vargas, la jefa narco conocida como la Yaqui y condenada por liderar una asociación ilícita dedicada a la comercialización y distribución de drogas, como uno de los principales sospechosos.
No son uno ni dos los testigos atacados a tiros en los últimos meses en esas tierras calientes, ya son cuatro; y uno de ellos quedó en silla de ruedas.
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La última víctima fue una joven de 16 años a quien le dispararon entre “8 y 10 veces” mientras se encontraba con su hermana en la puerta de la casa de una amiga, cerca de la zona conocida como la Línea del Papa, el lugar preferido de los soldaditos narcos para vender cocaína y marihuana en pequeñas cantidades, es decir, la calle central que atraviesa complejo y culmina en una plaza.
No resultó herida pero minutos después se dirigió a la Oficina Fiscal Nº17 a radicar la denuncia.
La adolescente agredida, se cree con una pistola negra calibre 32 o 9 mm, es la testigo presencial y más importante que tiene el expediente que se inició tras el asesinato de su novio, Lucas Ariel Torres (18), en diciembre del 2020.

Y la fiscal de Homicidios Andrea Lazo mantiene imputado –y con prisión preventiva dictada– a Patricio Garrido, pareja de la hija mayor de la Yaqui.
Además, el Ministerio Público también acusó a Garrido, conocido con el alias de Negro, como autor de los disparos contra Miguel Ángel el Cabezón Valdivia el 11 de noviembre del 2018 en el Papa.
Valdivia, quien supo integrar la banda de la Yaqui y ser marcado como unos de los “cerebros” entre sus miembros –fue condenado por eso– murió el 12 de enero de este año en el Hospital Central. Nunca se pudo recuperar de los cinco balazos que recibió en diversas partes del cuerpo.
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A los pies
El último suceso ocurrió el jueves por la noche –entre las 20 y las 21– y el señalado “angelito de la Yaqui” que habría protagonizado el ataque contra la menor, como apodan a los jóvenes que están sindicados por tener relaciones con gente vinculada a la jefa narco, fue aprehendido luego de una serie de declaraciones realizadas en sede judicial.
Si bien su identidad se reserva por pedido de los investigadores –lo apodan Tuerto–, tanto la menor como su hermana, quien estaba en el lugar cuando se produjeron los disparos, lo señalaron como “un pichón de la famosa narcotraficante condenada a 15 años en la Justicia federal y a 3 en la Justicia provincial.
La información a la que accedió El Sol señala que la testigo clave se dirigía con su hermana mayor a la casa de su tía cuando se frenó cerca del hogar de una amiga, ubicado sobre calle Chuquisaca, para saludarla.
En ese momento entraron en escena una joven y su novio (sobrina de la jefa narco y su pareja, señalado como soldadito), a quienes conocía.
La mujer la invitó a “pararse de manos”. Acto seguido, mientras se encontraban a una distancia de unos diez metros, el Tuerto, de unos 18 años, sacó de un bolso que llevaba un arma de fuego. En el lugar se escucharon casi una decena de detonaciones.
Los testigos describieron que el agresor se arrodilló, agarró el arma con las dos manos y disparó hacia las piernas de la menor.
Luego se dieron a la fuga por la zona de la Línea y personas allegadas a la pareja arribaron minutos después y levantaron las vainas servidas del teatro del hecho.
El caso generó preocupación en los pesquisas, debido a que se trata del cuarto testigo atacado en ambos expedientes. Tanto es así que efectivos de la División Homicidios de Investigaciones se dirigieron hasta la zona para profundizar la búsqueda de información y recabar pruebas sobre todos los protagonistas.
Todos los casos
Este diario viene realizando informes sobre los testigos de las citadas causas que han resultado baleados. Las amenazas y los aprietes se profundizaron luego de la detención del Negro Garrido, en abril del año pasado, y cuando las instrucciones judiciales avanzaron con pruebas que lo comprometen con ambos expedientes.
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El crimen de Lucas Ariel Torres, perpetrado el 17 de diciembre del 2020, permitió la captura de tres jóvenes. Y uno llamado Emanuel Morales –alias Emita– ya fue condenado y reconoció la plataforma fáctica de la fiscalía, es decir, fue a juicio abreviado y recibió 10 años y 8 meses de cárcel por reconocer que tanto él como Patricio Garrido y un menor identificado como Bebo, participaron del ataque fatal.
Sindicó a Garrido como quien tenía el arma y al menor como quien disparó y le causó la muerte a Torres. Dos jóvenes y la novia de Torres se transformaron en los testigos más destacados de la causa.
Llamativamente, los dos varones fueron baleados: uno el 13 de marzo en el Campo Papa y otro el 11 de setiembre en el barrio Tres Estrellas de Godoy Cruz (ubicado en la Triple Frontera con Maipú y Luján) y la adolescente recibió diversas amenazas.
Por su parte, la tarde del 9 de noviembre del año pasado, dos jóvenes fueron agredidos con pistolas calibre 9 milímetros. Ambos resultaron con heridas de importancia. Para sorpresa de los detectives, una de las víctimas fue Miguel Valdivia (22) hijo del Cabezón y también testigo fundamental de la causa por el intento de homicidio contra su padre.
El joven salvó su vida de milagro y recibió el alta médica hace pocos días. Sin embargo, quedó en silla de ruedas porque uno de los plomos le dañó la columna.
Después de la muerte de su padre en enero del año pasado, el joven Valdivia decidió ir a denunciar a Patricio Garrido.
Lo marcó como el autor de los disparos que lesionaron gravemente a su papá. Por todo esto es que los investigadores no tienen dudas que los testigos más importantes de los expedientes que tiene Lazo han sido atacados con el objetivo de silenciarlos.
Fuentes judiciales consultadas por El Sol contaron que este será un año crucial para el futuro de Garrido.
Se espera que se siente en el banquillo de los acusados por el crimen de Torres y el intento de asesinato de Valdivia y no descartan más hechos de estas características para intentar que los declarantes que lo marcaron en los expedientes modifiquen sus dichos y dejen afuera de una dura condena al yerno de la Yaqui.
