En un grupo de WhatsApp, un par de amigos discuten y analizan los pasos que está siguiendo el gobierno de Alberto Fernández desde la derrota que sufrió en las PASO del 12 de setiembre. La charla, entre humoradas, gastadas, chicanas y planteos en serio va y viene. Mientras, la tele de la siesta, con los canales de noticias, muestra los videos y las imágenes ya viralizadas que se están multiplicando escandalosamente desde el conurbano bonaerense con la asistencia clientelar que los barones del conurbano echaron a andar mecánica y aceitadamente al segundo siguiente en que el Gobierno nacional ordenó poner en marcha el plan ganador que siempre le ha dado buenos resultados cuando las papas queman. Y a eso apuestan ahora, aunque no son muchos los que aseguran que la bala de plata no fallará. Otros intuyen que los tiempos han cambiado.

En uno de los tantos videos grabados con celular que inundan las redes y los medios electrónicos convencionales y profesionales, se ve a una joven y entusiasta mujer dando un encendido discurso acompañada de una melodía que invita a la entrega con pasión de todo lo que uno tiene por y para el proyecto que se necesita salvar a toda costa. Si se pierde en las elecciones venideras, se pierde poder para ayudar a los más humildes y necesitados. Ese es el mensaje. Se trata de la subsecretaria de Desarrollo Comunitaria, Silvia Figueiras, del municipio de General Rodríguez del Gran Buenos Aires. Les habla a mujeres particularmente, que han acudido al mitin con sus hijos y muchos ancianos a quienes la funcionaria parece conocer cuando se acerca a ellos y les habla por su nombre. En el acto se entregan cocinas, garrafas, heladeras, estufas y tarjetas de débito. A fines del 2019, cuando asumió el intendente de Rodríguez, Mauro García, del Frente de Todos, se encontró, según describió en comunicados y conferencias de prensa, con una Comuna acabada financiera y económicamente. Endeudada, con la luz cortada en las oficinas por falta de pago y con los servicios sin prestar, García anunció un plan de restricciones absolutas que incluía trabajar ad honorem por un tiempo junto a unos 100 de sus funcionarios. Lo que ahorró, según parece, le permitió ordenar las cuentas y darle aire a ese plan de entrega de electrodomésticos. En el Municipio dirían que en verdad fueron 65 kits para instituciones comunitarias que General Rodríguez recibió de parte del Programa Abrazar Argentina, que depende del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

Otro video, subido a las redes por un usuario que acompaña las imágenes con algunos improperios, y que fue grabado según parece, el martes pasado, muestra cientos de bicicletas espléndidas, de color verde manzana, prolijamente estacionadas y preparadas para ser entregadas a vecinos de Avellaneda con domicilio demostrado y corroborado en ese territorio. Funcionarios del distrito, junto a autoridades de la Nación y los candidatos locales y provinciales del Frente de Todos presiden el acto. Están desplegando el programa Tu Primera Bici, y los destinatarios, alrededor de 1.900 chicos de las escuelas primarias del municipio. Un parte oficial reza y admite: “Además de la entrega de rodados que lleva a cabo el Observatorio Social de Políticas Públicas de Avellaneda, hubo stands de las distintas áreas municipales, trámites y servicios para asesorar a los vecinos”.

El grupo de chat de amigos compuesto por ideologías variopintas como republicanos, radicales, peronistas, liberales, kirchneristas y hasta un esotérico, discute sobre esas imágenes y esos actos oficiales, llevados adelante sin tapujos, sin miramientos y mucho menos pruritos. Hasta que uno de sus miembros, muy preocupado por el posible colapso electoral del oficialismo nacional escribe: “El Gobierno entendió el mensaje y está tomando medidas para volver a conquistar el electorado ¿está mal…? Pueden discrepar con el método elegido, pero es totalmente legítimo hacer lo que está dentro de su competencia y cambiar prioridades en la ejecución del gasto y en la inversión social para volver a ganar. Está bien claro que el peronismo rubio que les gusta a ustedes no es el peronismo explícito que prefieren millones de argentinos”, dice cerrando de alguna manera la discusión. Tal descripción es una síntesis de por dónde discurre la grieta hoy en la Argentina. O, mejor dicho: la descripción de uno de los bordes.

El sistema clientelar tiene tantos años como la Argentina misma. El kirchnerismo parece haberlo profesionalizado y transformado en una herramienta que cree que es eficiente. El macrismo, cuando gobernó, negoció con las organizaciones piqueteras que, a cambio de cierta paz en algunos de los pasajes de aquella gestión, recibieran los recursos para distribuirlos entre sus afiliados, seguidores y adeptos. A Macri, los propios lo critican por no haber remplazado a los jefes de estas organizaciones por otros del Pro que le respondieran, porque cuando se acabó la plata y la distribución, o estas no alcanzaron y cambiaron los vientos, el apoyo de los mismos viró en oposición cerrada y cruel.

El gobierno de Fernández está a punto de ordenar, tras la derrota electoral, una profundización y multiplicación severa del gasto con destino social de la misma manera que ya lo hacen los municipios que están gobernados con su color político en el conurbano bonaerense. También en el resto del país, en aquellas que gobierna particularmente. Damián Glanz, en sus crónicas habituales desde la Rosada, ya lo viene advirtiendo: se vienen anuncios casi diarios vinculados con extensiones y ampliaciones de programas, de bonos para jubilados, de aumentos de las AUH, quizás modificaciones al mínimo imponible de Ganancias y otras medidas por el estilo.

En la historia reciente de la democracia nacional hay ejemplos de sobra del éxito que tuvieron, en su momento, algunas de las políticas clientelares a las que apela un sector de la política, más emparentado y representante fiel de los caudillismos y líderes paternalistas que con lo que hoy demandan los pueblos modernos y una ciudadanía sofisticada, republicana, por sobre todo, y caracterizada por el libre pensamiento y el control de sus propios actos.

El ejemplo más cercano quizás sea el que llevaron adelante los hermanos Rodríguez Saá, Alberto y Adolfo, en San Luis, en las legislativas del 2017. En las PASO, Claudio Poggi, un ex aliado de los hermanos y ex gobernador de la provincia en la que reinan los Rodríguez Saá sin interrupción desde 1983 a esta parte, lograba imponerse por casi 20 puntos sobre el Adolfo en la batalla por la banca del Senado nacional. Impactados, los hermanos se propusieron dar vuelta un resultado que aparecía como un imposible, aunque no para el Estado clientelar de los puntanos. En la elección definitiva, no sólo recuperarían los 20 puntos que les había sacado Poggi, sino que con los 55 puntos que obtuvo, dejó atrás a su contrincante con una diferencia de 12 puntos.

Los Rodríguez Saá salieron a recorrer los lugares en donde les había ido mal. En las plazas montaron puestos de atención en donde recibían los pedidos de los vecinos. Ofrecían créditos, electrodomésticos, planes sociales de todo tipo, becas. El paraíso del clientelismo. En los días previos a las PASO, la por entonces mujer del Adolfo, Gisela Vartalitis, mendocina ella, había creado e inscripto la fundación Mujeres Puntanas, desde donde se organizaron sorteos de bienes durables entre los adherentes y se otorgaba asistencia a quien lo solicitase.

El dinero y los recursos con que contaba la fundación de “la mujer del Adolfo” para financiar tanto aporte no reintegrable provenía, claro está, de un depósito de 80 millones de pesos que le había girado la Gobernación, de la tesorería provincial, porque, como dice la máxima del oficialismo: “Donde hay una necesidad, hay un derecho”.