Ivana Molina y Carlos Díaz.

Hace más de dos semanas que la familia de Ivana Molina no tiene noticias sobre ella. La mujer, de 39 años, salió el 1 de abril de su casa del barrio Las Rosas, en Las Heras, y jamás regresó.

Con el paso de los días, la preocupación de vecinos y familiares aumentó y hasta hubo reclamos en la calle para pedir por su aparición con vida.

Al mismo tiempo, en los últimos días la investigación se centró en la pareja de la mujer, identificado como Carlos Díaz. En el inicio de la pesquisa, el hombre declaró en el expediente como testigo, pero luego dejó de ser visto en su domicilio y los lugares que frecuentaba.

Por ese y otros indicios que surgieron recientemente en medio de la búsqueda del paradero, la fiscal de Homicidios Claudia Ríos activó este último fin de semana el protocolo de femicidio y solicitó la captura de Díaz.

Las labores del personal de Escam en las inmediaciones del barrio Cano.

La representante del Ministerio Público solicitó realizar rastrillajes por los lugares que frecuentaba la mujer, con colaboración del Cuerpo de Canes de la Policía de Mendoza y de los perros especializados en la localización de rastros humanos de la Escuela de Adiestramiento Canino de Mendoza (Escam).

Más allá de que las medidas no arrojaron resultado positivos, la búsqueda continúa y los detectives siguen recolectando pruebas y testimonios que permitan conocer con mayor precisión cómo fueron las últimas horas de Molina antes de su desaparición.

Además, Ríos pidió la nulidad de la declaración de la pareja de la mujer en calidad de testigo en el expediente, después de que se transformó en el principal sospechoso de la investigación por el femicidio. Fuentes judiciales indicaron que su relato presentaba numerosas contradicciones.

En detalle

Molina vivía desde hace un tiempo junto a su pareja en el barrio Las Rosas, que limita con el San Martín, de Ciudad. Mayormente, la mujer se movía por ese sector del oeste capitalino y también frecuentaba los complejos Flores y Olivares.

Justamente, en ese último sector es donde aseguran que testigos la vieron por última vez junto a su cónyuge, antes de que registrara la última conexión en WhatsApp, el sábado 1 de abril.

Al día siguiente, una hija de Molina comenzó a averiguar por su madre, ya que no conseguía contactarse con ella y tampoco la encontró en su domicilio. Los días pasaron y la joven no pudo saber nada más sobre su madre.

Así buscan a Molina en las redes sociales.

Por ese motivo, junto a otros familiares decidieron radicar la denuncia de averiguación paradero el lunes 10, día en que también empezaron a moverse a través de las redes sociales para pedir colaboración en la búsqueda.

A los pocos días del comienzo de la investigación, Díaz quedó en el centro de las sospechas y las pruebas reunidas lo terminaron colocando en la orden del día. La principal hipótesis es que pudo haber atentado contra la vida de la Molina.

Por eso, el domingo se rastrillaron algunos descampados y lotes baldíos localizados entre los barrios Cano y San Martín, pero los canes no marcaron ningún indicio.