¿Podrá Mendoza, con el menú de opciones electorales que se van configurando, tanto en frentes y partidos como en los principales aspirantes que asoman, de esos frentes y partidos, encontrar hacia el próximo período de gobierno que se abrirá con el sucesor de Rodolfo Suarez, el camino que la conduzca a mejorar los pobrísimos índices económicos que hoy tiene?
Bueno, es la pregunta que, consciente o inconscientemente, se está haciendo cada mendocino de cara al proceso de elecciones que se le viene encima a la provincia. Es un interrogante que cruza a todos los sectores y clases sociales, con mayor o menor sofisticación al momento de realizarla, pensarla, imaginarla y hasta expresarla. La otra duda que surge inmediatamente, independientemente de la capacidad de quienes se están probando los trajes de candidatos que hoy están disponibles, es si en verdad aquel sea un tema que los atrape y ocupe; si les quita el sueño esa necesidad imperiosa que tienen los mendocinos y si, en todo caso, les genera adrenalina, de pura emoción nomás, de verse a sí mismo, en sueños siquiera, como el señalado de haber encontrado el rumbo a los primeros esbozos de soluciones.
Cuando menos, el sentido común conduce a pensar e imaginar que, para un político profesional, de vocación y con la mente puesta en alcanzar algunas de las metas más urgentes de resolver para Mendoza y con la oportunidad a mano, sería motivo de máxima emoción y entusiasmo. ¿Se trata de un pensamiento demasiado ingenuo, improcedente, en medio de tanta vulgaridad manifiesta que se ha apoderado de toda la discusión política?
Se sabe que no se crece desde más de diez años ni que tampoco se crea empleo de calidad en ese mismo lapso de tiempo. Se conoce que, si bien poco, la única planta de personal que ha aumentado en promedio ha sido la pública estatal, conformada por la administración provincial y los municipios. Es sabido que los salarios de esos empleados públicos son relativamente bajos, entre los más bajos (no los más bajos) de todo el país y que quienes se desempeñan en general en el ámbito público lo hacen a desgano, en gran medida, y sin incentivos que los animen a ser los mejores en sus puestos. Todo eso se sabe.
¿Pero, qué pasa en la actividad privada, que es por donde se debiese buscar y explorar las primeras soluciones a la crisis integral? Una de las explicaciones comunes que viene dando el Gobierno cuando se le señalan los problemones que tiene Mendoza para crecer y diferenciarse de la chatura general, ha sido y es, los males de la macroeconomía. Está claro que es así, pero en parte. Es cierto que la provincia nada puede hacer frente a un proceso inflacionario sin control, frente a la ausencia de garantías de un Estado nacional que no otorga confianza ni mucho menos reglas claras de respetar una mínima inversión, frente a un manejo desquiciado de la política monetaria y una tendencia a la intervención y regulación permanente de cualquier ciclo económico y con mucho más ahínco y obsesión cuando se trata de sectores o actividades beneficiosas. Toda una tendencia dominada por el delirio, lo que hace todo en Argentina incomprensible para cualquier observador.
Y si bien todo esto es cierto, la visión de los actores difiere. Si para el Gobierno el mal está concentrado en la macroeconomía nacional, hay estudios que indican que mucho se puede hacer desde las provincias para salir de esa fuerza de gravitación que conduce siempre a los peores estados de situación.
Jorge Day, del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), ha avanzado con algunas propuestas que no estaría nada mal que fuesen tomadas por el gobierno de Suarez, pero más que nada por los aspirantes a sucederlo, tanto del oficialismo como de la oposición. Porque bien cada precandidato podría preguntarse: ¿para qué acceder al poder si no es para transformar y modificar lo que hay? Y, en ese sentido, más que uno podría preguntarse, frente a quienes se prueban el traje, si acaso ¿no les daría un poco de vergüenza llegar para administrar miseria, la nada misma o sólo para pagar sueldos como gerente de una compañía con más de cien mil empleados para servir a casi 2 millones de personas?
“Un gobierno provincial puede influir en la estructura económica, especialmente potenciando el aprovechamiento de sus recursos. Una manera de hacerlo es eliminando trabas y restricciones. También puede intentar mejorar el entorno provincial, prestando mejores bienes públicos de educación, salud y seguridad, junto con la reducción de costos monetarios y de tiempo en distintos trámites e impuestos”, ha dicho Day en su informe para el organismo técnico de la Fundación Mediterránea.
Uno de los asuntos a resolver será el de los bajos salarios que se pagan en Mendoza, ya no sólo en el sector público, sino más que nada en la actividad privada. Y si hay un sector que marca el ritmo de la salud económica y de las pautas de crecimiento y de generación de riqueza, por lejos, es el privado. Al mirarlo y observarlo en detalle, surge con claridad meridiana dónde está Mendoza hoy. Una de las pautas es lo que se paga en promedio como salario en la actividad privada.
Mendoza está por debajo del promedio nacional, de acuerdo con un cuadro distribuido por el Ieral, con datos del propio Ministerio de Trabajo. Mientras en el país, en promedio, el salario privado más alto es de 1.215 dólares, el equivalente a 233.280 pesos al dólar oficial, en Mendoza es de 933 dólares o su equivalente a 179.136 pesos. Esos casi 180.000 pesos es lo que gana un trabajador privado, en promedio, tomando los sueldos más altos, de los sectores mejores remunerados.
Ahora bien, quienes están mejor, en lo más alto de la pirámide, son aquellos que tienen empleos vinculados con la minería, el petróleo y la energía y se hallan en la Patagonia. El mismo informe lo demuestra: en Santa Cruz, en Neuquén y en Chubut, quienes más ganan obtienen por mes, en promedio 1.898 dólares o su equivalente de 364.416 pesos. Y los más bajos de la lista no están, para lamento mendocino, tan lejos de lo que se llega a pagar en esta provincia. Hay que buscarlo en Santiago del Estero y Misiones. Allí, quien más gana tiene por mes 733 dólares, lo que en pesos significa 140.736. Está más que claro todo lo que hay que hacer en Mendoza, además de las distracciones, de los discursos políticos vacíos y de toda esa pirotecnia verbal entre rivales y supuestos rivales.
