Cuando en la radio leíamos, comentábamos y analizábamos las opiniones del senador provincial K, Félix González, acostumbradamente críticas y duras contra el gobierno de Alfredo Cornejo, inmediatamente me llegó un mensaje de mi amigo, anti cornejista él y decididamente K como el senador: “Tiene razón el Félix”, fue la leyenda, seca y contundente, que me sorprendió en el chat.
González –un veterano de las lides políticas que supo ser parte de casi todo el espinel que cualquier dirigente que se precie, de peso y respetado, debe cumplir acabadamente en la carrera política, en este caso en el peronismo–, había descerrajado, con bronca ardorosa visiblemente expuesta en X (antes Twitter), que “en Mendoza son pocas las oportunidades de ser oposición real y seria a gobierno”, para caerle de inmediato a los propios a quienes inquirió con un “no podemos llenarnos la boca hablando contra Cornejo y luego guiñarle el ojo”.
Pero lo más ruidoso del largo hilo del senador vendría más adelante, casi al final cuando concluyó con que “no hay que votarle nada a un tipo cuya soberbia lo hace creer que es un estratega cuando en realidad es un mero administrador que maquilla, pero no resuelve temas de fondo, ni lidera a Mendoza llevándola hacia una nueva agenda que mejore la calidad de vida de la gente usando nuevas tecnologías con una visión inclusiva”.
Es 𝘂𝗻 𝗺𝗲𝗿𝗼 𝗮𝗱𝗺𝗶𝗻𝗶𝘀𝘁𝗿𝗮𝗱𝗼𝗿 que maquilla pero no resuelve temas de fondo ni lidera a Mendoza llevándola hacia una nueva agenda que mejore la calidad de vida de la gente usando nuevas tecnologías con una visión inclusiva.
— Félix González (@FGonzalezMza) December 8, 2024
Uno de los serios, y a esta altura también graves, problemas que padece la provincia es el de estar impedida de poder alumbrar y contar con una oposición seria, competitiva, inteligente, con ideas claras, innovadoras y de sentido común, y responsablemente crítica –como le debiese corresponder para completar un combo de factores que la harían elegible–, para enfrentar al actual oficialismo que llegó al poder casi diez años atrás, tras un proceso largo y extendido en el territorio liderado por quien hoy es el gobernador, en ese lugar por segunda vez, algo que no había sucedido con ninguno de sus antecesores a lo largo de la historia.
El carecer de una oposición tallada al gusto del paladar del ciudadano medio provincial y cuando ese fenómeno se extiende en el tiempo, todo o casi todo de lo propuesto y hecho por quien gobierna se convierte en dudoso y sospechoso por parte de quien está en la vereda de enfrente, pataleando embroncado contra Cornejo, el padre de la criatura que no sólo vino a terminar con aquella siempre latente posibilidad que tenía de alcanzar el poder, sino que terminó sumergiéndolo en una ciénaga de la que le resultará muy difícil alejarse.
Ese pataleo embroncado es el que padece aquel amigo que me escribió durante el programa de la radio. Y la impotencia lo conduce, cegado, a darle la razón por que sí nomás al senador Félix cuando escuchó sus dichos. Aunque tal cosa no sería tan preocupante si ese amigo pudiese contar no sólo con un referente político que lo identificara en la conversación política diciendo cosas con las que está de acuerdo –como en la dura y descarnada crítica a Cornejo–, sino que además y por consiguiente le alimentara la esperanza de llegar a ver representadas sus ideas en el poder. Y es allí donde se manifiesta la carencia en toda su magnitud, cuando Félix, en llamas y envuelto en un estado de pasión casi irracional, lanza como propuesta superadora no votarle nada al “tipo”.
¿Es esa la oposición que necesita Mendoza? Seguramente que no. Pero quizás sí sea la oposición que le ha hecho las cosas fáciles a Cornejo y a todo lo que él representa, junto a su coalición, en los departamentos en donde gobierna Cambia Mendoza.
No parece ser bueno el panorama hacia delante en cuanto a ese reclamo de un debate sobre temas comunes, estructurales, enriquecido con posturas y visiones distintas, superadoras y enriquecedoras. Lo que viene para el próximo turno electoral no ha mostrado cambios, aunque todavía es temprano como para hacer juicios y valoraciones sobre esa necesaria discusión política. Pero no se ve tampoco a la oposición hablar sobre Mendoza. No lo hace el peronismo, el que a su vez tendría que obligarse a tomar distancia de Cristina Fernández de Kirchner porque la mención de su sólo nombre genera urticaria en el electorado (no en el que se ubica mi amigo, claramente, aquel del mensaje sobre Félix). Y cómo divorciarse de ella si la ex vicepresidenta es la conductora nacional del movimiento. Un doble problema.
Otra oposición posible para enfrentar al oficialismo sin dudas será el anarcocapitalismo y liberalismo que se haría presente en nombre de Milei. Su problema, en apariencia, se concentraría en el relato, el discurso y el mensaje para pedir el voto en Mendoza para los asuntos mendocinos. Cornejo se adelanta a eso y los provoca tras haber recibido a tres funcionarios del Ejecutivo nacional como Luis Lucero (Minería), Pablo Quirno (Hacienda) y Juan Pazo (flamante jefe de ARCA) quienes repartieron elogios a lo que se hace en la provincia: “Los que se visten de mileístas también tienen la idea de que cuando ganaron las elecciones en Mendoza fue por ellos, y la verdad es que la ganaron por Milei. Entonces, muestran diferencias con el gobierno provincial, pero son inconsistentes con lo que piensa la Nación del gobierno de Mendoza”, dijo a Los Andes el domingo.
Félix, el senador que ha lanzado la propuesta de no votarle más nada a Cornejo, dice lo que dice –según se ha explayado–, porque en la Legislatura “duermen cientos de proyectos para mejorar la gestión que obviamente no son siquiera considerados por el oficialismo”. La degradación paulatina del peronismo, conquistado en casi su totalidad por el kirchnerismo y sus métodos, permitió lo que el propio Félix llama soberbia oficialista o de Cornejo, lo que bien ha perjudicado a todos, claramente. Ahora también está claro que de no modificar la estrategia que ha venido ejecutando para tratar de volver a encantar al electorado y para ganarse otra vez la confianza de la mayoría de los mendocinos, puede que siga fracasando una y otra vez para mal de todos.
Ir a las bases y consultar allí, esa frase hecha de los sindicatos estatales que adhieren al kirchnerismo y que suelen usar en los debates paritarios, es precisamente lo que el peronismo tiene que hacer hoy. Y hurgar allí, en el nivel de los mendocinos comunes, sobre cuáles son los problemas y proponer ideas, desde la más pequeña y simple a la más sofisticada y estructural, armar una propuesta general, un plan y ponerlo a discusión de todos.
