Increíble. El relato de Olga Suárez es tremendamente desgarrador. Su esposo fue acribillado a balazos ayer, mientras sus hijos y ella escuchaban las detonaciones de las armas de fuego sin poder hacer nada. Ocurrió a las 8.30 en el barrio Virgen del Rosario, de Rodeo de la Cruz, y los investigadores apuntaron hacia un ajuste de cuentas. Sin embargo, no descartan otras hipótesis, tales como el robo. A la hora citada, Luis Antonio Cerda, de 48 años, estaba regresando a su casa de la manzana A. Se encontró con su hija mayor y se quedaron conversando unos minutos en la vereda. La chica venía de bailar junto a sus amigas y le relató a su padre cómo la había pasado.
El sol estaba pegando en la vereda y decidieron entrar a descansar. La joven de 21 años logró ingresar a la vivienda y su padre se quedó unos segundos más afuera. Y en ese momento sobrevino la tragedia. Repentinamente frenó un Renault Clio negro y descendieron tres personas con armas de grueso calibre, quienes increparon al hombre. “Yo me estaba levantando para ir a la iglesia”, comenzó a explicarnos Suárez al recordar de qué manera inició el día más trágico de su vida. Y continuó: “Cuando escuché la frenada brusca abrí la puerta de mi casa y vi que se bajaron tres personas del auto. Descendieron como policías, bruscamente y con armas grandes”.
Cuando los delincuentes observaron a la mujer ingresaron a la propiedad. “Nunca me dijeron lo que buscaban. Preguntaban por mis hijos y me apuntaron a la cabeza, pero nunca me exigieron que hiciera algo ni nada por el estilo”, sostuvo Suárez. Cuando la esposa de Cerda le gritó a su hija que acababa de llegar que llamara a la policía, los malvivientes salieron de la casa y ella logró trabar la puerta de ingreso. “Yo sabía que mi marido estaba afuera, pero no me dejaban salir. Y de repente, escuché los disparos.
Fue muy triste”, añadió. La víctima tenía 8 impactos de bala: cinco en el tórax y tres en las piernas. Lo acribillaron y recién después de que se aseguraron de que Cerda estaba sin vida se subieron al auto y huyeron rápidamente, levantando un polvo que tapó la visibilidad de todos los vecinos debido a que las calles en el conglomerado son de tierra. Con los asesinos lejos, Suárez salió para auxiliar a su esposo, pero él ya estaba sin signos vitales acostado debajo de la casilla del gas de la casa en la que vivían desde hacía diez años. Minutos después, la cuadra se colmó de policías, que comenzaron con el procedimiento habitual en busca de huellas que permitan dar con los delincuentes.
Cerda era padre de cinco hijos (de 5, 9, 11, 12 y 21 años). Todos estaban despiertos y tuvieron que escuchar cómo un grupo de malvivientes ejecutaba a su progenitor sin poder hacer nada. LA FE. La mujer de la víctima es evangelista, igual que lo era su pareja. El amor a Dios es lo que en estos momentos la está ayudando a sobrevivir. A quienes le quitaron la vida a su esposo únicamente les quiere decir: “Se pueden escapar de la Justicia terrenal, pero de la de Dios no. Les pido que se arrepientan y busquen a Dios para que él los perdone.
Es muy triste matar a una persona como si fuera un perro”, concluyó. Por su parte, a los vecinos del barrio se los notaba consternados. Se percibía un denso clima en toda la manzana A y los rostros demostraban el gran afecto que le tenían a Cerda y a toda su familia. La causa quedó en manos del fiscal de Guaymallén, Julio Mila. Hasta ayer a la tarde, sólo tres personas habían declarado como testigos y pocos fueron los datos aportados para dar con los criminales. Sin embargo, los investigadores son optimistas y creen que la resolverán en los próximos días.
