El viernes por la noche hubo festejos en una casa del barrio La Gloria, de Godoy Cruz. Se juntó la familia Aguilera. Daniel, el Rengo, es el jefe de la barra brava de Godoy Cruz. Su hermano Diego, conocido como el Asesino, también lo acompaña en la popular cada vez que juega el club de sus amores. El encuentro de la parentela tenía un sólo objetivo, celebrar que el más chico de la familia, Walter, había sido absuelto horas antes en la Séptima Cámara del Crimen. Junto con él, un primo de 19, conocido como Chalita, también recuperó la libertad. Los acusaban de un intento de homicidio ocurrido en el 2011 en esa barriada, pero las pruebas para condenarlos no alcanzaron.

El debate, que terminó el viernes a la siesta, duró casi tres semanas y estuvo presidido por los jueces Belén Salido, Ezequiel Crivelli –subrogante– y Julio Chacón. Tuvo condimentos que generaron que se prolongara varios días. Por ejemplo, testigos declararon por videoconferencia porque tenían miedo y a otros costó ubicarlos para que comparecieran. El expediente, que instruyó el fiscal Horacio Cadile, tenía en uno de cinco cuerpos una declaración clave que permitió que la Justicia de Garantías y la Cámara de Apelaciones dictaran la prisión preventiva y elevaran la causa a debate oral y público. La víctima del hecho de sangre cometido el 10 de setiembre del  2011, Ricardo Sebastián Orellano (21), quien recibió un balazo la cabeza y estuvo cuatro días en coma, aseguró cuando despertó en el hospital que el autor del balazo había sido Walter Aguilera, también parte de la hinchada del Tomba. 

Con esta prueba, el fiscal Cadile mantuvo preso al joven de 26 años en la cárcel de Boulogne Sur Mer y hasta la Suprema Corte tuvo que intervenir en la causa para ordenar una prórroga de un año de la prisión  preventiva, porque se había vencido el plazo de dos años de
encierro sin juicio oral.

Pero, en el proceso en la Séptima Cámara del Crimen no se confirmó  lo que sostenía el fiscal de Instrucción.Tanto es así que ni la fiscal de Cámara Susana García ni el querellante particular Jorge Millán solicitaron que Aguilera y su primo Carlos Herrera Aguilera fueran condenados.

Se comprobó en el juicio que el disparo que recibió Orellano, que se produjo durante la guerra de bandas en ese popular barrio, salió de un arma de fuego a una distancia aproximada de 80 metros. El tribunal se trasladó hasta el lugar para confirmarlo.

La víctima cayó herida y estuvo cuatro días en coma. Además, el proyectil ingresó por la nuca y salió por un parietal, y testigos aseguraron que los que dispararon tenían el rostro cubierto con remeras. La versión del fiscal sostenía que Orellano vio a sus agresores y corrió cuando comenzaron a dispararle. En el juicio oral también señaló a Aguilera como autor del disparo. Sin embargo, la relación entre el lugar donde cayó herida la víctima y en el que se levantaron las vainas servidas hicieron dudosa esa hipótesis.

De esta forma, Walter Aguilera y su primo recuperaron la libertad a pocas horas de haber terminado el proceso. En la fiscalía de Godoy Cruz, que ni la fiscal García ni la querella solicitaran años de prisión para los sospechosos en sus alegatos cayó como un balde de agua fría. Sostuvieron que se trató de un caso que costó “sudor y horas de trabajo” y criticaron duramente su actuación en el debate.

Para la defensa, a cargo de Omar y Gemina Venier, nunca estuvo probada la autoría de sus clientes y sostuvieron que para ellos era un caso cerrado.

Así, el intento de matar a Orellano, un chico que no presentaba antecedentes, quedó impune. El 10 de setiembre del 2011, el joven salió de su casa de la manzana D mientras jugaba a la PlayStation para ir a comprar cervezas y fue atacado por un grupo de sujetos. Su recuperación fue considerada un milagro. Después de despertar del coma, dijo que Walter Aguilera le había disparado, pero su afirmación no se pudo confirmar en el juicio oral.

Sus versiones

Walter Aguilera declaró en el juicio y dijo que a la misma hora que se produjo el ataque contra Ricardo Orellano se encontraba en otro lugar. Su versión fue apoyada por su suegro y su pareja. El hasta el viernes imputado señaló que el 10 de setiembre del 2011 estaba en la cancha, viendo al Tomba en un partido contra All Boys y que se descompuso. Agregó que se fue a su casa y que su suegro lo fue a buscar para llevarlo hasta una fiambrería del barrio Batalla del Pilar, donde trabajan. Afirmaron que a las 18, cuando fue el hecho, estaban en ese local. Lo mismo con su primo sospechado, Carlos Herrera Aguilera, quien aseguró que trabajaba cobrando el estacionamiento en el Malvinas Argentinas cuando sucedió el ataque.