Las estafas mediante estrategias de ingeniería social aumentaron notablemente en plena pandemia del coronavirus y ese tipo de prácticas se hicieron populares entre los delincuentes que eligen operar de manera remota o, en ocasiones, desde la cárcel. 

Uno de los ataques más utilizados es el phishing, que consiste en engañar a usuarios redes de sociales, aplicaciones y entidades privadas o públicas con la finalidad de obtener alguna contraseña o información sensible para diferentes propósitos.

En el último tiempo, esa técnica se volvió la preferida entre los malvivientes que buscan robar o clonar cuentas de WhatsApp para suplantar identidades y así solicitar préstamos de dinero o cambios de moneda extrajera a los contactos de los damnificados.

En Mendoza, hace poco tiempo, cayó un psicólogo acusado de liderar una organización que cometía estafas con esas características en Chubut y Provincia de Buenos Aires. Pero este martes, un nuevo hecho fue denunciado en Guaymallén y a los detectives les llamó la atención que se trata de un modus operandi inédito.

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La información policial sostiene que, cerca del mediodía, un hombre de 59 años recibió un llamado de un número con característica de Buenos Aires. Al atender, el interlocutor se identificó como funcionario del Ministerio de Salud. 

Acto seguido, le comentó al denunciante que le iban a generar una credencial por ser paciente oncológico y haber completado el esquema de vacunación del Covid-19. Para eso, le solicitó un código de seis cifras que le iba a llegar a través de SMS. 

Pero todo se trataba de un engaño y esos números que la víctima terminó por aportar a los estafadores eran del pin que solicita WhatsApp para activar la cuenta en otro celular.

Generalmente, ese mecanismo de la app se usa cuando los usuarios cambian de teléfono y quieren trasladar su perfil al nuevo aparato, pero los delincuentes le encontraron la vuelta para utilizarlo en su favor. 

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Justamente, la única forma de acceder a ese código es a través del celular que posee la tarjeta SIM con el número de teléfono con el que fue logueada esa cuenta del servicio de mensajería. 

Rápidamente, los ingenieros sociales se hicieron pasar por el damnificado y comenzaron a escribirle a diferentes contactos para pedirles prestados de 90 mil pesos. Los primeros blancos fueron un compañero de trabajo y una empresa, indicaron fuentes policiales. 

Pero un allegado le advirtió a la víctima mediante un llamado telefónico que había un sujeto que había suplantado su identidad, por lo que se comunicó con la línea de emergencias 911 y alertó sobre la situación. 

Policías se dirigieron hasta el domicilio del hombre, en calle Bandera de los Andes, escucharon su relato y pusieron al tanto sobre la novedad a un ayudante fiscal de turno. 

El funcionario de la Oficina Fiscal Nº 19 dispuso que la víctima radicara la denuncia a través del apartado para Delitos Económicos e Informáticos que posee el sitió del Ministerio Público Fiscal.