La impaciencia, la especulación y los intereses propios comienzan a marcar los tiempos de la política, ya vestida en modo electoral. Así como todas las miradas están puestas en el cómo y en el cuándo Alfredo Cornejo definirá el cronograma electoral de la provincia, el que a su vez está atado a la suerte del acuerdo entre Cambia Mendoza y La Libertad Avanza de Javier Milei, la UCR y el peronismo ya enfilan cada una por su lado hacia el congreso partidario que ambas fuerzas celebrarán el sábado 31 de mayo y que les marcará el camino a tomar.
En la reunión, los radicales seguramente convendrán en extenderle al Comité Provincia una autorización para explorar y cerrar, llegado el caso, el acuerdo electoral con el partido de Milei: una suerte de formalismo a las gestiones que Cornejo en persona parece estar llevando adelante hace tiempo con los Milei, en particular con Karina, la hermana del presidente con ese objetivo. Pero además el congreso quedaría habilitado para definir los candidatos a diputados para la elección nacional.
Los peronistas, más complicados y con otras urgencias, intentarán mantener la unidad entre el sector no K compuesto por los intendentes y el de la K y La Cámpora liderado por la cristinista Anabel Fernández Sagasti. Al encuentro en San Rafael las partes llegarían con sus propias exigencias: los K, minoritarios, con la misión de convencer a los intendentes que no desdoblen en sus departamentos para enfrentar con la mayor fuerza posible al oficialismo provincial de Cornejo. Los intendentes, que lideran al movimiento con Emir Félix como figura central, jugarán la carta con vías a evitar la fractura llegando a la cita hasta con el posible dibujo de una lista de posibles candidatos para saltear la interna abierta a la que se tendrá que apelar en caso de que no se llegue al acuerdo deseado.
Como fuese, todos los dirigentes peronistas saben que cualquier nombre vinculado con el kirchnerismo figurando en las listas, la nacional y provincial, jugará en su contra frente a una posibilidad de reconfiguración y vuelta a las raíces que se le abre al movimiento para ofrecer algo distinto al cornejismo dominante en la provincia y al anarcocapitalismo de Milei que las encuestas comienzan a dar como predominante en la elección del gusto electoral de los mendocinos.
Los k, o camporistas, deberían aceptar este complejo convite que llegaría de parte de los intendentes para que sus nombres no aparezcan en los puestos visibles de las listas y con eso presentar un peronismo presumiendo unidad con los k adentro, pero sin que se note. Ante eso, sorprendería que los k acepten la fórmula que se les propondría. Con lo que mantendrían latente y viva la posibilidad de pegar el portazo, abrirse y presentarse por afuera del sello oficial que elija el peronismo, y con ello hundir las chances ya menguadas que tienen frente a las nuevas exigencias que ha impuesto la sociedad en la era del libertario Milei en el poder.
Hay que decir, con claridad, que todo el mejunje que envuelve a los partidos y frentes de cara a las elecciones supone idear la mejor fórmula de candidatos, propuestas e ideas en un escenario que encierra enigmas a resolver y obligación de decodificar por parte de las mismas fuerzas. Hasta el proceso de elecciones generales del 2023, del que emergió Milei sintetizando el humor social, todos los anteriores se habían desenvuelto bajo patrones más o menos previsibles donde la oferta triunfante lograba el objetivo por diferencias cosméticas si se quiere.
Es cierto que la grieta ideológica había marcado una línea divisoria entre el kirchnerismo populista y hegemónico con la oferta republicana que le hizo frente por años logrando incluso arrebatarle el poder por un período de gobierno entre el 2016 y 2019. Tal fractura se trató de un enfrentamiento que dividió a los argentinos hasta las fibras más íntimas, fragmentándolo por cuestiones culturales, sociales, políticas y por supuesto económicas.
Pero si hubo algo que apareció en ambas partes para comprenderlos, aún en sus diferencias, resultó ser la frustración total junto a la impotencia. Un clima de degradación tal que condujo a una nueva mayoría de argentinos a decidir el golpe de timón que significó la irrupción de Milei.
El reciente triunfo en CABA, más el conseguido en la capital salteña y las perspectivas positivas que le describen las encuestas a mediano plazo, han motivado al presidente Milei a vaticinar una ola de color violeta tiñendo las elecciones provinciales y nacionales que se tienen que concretar en octubre. Si hay grieta, ésta pareciera estar representada por otros fenómenos, quizás por el rol del Estado, la magnitud del ajuste, el nivel de las oportunidades y condiciones que debería garantizar el Estado para el desarrollo de las personas y los particulares en general, en manos de quién recaería la infraestructura básica para la expansión económica, en fin, esa grieta hasta podría sintetizarse, gracias a Milei, entre Estado sí y Estado no.
El mensaje y discurso para una elección tan particular, por todo lo que la rodea y por las condiciones impuestas aparentemente también por los ciudadanos, es el que comienza a aparecer como protagonista. Qué decir, cómo decirlo y cuándo. Hoy, distritos como Mendoza ponen en juego el darle un nuevo espaldarazo o el visto bueno a lo que tienen y que conocen al frente del Estado, con sus tiempos, aciertos, errores, olvidos e intromisiones en todos los ámbitos contra lo nuevo que representa Milei: el ejercicio de la libertad total casi sin restricciones, inédito, cargado de incertidumbre, igualmente esperanzador, contradictorio y temerario.
En Mendoza han aparecido sondeos, algunos explícitos y otros reservados, que dan cuenta de la influencia y dominio del escenario nacional por sobre el provincial. La propuesta de Milei se impone, aunque sin abanderados ni apuntados que la representen, sólo con el rostro del presidente. Un escenario que Cornejo ha visto desde tiempo atrás (él dice desde el mismo momento en que Milei ganó las elecciones y anunció las primeras medidas de gobierno) y que lo llevan a buscar el acuerdo con La Libertad Avanza.
El punto a definir, como se ha dicho antes, es el de las características del pacto o alianza. El modelo, en principio, se inclina al que consiguió el radical Leandro Zdero en el Chaco, el que tejió junto a Karina Milei y Martín Menem. Un entrelazamiento de candidatos de los dos sectores tanto en las listas provinciales de las elecciones que ya se cumplieron (triunfo amplio del frente oficialista) con las nacionales de octubre. Se cree que, Entre Ríos, de Rogelio Frigerio (PRO), podría seguir el mismo camino. La resolución del enigma está cerca, aunque antes tiene que definirse el nivel del acuerdo en la provincia de Buenos Aires entre LLA y el PRO para enfrentar al kirchnerismo y el resultado de la elección de medio término de Misiones prevista para dentro de quince días. Una Misiones, la tierra dominada por el ex gobernador Carlos Rovira, que este fin de semana recibió la visita de Karina Milei en apoyo de una lista propia del partido del presidente, y que presenta candidatos de tinte y corte libertario en casi todas las listas competidoras entre sí y donde el peronismo, referenciado en Cristina Fernández de Kirchner, no figura, no se presenta, algo así como cerrado por derribo, al decir de Sabina. Otro signo de los nuevos tiempos.
